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Que es la culpa?

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Que es la culpa?

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Reseña:


¿Cuál es su relación con el ego, con

toda la conciencia de la humanidad, del hombre, de la mujer y demás? ¿Qué es la culpa? ¿Por qué tiene uno este enorme sentimiento de culpa? Puede ser muy superficial o estar muy hondamente arraigado desde la infancia, y al que se le deja crecer conforme uno se hace mayor. Y ese sentimiento de culpa hace que uno se sienta muy vacío —ya conocen todo esto con una sensación de no ser capaz de hacer nada.Y esa pared impide cualquier otra comunicación. O tengo miedo de esa culpa: usted me ha dicho, desde mi niñez, que haga algo y no puedo hacerlo, pero siento que debo hacerlo, y si fracaso me siento culpable. Y los padres juegan un papel terrible en esto. ¡Lo siento! Ellos alientan esta culpa, consciente o inconscientemente, de modo que esta culpa se convierte en parte del ego, parte de mí.

Creo que sería erróneo plantear la pregunta de cuál es la relación entre ambos. ¿Comprenden cómo está evolucionando la cuestión? No son dos cosas separadas. El resultado de sentirse culpable, junto con otros factores, es lo que constituye el ego. No son dos actividades separadas o dos reacciones distintas. De modo que la culpa forma parte de la psique, parte del ego, parte del «yo».

Ahora bien, ¿por qué siente uno culpa? La gente le hace sentirse culpable y lo mantiene en ese estado porque es muy conveniente para ellos; les gusta abusar de usted y producir un sentimiento de culpa, el sentimiento de que debe resignarse, debe aceptar, debe obedecer. Aunque usted se rebele contra ello, lo mantiene soterrado y se aferra a su culpa. Y otros fac- tores costituyen el ego, el «yo». La culpa hace que uno se sienta tremendamente solo, con una sensación de depresión, y si esa culpa es muy profunda y fuerte, uno no puede resolverla. Por consiguiente, acudo a usted y le digo: «Por favor, ayúdeme a superar esta culpa». Y entonces usted impone, si es el que manda, otra reacción de culpa. Y así va la cosa.

Estoy, estamos preguntando, ¿por qué existe siquiera este sentimiento? Es alentado en las religiones ortodoxas, ¿verdad? En el cristianismo existen el pecado original y el salvador, y por consiguiente debo sentirme culpable, confesarme y empieza todo el circo. Perdónenme si empleo esa palabra. Adopta for- mas distintas. En el mundo cristiano es la confesión y la abso- lución; y en el mundo asiático tiene una forma diferente: acuden a los templos, ya saben, hacen toda suerte de cosas.

Pero ¿es necesario sentir eso? ¿Puede haber una educación en la cual no haya nada de esto? Me lo pregunto. Estamos jugando juntos, por favor. ¿Existe una forma de criar al niño en la que no se fomente el sentimiento de culpa?

Cómo resolver la culpa, cómo superarla, se convierte en un problema. En ella tienen su origen toda suerte de cosas y la convertimos en un problema. Ahora bien, ¿qué es un problema? Al parecer, los seres humanos tienen miles de problemas: políticos, religiosos, económicos, sexuales, en la relación. La vida, vivir se convierte en un problema, y una parte del mismo generalmente está asociada con la culpa.

¿Es posible no tener ni un solo problema sexual, religioso, político, económico, en la relación, etcétera? Así que vamos a investigarlo. Ustedes están participando en el juego conmigo. Averigüemos por qué los seres humanos tienen problemas.

 

Desde la niñez, cuando el niño va a la escuela, escribir se convierte en un problema para él. Leer, deletrear, luego las matemáticas, la geografía, la historia, la biología, la química, la ciencia, la arqueología, etcétera. De modo que desde el principio es instruido, o condicionado, para tener problemas. Esto es obvio. Así que su cerebro está condicionado a tener problemas. ¿Están ustedes participando en el juego conmigo? Y toda su vida, prácticamente desde el momento en que nace hasta que muere, el cerebro continúa viviendo en problemas, porque ha sido educado, culturizado en todo el sistema de la comparación, de los exámenes, los premios, los castigos, etcétera. Todo eso ha hecho que el cerebro no sólo reciba problemas sino que tenga los suyos propios; está condicionado de esa forma, y por consiguiente, nunca puede solucionar problema alguno.

Por lo tanto, ¿se puede tener un cerebro que no tenga ningún problema pero que pueda dar respuesta a los problemas? Porque hay problemas. Ahora bien, ¿es eso posible? Porque mientras usted tenga problemas debe tener el sentimiento de que debe resolverlos, y si no puede hacerlo se siente culpable. Y, por consiguiente, mantenemos esto en marcha. Entonces otros vienen y nos ayudan, y todo el asunto vuelve a empezar de otra forma.

Escuchen la pregunta. Entren en el mecanismo de la culpa, su relación con el ego. Y dijimos: No los separen, porque la culpa forma parte del ego, parte del «yo». No existe por separado. Por lo tanto, no es algo con lo que esté relacionado. Está dentro, está ahí. Luego dijimos: ¿Por qué tenemos problemas? Los problemas existen desde la niñez, desde que el niño va a la escuela. Se le educa para tener problemas. De manera que toda su vida se convierte en un problema: depresión, ansiedad, etcétera. Luego va y le pregunta a otro; lo cual significa pedirle ayuda a otro. Pero el otro es él; el otro tiene problemas, se de prime, se siente solo. De modo que el otro es usted. Me pregunto si se dan cuenta de esto. Por lo tanto, ¿de qué sirve preguntarle? .

Interlocutor: He hecho algo malo y pecaminoso, y me ha dejado con un terrible sentimiento de culpa. ¿Cómo puedo superar este sentimiento?

Krishnamurti: Señor, ¿qué entiende por pecado? Los cristianos tienen un concepto del pecado que usted no tiene, pero usted sí se siente culpable cuando tiene más dinero, cuando tiene una casa más grande que la de otra persona —al menos debería. [Risas] Cuando va en un auto confortable y ve una cola de gente de un kilómetro y medio de largo esperando para tomar el autobús, eso le produce algo. O bien tiene lo que se llama un sentimiento de culpa, o quiere transformar algo radicalmente, no en el estúpido sentido económico, sino en el sentido religioso, de manera que estas cosas no puedan suceder en el mundo. O puede sentirse culpable porque se da cuenta de que tiene cierta capacidad, una comprensión que otros no tienen. Pero, extrañamente, nunca nos sentimos culpables respecto de semejantes cosas; sólo nos sentimos culpables en relación con cosas mundanas, por tener más dinero, o una posición social mejor, etcétera.

Ahora bien, ¿qué es este sentimiento de culpa, y cuándo se da cuenta del mismo? ¿Es una forma de lástima? La mayoría es- tamos ocupados con nosotros mismos, de distintas maneras, de la mañana a la noche, y consciente o inconscientemente nos movemos en esa corriente. Cuando hay un desafío repentino, ese movimiento de la ocupación consigo mismo se ve alterado, y entonces nos sentimos culpables, sentimos que estamos haciendo algo malo, o que no hemos hecho algo bien; pero ese sentimiento sigue estando dentro de la corriente de la actividad egocéntrica, ¿verdad? No sé si todos ustedes están siguiendo esto.

¿Por qué se siente culpable? Si está viviendo intensamente con todo su ser, si está plenamente consciente de todo a su alrededor y en su interior, del consciente al igual que del inconsciente, ¿dónde hay cabida para la culpa? El hombre que se siente culpable es el que vive en fragmentos, que está dividido en su interior. Una parte de él es buena, la otra parte es co- rrupta; una parte trata de ser noble, y la otra es innoble; una parte es ambiciosa, despiadada, y la otra parte habla de paz, de amor. Esa gente se siente culpable porque siguen estando den- tro de la pauta de su propia creación. Mientras haya actividad egocéntrica, no puede superar el sentimiento de culpa; es im- posible. Ese sentimiento sólo desaparece cuando aborda la vida de manera total, con todo su ser, es decir, cuando no hay autorrealización de ninguna clase. Entonces descubrirá que el sentimiento de culpa no existe en absoluto porque no está pensando en sí mismo. No hay ninguna actividad egocéntrica.

Señores, si están escuchando y no actúan, es como un hombre que siempre está labrando y nunca siembra. Es mejor no escuchar una verdad que escuchar sin actuar, porque entonces se convierte en un veneno. El que aprueben o desa- prueben los detalles de lo que aquí se está diciendo es irrelevante; lo que importa es ver la verdad de que mientras funcionen dentro del campo de la actividad egocéntrica, inevitablemente tendrán varios tipos de frustración y sufrimiento. El sufrimiento y la frustración sólo cesan cuando están viviendo totalmente, con la intensidad de todo su ser, de su mente, corazón y cuerpo; y no pueden vivir con esa plenitud, con esa intensidad, si están preocupados por su propia virtud. Pueden estar libres del sentimiento de culpa hoy, pero surgirá de otra forma mañana, o dentro de dos días.

 

Prueben esto, señores, hagan un pequeño intento por vivir intensamente cada día, con toda su mente, corazón y cuerpo, con toda su capacidad, sentimiento y energía. El deseo es contradictorio en sí; pero si aman intensamente con su cuerpo, mente y corazón, con todo lo que tienen, entonces descubrirán que no hay contradicción alguna, que no hay ningún pecado. Es el deseo, la envidia, la ambición lo que crea contradicción, y la mente atrapada en la contradicción nunca puede

encontrar lo que es real

.

SIENTO CULPA. ¿POR QUÉ LA NOMBRO? La nombro al instante. Nombrarla es reconocerla, y, por lo tanto, he tenido ese sentimiento antes. Y habiéndolo tenido antes, lo reconozco ahora. Mediante el reconocimiento fortalezco lo que ha sucedido anteriormente. He reforzado el recuerdo de la culpa anterior al decir: «Me siento culpable.» Así que vean lo que ha sucedido. Toda forma de reconocimiento refuerza el pasado. Y el reconocimiento tiene lugar mediante el nombrar. De manera que por medio y a través del reconocimiento fortalezco el pasado.

¿Por qué hace esto la mente? ¿Por qué siempre refuerza el pasado diciendo: «He sido culpable, soy culpable, es terrible ser culpable, cómo voy a deshacerme de esta culpa»? ¿Por qué lo hace? ¿Lo hace porque la mente necesita estar ocupada con algo? Necesita estar ocupada, ya sea con Dios, con el tabaco, con el sexo, con algo; tiene que estar ocupada, por consiguiente, tiene miedo de no estar ocupada. Y al ocuparse con el sentimiento de culpa, en ese sentimiento encuentra cierta se- guridad. Al menos tengo eso; no tengo nada más, pero al menos tengo ese sentimiento de ser culpable.

 

¿Qué está pasando? Mediante el reconocimiento, que es el nombrar, la mente está fortaleciendo un sentimiento pasado, que ha sucedido antes, y, por lo tanto, la mente está constantemente ocupada con ese sentimiento de culpa. Eso le proporciona cierta ocupación, cierta sensación de seguridad, cierta acción resultante de eso, la cual se vuelve neurótica. Entonces, ¿qué tiene lugar? ¿Puedo, cuando surge el sentimiento, observarlo sin nombrar?

Descubro, pues, cuando no nombro, que la cosa ya no existe. Y tengo miedo —escuchen esto cuidadosamente—, la mente tiene miedo de vivir en un estado de vacuidad. Por consiguiente, tiene que tener una palabra. La palabra se ha vuelto tremendamente importante: mi país, mi dios, mi Jesús, mi Krishna; la palabra. De manera que la palabra —escuchen esto—, la palabra es el pasado, la palabra es la memoria, la pa- labra es el pensamiento. O sea, que el pensamiento divide.

Miren, debo tener memoria para ir a mi casa. Debo tener memoria para hablar inglés. Debo tener memoria para venir aquí y sentarme en esta tarima. Debo tener memoria para el idioma que empleo. Tengo recuerdos de montar en bicicleta, o de conducir un coche. De manera que la memoria es absolutamente esencial, de otro modo no podría actuar. La memoria es conoci- miento y debemos tener conocimiento. Y ese conocimiento —escuchen lo que tiene lugar—, ese conocimiento es palabras.

Ahora bien, he tenido conocimiento de una culpa anterior. Cuando le llamo culpa al sentimiento presente, he reforzado el conocimiento previo. Y ese conocimiento es el observador. De modo que el observador mira ese sentimiento que tengo ahora y lo denomina culpa. Y por lo tanto, al llamarlo culpa, el conocimiento del pasado se refuerza. Es bastante simple y claro.

Interlocutor: ¿Quién es el observador? ¿Es el observador distinto de los múltiples fragmentos?

 

Krishnamurti: Él es uno de los fragmentos, ¿verdad?

I.: Pero la sensación de mí mismo está ahí.

K.: Sé que está ahí. Ésa es la ilusión. Espere, señor. Ésa es nuestra cultura, ésa es nuestra afirmación verbal, ésa es la forma en que vivimos. Decimos: «Me he identificado con mi país, con mi dios, con mi bandera, mi política», y cosas por el estilo. Me he estado identificando con todas esas cosas y digo: «Qué estúpido de mi parte; eso ha conducido a mucho daño; ahora quiero identificarme conmigo mismo.» He descartado todas las identificaciones externas y ahora quiero identificarme conmigo mismo.

¿Qué es mi yo? Es obviamente un montón de imágenes y palabras. Y por lo tanto digo: «Mira lo que estoy haciendo. Siempre estoy tratando de constatar un hecho, el cual se convierte en un no-hecho, siempre tratando de defenderme con una idea, con una imagen, con una conclusión, y todas esas cosas son palabras.» La mente tiene miedo de estar completamente vacía, y por consiguiente dice: «Debo ser.» Debe estar ocupada con la cocina, con el sexo, con Dios, con la política, con una docena de cosas, porque tiene mucho miedo de estar completamente vacía.

El observador es el pasado, y lo observado es el presente. Ahora bien, ¿puede la mente observar sin nombrar el sentimiento, que es el presente?

J.Krishnamurti

Del Libro:Reflexiones sobre el Yo.

Editorial Gaia

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