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Unidad internacional: Uno de los siete problemas de la Humanidad

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Unidad internacional: Uno de los siete problemas de la Humanidad

La Voz del Silencio

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La distribución de los recursos del mundo y la estable unidad de los pueblos del mundo son en realidad una y la misma cosa, porque detrás de todas las gue-rras modernas reside un problema económico fundamental. Resuélvase eso, y las guerras cesarán en gran medida.

La paz, la seguridad y la estabilidad del mundo están principalmente ligadas al problema económico. Cuando se esté libre de necesidad, desaparecerá una de las principales causas de guerra. Cuando hay desigual distribución de las riquezas del mundo y hay una situación en la que algunas naciones tienen o toman todo y otras naciones carecen de lo más elemental para la vida, es evidente que hay un factor que fomenta dificultad y que algo debe hacerse. Por lo tanto ahora me ocuparé de la unidad y de la paz del mundo primordialmente desde el ángulo del problema económico.

Durante veinte años, antes de la guerra recién concluida, divulgué la nueva ense-ñanza espiritual y esotérica y todavía lo estoy haciendo. Luego vinieron siete años de guerra, culminando la vieja civilización. Señalé que esta guerra fue el resulta-do de las estupideces, las políticas miopes, los errores y el egoísmo de la humani-dad misma, además de siglos de relaciones humanas erróneas —individuales, co-munales, nacionales e internacionales. Con el cese de la lucha vino la oportunidad de inaugurar el nuevo y mejor modo de vivir, y de establecer esa seguridad y paz que todos los hombres anhelan incesantemente. Tres grupos aparecieron inme-diatamente en el mundo:

· Los grupos conservadores, reaccionarios y poderosos, deseosos de retener todo lo que sea posible del pasado, poseyendo gran poder y ninguna visión.

· Los idealistas fanáticos en cada país —comunista, democrático y fascista.

· Las masas inertes del pueblo en todas las tierras, ignorantes en su mayor parte, sólo deseando paz después de la tormenta y seguridad en lugar del desastre económico; son víctimas de sus gobernantes, de viejas condiciones establecidas y se las mantiene desinformadas respecto a la verdad de la si-tuación mundial.

Todos estos grupos están haciendo sentir su presencia en este momento; los gru-pos reaccionarios, porque tienen el poder a través del dinero o la elevada posi-ción en sus gobiernos; los ideologistas porque están enfrentando la necesidad de

diferentes tipos de mente que ven la necesidad de cambio y buscan una ideología impuesta para provocarlo; y las masas amorfas, a través del impulso creciente de su necesidad reconocida y su gradual despertar a las cosas como son. Todos estos factores producen los desórdenes actuales y condicionan las deliberaciones de las Naciones Unidas. Aunque no hay guerra activa, no hay paz alguna, ni seguridad, ni esperanza inmediata de ninguna de las dos.

Es esencial para la felicidad y el progreso futuros de la humanidad que no haya retorno a las viejas malas formas, ya sean políticas, religiosas o económicas. Por lo tanto, en mi manejo de estos problemas procuré señalar las condiciones erró-neas que han llevado a la humanidad a su presente estado de desastre casi cata-clísmico. Estas condiciones fueron, declaré, el resultado de credos religiosos que no avanzaron en su pensamiento durante cientos de años; de sistemas económi-cos que ponen el énfasis sobre la acumulación de riquezas y posesiones materia-les y que dejan todo el poder y la producción de la tierra en las manos de relati-vamente pocos hombres, mientras que el resto de la humanidad lucha por una mera subsistencia; y de regímenes políticos manejados por el corrupto, el de mente totalitaria, los timadores y aquellos que aman posición y poder más de lo que aman a sus semejantes.

Es esencial que haya una presentación de estas cosas en términos del bienestar espiritual para la humanidad y una interpretación más verdadera del significado de la palabra “espiritual”. Ha pasado mucho tiempo (o debería haber pasado) desde que se podía trazar una línea de demarcación entre el mundo religioso y el político o el económico. La razón de la política corrupta y el avaro planeamiento ambicioso de tantos hombres líderes del mundo, puede hallarse en el hecho de que hombres y mujeres espiritualmente orientados no han asumido —como su deber y responsabilidad espiritual— el liderato de la gente. Han dejado el poder en las manos equivocadas y han permitido que lidere el egoísta y el indeseable.

La palabra “espiritual” no pertenece a las iglesias ni a las religiones del mundo. … Verdaderamente espiritual es lo que relaciona apropiadamente al hombre con el hombre y al hombre con Dios y lo que se demuestra en un mundo mejor y la ex-presión de las Cuatro Libertades en todo el planeta. Para estas debe trabajar el hombre espiritual.

El cambio del viejo orden, el despertar de la humanidad a las nuevas posibilidades y la purificación de la arena política y económica hoy son los factores del más alto valor espiritual. Lo que tiene por móvil el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra es espiritual; eso no puede tener lugar hasta que mucho haya sido cambia-do en los asuntos y el vivir humanos.

[Bibliografía: Los Problemas de la Humanidad (edición completa en español 2014) (de los libros de Alice A. Bailey por Fundación Lucis)]. www.lucis.org

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