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Un Desafío

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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Desafío a todos los pensadores del mundo a abandonar sus sectarismos, nacionalismos, partidismos y, con espíritu de hermandad, a trabajar en su nación, considerándola como parte integrante de una gran federación de naciones —federación que ya existe internamente, pero espera ser materializada mediante la actividad de los pensadores del mundo. Les encomiendo que trabajen por la causa de la religión y en el campo de esa religión particular en la que están interesados, ya sea por accidente de nacimiento o elección, considerando cada religión como parte de la gran religión mundial. Deben también considerar que las actividades de su grupo, sociedad u organización demandan ayuda en la medida, y sólo en la medida, en que los principios sobre los cuales se fundan y las técnicas que emplean sirven al bien general y promueven la realización de la Hermandad.

Les pido que abandonen sus antagonismos y antipatías, odios y diferencias raciales y traten de pensar en términos de una familia, una vida y una humanidad. No pido una respuesta sentimental ni devocional a este desafío. Les recuerdo que el odio y la separatividad han llevado a la humanidad a su penosa situación actual. Sin embargo, agregaría a este recordatorio que existe hoy en el mundo una cantidad más que suficiente de hombres liberados como para producir un cambio en las actitudes del género humano y en la opinión pública, siempre que se pongan a la altura, por un acto de la voluntad, de lo que ellos conocen y creen.

También los desafío a que se sacrifiquen, a consagrarse a sí mismos, a dar su tiempo y su dinero, y a que se interesen en difundir estas ideas entre quienes los rodean, en su medio ambiente y en el grupo al cual pertenecen, despertando así a sus compañeros de grupo. Los exhorto a un esfuerzo unido para inculcar nuevamente las ideas de hermandad y de unidad. Les pido que reconozcan a sus compañeros trabajadores en todos los grupos y fortalezcan sus manos. También les recomiendo que guarden silencio ante las palabras de odio y de crítica y que hablen en términos de hermandad y de relaciones grupales. Les ruego que procuren hacer de cada día un nuevo día, en el que enfrentan una nueva oportunidad. Traten de olvidar sus propios asuntos, sus pequeñas penas, preocupaciones y suspicacias, ante la urgencia de la tarea que debe realizarse, y difundan el culto de la unidad, del amor y de la inofensividad.

Además quisiera que corten lazos con los grupos que tratan de destruir y atacar, no importa cuán sincero sea su móvil. Alinéense del lado de los trabajadores que tienen fines constructivos, que no luchan contra otro grupo u organización, y que han eliminado de su vocabulario la palabra “anti”. Estén de parte de los que construyen silenciosa y constantemente para el nuevo orden —orden que se funda en el amor, que construye bajo el impulso de la hermandad, y que posee la comprensión de una hermandad basada en el conocimiento de que cada uno y todos, no importa cuál sea nuestra raza, somos hijos del Padre Uno y hemos llegado a comprender que los antiguos modos de trabajar deben desaparecer y que debe proporcionarse una oportunidad a los nuevos métodos.

Si no saben enseñar, predicar o escribir, aporten ideas y dinero para que otros puedan hacerlo. Ofrezcan sus horas y minutos de ocio para que otros queden libres y puedan dedicarse a servir al Plan; contribuyan con su dinero para que pueda progresar con mayor rapidez el trabajo de quienes pertenecen al Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Desperdician mucho tiempo en cosas no esenciales. Muchos de ustedes dan poco o nada de su tiempo. Lo mismo pasa con el dinero. Den como nunca antes, a fin de posibilitar los aspectos físicos del trabajo. Algunos dan lo único que poseen, y el poder que tal actitud libera es muy grande. Quienes actuamos en el aspecto interno agradecemos todo lo que dan sólo a un alto costo personal. Otros dan lo que les sobra y sólo cuando no implica sacrificio. Que esta condición también termine, y den al máximo, con comprensión y justicia, para que la era de amor y de luz pueda introducirse con mayor celeridad. No importa dónde o a quién den, basta dar —poco si tienen poco tiempo o dinero; mucho, si poseen mucho. Trabajen y den, amen y piensen, ayuden a esos grupos que construyen y no destruyen, aman y no atacan, elevan y no derriban. No se dejen engañar por el falaz argumento de que la destrucción es necesaria. Sin duda lo fue, pero el ciclo de destrucción prácticamente ha terminado ¡si pudieran comprenderlo!, y los constructores deben ahora ponerse a trabajar.

Por sobre todo los desafío a que lleven una vida más profunda, y les imploro que para bien de sus semejantes refuercen el contacto con la propia alma, con lo cual habrán desempeñado su parte para posibilitar la revelación, habrán ayudado a traer la luz y estarán por lo tanto en condiciones de beneficiarse con esa nueva luz y nueva información, y podrán indicar mejor el camino y despejar el sendero al desconcertado buscador. Quienes no estén preparados para los acontecimientos venideros serán cegados por la emergente luz y confundidos por la maravilla que se revelará; serán arrastrados por el aliento viviente de Dios, esperamos que ustedes los capaciten para ese acontecimiento.

Extraído de Sicología Esotérica Tomo I.

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