0%

Los Problemas de la Humanidad – Los Niños – Párrafos Silenciados – El Problema Actual de la Juventud

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


Lista de tracks:


Los Problemas de la Humanidad - Los Niños - Párrafos Silenciados - El Problema Actual de la Juventud

Reflexión sobre los Libros Azules

Sumar a la lista de reproducción

Reseña:


Marzo 1945

El Problema Actual de la Juventud

El mundo, como lo conoce la gente de más de cuarenta años, se ha desmoronado y está desapareciendo rápidamente. Los viejos valores se están desvaneciendo y lo que llamamos “civilización” (que hemos considerado tan maravillosa) prácticamente ha desaparecido. Algunos agradecemos que así sea, yo entre ellos; otros lo consideran un desastre; a todos nos aflige que los medios de tal disolución hayan traído tanta agonía y sufrimiento a la humanidad en todas partes. La cultura (cualquiera sea el significado que los hombres den a esa palabra) permanece aún en manos de unos pocos privilegiados, pero el producto de esa cultura —la herencia de las edades— está en proceso de transitar de un lugar a otro, de un país a otro, y está siendo, o ha sido, destruida. Nuestra civilización y cultura modernas han sido fundadas sobre los diferentes sistemas educativos de los países que hoy constituyen nuestro mundo moderno. Podría ser de valor si consideráramos por un momento lo que queremos significar cuando utilizamos esas palabras. También es de valor saber si vale la pena salvar nuestra civilización o si sería mejor que construyéramos una nueva y mejor sobre sus ruinas, utilizando algunos de los viejos materiales.

Podríamos definir la civilización como la reacción de la humanidad al propósito y a las actividades de un período mundial particular y su modo de pensar. En cada época, alguna idea funciona y se expresa en idealismos raciales y nacionales. Su tendencia básica a través de las edades ha producido nuestro mundo moderno y este ha sido estrictamente materialista. El objetivo ha sido la comodidad física; la ciencia y las artes se han vendido a la tarea de dar al hombre un ambiente confortable y en lo posible bello; todos los productos de la naturaleza han sido subordinados a dar a la humanidad cosas —casas, posesiones, trasporte, radios, teléfonos, automóviles, comida de toda clase, chucherías y joyas. El objetivo de la educación, hablando en general, ha sido equipar al niño para competir con sus conciudadanos en “ganarse la vida”, en acumular posesiones y en ser tan cómodo y exitoso como sea posible.

Nuestra presente civilización pasará a la historia como burdamente materialista. Hubo muchas épocas materiales en la historia pero ninguna tan ampliamente difundida como la presente o que haya involucrado tales incalculables millones de personas. Se nos dice constantemente que la causa de esta guerra es económica; seguramente es así pero la razón es que hemos exigido demasiada comodidad y “cosas” para vivir “razonablemente bien”. Requerimos mucho más de lo que necesitaron nuestros antepasados; preferimos una vida confortable y relativamente fácil; el espíritu precursor (que es el antecedente de todas las naciones) se ha desvanecido, en la mayoría de los casos, en una civilización blanda. Esto es particularmente verdad en el hemisferio occidental.

Hemos necesitado la guerra para curtirnos y fortalecernos de nuevo, y así darnos un mejor sentido de los valores.

Hoy en gran parte del mundo el, así llamado, confort civilizado ha desaparecido completamente. Las naciones agresoras han acaparado para sí las “cosas” que significaron civilización y las acumularon en sus propias tierras, principalmente en Alemania. Allí, ahora también son destruidas. Nuestro nivel de vida civilizada es demasiado alto desde el punto de vista de la posesión y demasiado bajo desde el ángulo de los valores espirituales o cuando se los somete a un inteligente sentido de proporción. Nuestra civilización moderna no hará frente a la prueba de fuego del valor. Hoy se considera que una nación es civilizada cuando valora mucho el desarrollo mental, cuando premia el análisis y la crítica y cuando todos sus recursos se dirigen a la satisfacción del deseo, a la producción de cosas materiales y a la implementación de propósitos materiales así como también a dominar competitivamente en el mundo, a amasar fortunas, adquirir propiedades, lograr un alto nivel de vida material y a monopolizar el producto de la tierra —mayormente para el beneficio de ciertos grupos de hombres ricos y ambiciosos.

Me doy cuenta de que esta es una drástica generalización pero es básicamente correcta en sus implicaciones principales, aunque incorrecta en lo que concierne a los individuos. Por esta triste y grave situación (creada enteramente por la humanidad misma) estamos pagando la consecuencia de la guerra. Ni las iglesias ni nuestros sistemas educativos han sido lo suficientemente sólidos en su presentación de la verdad como para contrarrestar esta tendencia materialista. La tragedia es que los niños del mundo —más que nadie— han pagado y están pagando el precio de nuestro delito. Quizás exagere; quizás no. El consenso de opinión es que esta guerra tiene sus raíces en la codicia, que la ambición material ha motivado a todas las naciones sin excepción; que toda nuestra planificación ha estado dirigida a la organización de la vida nacional de manera que la posesión material, la supremacía competitiva y los intereses egoístas individuales y nacionales controlaran. Todas las naciones, a su propia manera y en su propio grado, han contribuido a esto; ninguna tiene las manos limpias y de ahí la guerra. La humanidad tiene el hábito del egoísmo y un inherente amor por las posesiones materiales. Esto ha producido nuestra civilización moderna y, por esta razón, está siendo derribada y sus ruinas caen sobre nuestras cabezas.

El factor cultural en cualquier civilización es la preservación, consideración y evaluación de todo lo mejor que dio el pasado y el estudio de las artes, la literatura, la música y la vida creadora de todas las naciones —pasadas y presentes. Concierne a la refinadora influencia de estos factores sobre una nación y sobre esos individuos en una nación que se hallan en tal situación (por lo general económica), que pueden beneficiarse con ellos y apreciarlos. El conocimiento y la comprensión así adquiridos permiten que el hombre de cultura relacione el mundo del significado (como lo heredó del pasado) con el mundo de apariencias en el que vive y considerarlos como un solo mundo, pero un mundo que existe principalmente para su beneficio individual. Sin embargo, cuando a una apreciación de nuestra herencia planetaria y racial, tanto creadora como histórica, le agrega una comprensión de los valores espirituales y morales, entonces tenemos una aproximación a lo que el hombre verdaderamente espiritual está destinado a ser. En relación con la población total del planeta tales hombres son pocos y distantes, pero garantizan al resto de la humanidad una posibilidad genuina.

Pero los hombres y mujeres de cultura y de percepción espiritual no han sido lo suficientemente poderosos como para evitar la guerra o para implementar esas condiciones que la habrían hecho imposible. La herencia material del pasado, los monumentos y edificios históricos, las pinturas y esculturas, las catedrales y las queridas estructuras que simbólicamente encarnan la historia de la humanidad, todas han caído en la ola de destrucción que nos azotó a todos. Es como si una mano gigantesca hubiera hecho borrón y cuenta nueva en la vida humana, dándonos la oportunidad de crear de nuevo.

Extraído de “Los Problemas de la Humanidad”, edición original completa, 1947

 


Warning: array_key_exists() expects parameter 2 to be array, null given in /home/customer/www/omdemand.com.ar/public_html/wp-content/themes/vice/inc/related_releases.php on line 13
COMPARTIR

Detalles:


Descubrir más
JugarCubiertaEl Título De La Pista
La Pista De Los Autores