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Los Problemas de la Humanidad – Los Niños – Párrafos Silenciados (3)

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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Los Problemas de la Humanidad - Los Niños - Párrafos Silenciados (3)

Reflexión sobre los Libros Azules

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Reseña:


Marzo 1945

… frente a la reconstrucción mundial exigida y a la tarea pocos menos que imposible de salvar a los niños y a la juventud del mundo, ¿hay quienes hoy se dedican a recolectar fondos para reconstruir iglesias y restaurar viejos edificios, de este modo pidiendo dinero que se necesita muchísimo para restaurar cuerpos destrozados, para curar heridas sicológicas y para producir la calidez de amor y comprensión entre aquellos que creen que tales cualidades no existen? Con seguridad se encontrará a Dios mucho más fácilmente en un hogar reconstruido y en una familia reunida que en cualquier catedral de piedra —no importa lo interesante que sea históricamente— y Sus servidores pueden hacer su trabajo de iluminación espiritual en un descampado mejor que en una suntuosa “casa de Dios” (así llamada), engalanada con estatuas, piedras preciosas y ricas vestiduras. Que tengan cuidado aquellos que tratan de restablecer las viejas formas de vida y los escenarios gastados, y que al hacerlo olvidan la extrema y única necesidad de los niños de hoy.

Observemos ahora esa necesidad y encaremos el problema de su salvación. Hablando en términos generales, los niños de hoy se dividen en los siguientes grupos:

  1. Aquellos que debido a los procesos de la guerra nunca han conocido un hogar, y que han visto a sus padres asesinados y sus hogares destruidos, que quizás ni siquiera conocen sus propios nombres ni su nacionalidad y que han sobrevivido —como pequeños animales— porque el instinto de supervivencia es muy fuerte. Estos eran bebés al iniciarse la guerra, o han nacido desde entonces. Cómo se las arreglaron para sobrevivir, es un gran misterio.
  2. Niños ligeramente mayores que sí tienen recuerdo de un hogar y de los padres pero que han visto lo que un niño jamás debería ver, que han pasado por crueles bombardeos, que han presenciado los horrores de la guerra, del derramamiento de sangre, de la brutalidad o las torturas y el odio pero que han sobrevivido —algunas veces junto con sus familias o amigos o a veces solos y gracias a su propio ingenio. Ninguno de estos dos grupos sabe lo que es estar bien alimentado; ambos son las víctimas de la desnutrición y todos (normalmente y como consecuencia de su experiencia) son casos sicológicos y presentan un problema difícil.
  3. Aquellos peculiares y salvajes niños de Europa y de China a quienes se dio el nombre de “niños lobos”. No han conocido autoridad parental alguna; son mayores que los dos grupos de niños pequeños anteriores; corren en manadas como los lobos, ocupados con el único problema de la supervivencia y del alimento; carecen naturalmente de todo sentido moral, no tienen valores civilizados y no conocen restricciones sexuales. Rara vez conocieron la bondad y fueron brutalizados por las circunstancias y el comportamiento de aquellos de quienes se ocultaban constantemente, principalmente de los alemanes; no conocen otras leyes salvo la ley de supervivencia.
  4. Luego hay un grupo de niños y niñas más grandes que fueron reunidos por sus mayores y conformaron unidades de combate; se les enseñó cómo manejar un fusil, cómo perseguir al enemigo y matar en nombre de su nación. Han sido entrenados para aceptar una medida de disciplina, son buenos soldados y tienen experiencia en las formas de la guerra. Pero no están educados, y durante sus años de vida más intensamente formativos fueron sumergidos en la oleada de la guerra con todo lo que eso implica; han desempeñado su valiente parte pero ¿cómo han de ser inducidos a ajustarse a los procesos comunes de la vida civilizada, a ir a la escuela y a vivir tranquilamente? Este también es un problema que los educadores tendrán que enfrentar.
  5. Los niños de Alemania y de Japón también deben ser salvados. Son las víctimas inocentes de esa banda de gángsteres internacionales que trajeron la catástrofe de la guerra a la tierra. Desde la primera infancia (particularmente en Alemania) se les ha enseñado erróneamente; se les ha impartido falsos valores; han sido entrenados en la crueldad, la arrogancia y el orgullo; se les ha dicho que el individuo no tiene valor alguno excepto cuando sirve al Estado; no se han mantenido los valores espirituales ante sus ojos; ha sido profundamente inculcada la belleza de la guerra, de la matanza y del sacrificio; no tienen respeto alguno por las mujeres excepto como ganado para tener hijos para el bien de la patria. No conocen compasión alguna ni bondad humana, porque han sido criados en las mentiras y la verdad no está en ellos. Es importante recordar que esto no es culpa de ellos y que simplemente son las víctimas explotadas. Su medio ambiente y entrenamiento ha hecho de ellos lo que son, y cuanto más tiempo hayan vivido bajo el régimen nazi más imposible será salvarlos. Probablemente haya poca esperanza de salvar a los hombres y mujeres jóvenes de Alemania, excepto mediante una convulsión espiritual directa; sin embargo, los menores de diecisiete años probablemente puedan ser salvados mediante correcta educación, un entorno de amor y el descubrimiento de que otros valores —diferentes de los alemanes— gobiernan a la mayoría de los hombres. Esto llevará tiempo pero no es imposible.
  6. Luego también están esos niños que han estado mejor protegidos incluso en medio de las condiciones de guerra; sin embargo muchos de ellos no han conocido nada más que la guerra pues nacieron durante los últimos años. Para ellos, el bombardeo es una experiencia normal y la muerte un acontecimiento familiar. A pesar de esto, sin embargo, han estado bien cuidados. Me refiero a los niños de Gran Bretaña, de Francia y a aquellos que viven en ciertas zonas de esos países que han escapado a los más drásticos horrores de la guerra. Sufrieron, pero su necesidad es ligeramente diferente porque la atmósfera sicológica que los ha rodeado ha sido diferente y ellos saben que el amor y la seguridad son posibilidades. Necesitarán un tratamiento cuidadoso pero será un tratamiento diferente, y sus necesidades no son tan peligrosamente urgentes.
  7. También están los niños que han vivido en perfecta seguridad en países tales como Canadá, los Estados Unidos y otros países que territorialmente no han estado dentro de la zona de guerra. ¿Cuáles son sus necesidades educativas? ¿No presentan también un problema muy definido si es que han de ocupar su lugar como partes iguales e integrantes del nuevo mundo? Ellos no han sufrido; ellos no se han visto cara a cara con la muerte; ellos no han tenido que luchar por las necesidades básicas de la existencia. Desde la perspectiva más amplia, ¿esto es bueno para ellos, o malo? ¿Han perdido una oportunidad? ¿Puede enseñárseles que se adapten al mundo que inevitablemente construirán los niños que hemos estado considerando? Estos niños bien alimentados, protegidos y autosuficientes aunque dependientes, ¿encajarán correctamente en el mundo que será? ¿Son ellos los que deberán construirlo y determinar su orientación? Por cierto que no. Carecen de algún verdadero sentido de proporción; no tienen comprensión alguna de los valores relativos que condicionarán este mundo; han sido criados bajo el viejo orden egoísta en demasiada comodidad y con demasiadas cosas; tampoco han pasado por los fuegos del sufrimiento y del dolor; no han tenido que valerse por sí mismos. Algunos quizás piensen que esto es bueno; otros pueden diferir crucialmente de ellos. Los educadores en estos países seguros enfrentan una muy importante oportunidad y prueba. Tendrán que cambiar sus métodos, sus programas y sus objetivos educativos, si han de preparar a esos niños para las condiciones venideras.

Extraído de “Los Problemas de la Humanidad”, edición original completa, 1947


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