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Más allá de la claridad Verbal 

Programa: Reto al cambio


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Más allá de la claridad Verbal 

Reto al cambio

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Aparentemente, la mayoría de las personas pierde muchísimo tiempo en discutir la mera claridad verbal y no parece captar la profundidad y el contenido que está más allá de las palabras. En el intento de buscar claridad verbal, vuelven mecánicas sus mentes, y la vida se convierte en algo superficial y muy a menudo contradictorio. En estas cartas no estamos interesados en la comprensión verbal, sino en los hechos cotidianos de nuestra vida. Ese es el punto fundamental de todas estas cartas: no la explicación verbal del hecho sino el hecho mismo. Cuando lo que nos interesa es la claridad verbal y, por ende, una claridad de ideas, nuestra vida es conceptual y no factual. Todos los ideales, las teorías, los principios, son conceptuales. Los conceptos pueden ser deshonestos, hipócritas e ilusorios. Uno puede tener cualquier cantidad de conceptos e ideales, pero estos nada tienen que ver con los cotidianos acontecimientos de nuestra vida. La gente se nutre de ideales; cuanto más fantásticos son, más nobles se les considera; pero la comprensión de los eventos cotidianos es mucho más importante que los ideales. Si nuestra mente está atiborrada de conceptos, ideales, etcétera, el hecho, el acontecimiento real nunca puede ser encarado. El concepto se convierte en un bloqueo. Cuando todo esto se comprende muy claramente – no con una comprensión intelectual o verbal – la importancia inmensa de enfrentarse a un hecho, a lo real, al ahora, se vuelve el factor fundamental en nuestra educación.

La política es alguna clase de enfermedad universal basada en conceptos, y la religión es emocionalismo romántico e imaginario. Cuando usted observa lo que ocurre realmente, ve que todo aquello es una indicación del pensar conceptual y un modo de evitar la desdicha cotidiana, la confusión y el dolor de nuestras vidas.

J.Krishnamurti

Del Libro : Aprender es Vivir
Editorial : Alfaomega / Colección Gaia
¿Puede haber una total disolución del egoísmo? El centro‑yo es muy astuto, puede pensar que ha escapado de todo egoísmo, de todo interés en su propia entidad, en su propio devenir y, sin embargo, de manera muy sutil y profunda, está extendiendo uno de sus tentáculos. De modo que uno ha de descubrir por sí mismo si puede haber una completa y total libertad con respecto a todo egoísmo, a toda actividad centrada en el yo. Eso es la meditación: descubrir un modo de vivir en este mundo sin ser egoísta, sin estar centrado en uno mismo, sin ninguna actividad egocéntrica, sin movimiento egocéntrico alguno. Si hay un vestigio, un solo movimiento de eso, entonces estamos perdidos. Por lo tanto, tenemos que estar tremendamente alertas a cada movimiento del pensar.

Eso es muy fácil, no lo complique. En el momento en que está usted iracundo, ni siquiera sabe lo que es ese sentimiento. Pero cuando lo examina, puede ver cómo surge, cómo surgen la codicia, la envidia, la ambición, la agresión. Observe eso mientras está surgiendo, no cuando ya ha desaparecido, ¿entiende? Mientras surge y usted lo observa, eso se marchita. Así el cerebro puede estar alerta a la aparición del pensamiento, y ese estado de alerta es la atención. No reprima el sentimiento, no lo destruya, no lo mate, sólo esté alerta a él. ¿Acaso no conoce la sensación del hambre cuando aparece en usted, o la sensación sexual? Obviamente, sí. Mientras surge, esté completamente alerta a ello y, con esa percepción alerta, con esa atención al movimiento del “yo”, su deseo, su ambición, su búsqueda egoísta se marchitan y desaparecen. Esa atención es absolutamente necesaria, de modo que no quede ni una partícula, ni un vestigio de este “yo”, porque el “yo” implica separación. Ya hemos examinado todo eso. Por lo tanto, eso es lo primero que tenemos que comprender, no el control del cuerpo, las formas especiales de respiración, el yoga… ¡Desestime todo eso! Entonces tiene usted un cerebro que no actúa parcialmente sino en su totalidad.
El otro día señalamos que nosotros no funcionamos con todos nuestros sentidos, sino sólo con una parte. La parcialidad, la limitación, acentúan el yo, desde luego. No voy a examinar eso en detalle, usted puede verlo por sí mismo. Cuando observa con todos sus sentidos la montaña, los árboles, el río, el cielo azul, cuando mira así a la persona que ama, en eso no hay “yo”. No hay un “yo” que esté sintiendo todo esto, y ello implica un cerebro que no está funcionando como dentista o erudito o jornalero o astrónomo, sino un cerebro que funciona como una totalidad. Eso puede ocurrir sólo cuando el cerebro está completamente quieto, sin vestigio alguno del “yo”, cuando hay un silencio absoluto de la mente, no un vacío, esta palabra puede comunicar un significado erróneo. (De cualquier modo, los cerebros de casi toda la gente están vacíos). Pero un cerebro que no está ocupado con nada, incluyendo a Dios, es un cerebro silencioso, lleno de vitalidad, y un cerebro así contiene un gran sentido de amor, de compasión, que es inteligencia.
J.Krishnamurti
Del libro Encuentro con la Vida

Del Boletín 47 (KF), 1984

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