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Uno es el resto de la humanidad

Programa: Reto al cambio


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Uno es el resto de la humanidad

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Por dondequiera que uno vaya, ve sufrimiento, pena, ansiedad, aislamiento, locura, miedo, búsqueda afanosa de seguridad; ve que la gente está atrapada en el conocimiento y el impulso del deseo. Todo ello pertenece al suelo en que está parado el ser humano. La conciencia de uno, es la conciencia del resto de la humanidad. Esto es lógico. Ustedes pueden disentir; pueden decir, «mi conciencia está separada de las demás y tiene que estar separada». Pero, ¿es así? Si uno comprende la naturaleza de esto, entonces ve que uno es el resto de la humanidad. Puede tener un nombre diferente, puede vivir en una determinada parte del mundo y ser educado de un modo particular, puede ser opulento o pobre, pero cuando uno mira detrás de la máscara, profundamente, ve que uno es como el resto de la humanidad ― está afligido, desesperado, solo, lleno de sufrimiento neurótico, cree en alguna ilusión, etc., etc. Esto es así, tanto en Oriente como en Occidente. A uno puede no gustarle eso; quizá prefiera pensar que es por completo independiente, un individuo libre; pero cuando observa muy profundamente, ve que uno es el resto de la humanidad.

Esto puede aceptarse como una idea, una abstracción, o como un concepto maravilloso; pero la idea no es la realidad. Una abstracción no es lo que realmente está ocurriendo. Pero hacemos una abstracción de «lo que es», lo convertimos en una idea, y después perseguimos la idea que es realmente no-factual. Por lo tanto, si el contenido de mi conciencia y el de la conciencia de cada uno de ustedes, es en sí mismo contradictorio, confuso ―una parte luchando contra otra, un hecho contra un no-hecho, el deseo de ser feliz siendo desdichado, el deseo de vivir sin violencia siendo, no obstante, violento― entonces nuestra conciencia es el desorden en sí misma. Ésa es la raíz de la disensión. Hasta que comprendamos eso e investigándolo bien a fondo descubramos el orden total, siempre tendremos desorden en el mundo. De ahí que a una persona seria no se la disuade fácilmente de buscar con afán la comprensión, de dedicarse a inquirir profundamente en sí misma, en su conciencia; no se la persuade fácilmente con la diversión y el entretenimiento ―que quizá sea necesario a veces―; esa persona prosigue firmemente, todos los días, penetrando en la naturaleza del hombre, o sea, en su propia naturaleza, observando lo que realmente ocurre dentro de ella misma. La acción tiene lugar a partir de esa observación. No se trata de decir: «¿Qué debo hacer como un ser humano separado?»; esa acción surge de la total observación holística de la vida.

Comprender la propia conciencia

La observación holística es una percepción sana, cuerda, racional, lógica y total ― total (whole) implica sagrada (holy) (1) . ¿Es posible para un ser humano como cualquiera de nosotros, que es un lego, que no es un especialista, es posible para él mirar la contradictoria y confusa conciencia, mirarla como una totalidad? ¿O debe mirar cada parte de ella separadamente? Uno quiere comprenderse a sí mismo, comprender la propia conciencia. Sabe desde el comienzo mismo que es muy contradictoria ― quiere una cosa y no quiere la otra; dice una cosa y hace otra. Y uno sabe que las creencias separan al hombre. Uno cree en Jesús, en Krishna o en alguna cosa, o cree en la propia experiencia a la que se aferra, incluyendo el conocimiento que uno ha acumulado durante los cuarenta o sesenta años de su vida, el cual se ha vuelto extraordinariamente importante. Uno se aferra a eso. Reconoce que la creencia destruye y divide a la gente y, sin embargo, no puede renunciar a ella porque la creencia tiene una extraña vitalidad. Nos proporciona cierta sensación de seguridad. Uno cree en Dios, y en eso hay una fuerza extraordinaria. Pero Dios es una invención del hombre; …

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