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Tristezas y alegrías

Publicado Por: Claudio En:


Un hombre describió sus sentimientos de este modo:

«Nuestro matrimonio llevaba unos cuantos meses en crisis y parecía como si fuera a acabar. Los ataques de Louise hacia mí y su separación de mí hacían que me sintiera como un trapo, como si no tuviera ninguna cualidad favorable en absoluto. Empecé a creerme todas sus opiniones críticas. Sabía que tenía que acabar con esta situación. Entonces, tuvimos una de esas rupturas esporádicas y finalmente conectamos otra vez. Aquel domingo por la mañana hicimos el amor por primera vez en muchos meses… Aquella tarde, salí para hacer unos arreglos en el camino de la entrada. Lo había estado posponiendo durante largo tiempo. Me había sentido demasiado débil para manejar las bolsas de veintitrés kilos de grava que estaban en el garaje, pero ahora podía transportarlas como si fueran almohadas de pluma…».

Sabía que este hombre venía de una gran familia en la que sus dos agotados padres trabajaban mucho, siempre estaban preocupados por el dinero y parecían agobiados y resentidos por haber tenido muchos más hijos de los que habían previsto. Apenas se sentía apreciado o importante en su familia, así que apenas se sentía valioso o importante en sí mismo. Dijo: «Lo peor era que nunca sentí que disfrutaran de mí. Anhelaba que disfrutaran de mí. Y en esas ocasiones en las que Louise goza conmigo me olvido de cómo me está destruyendo la relación». Del mismo modo, una mujer joven que no se sentía especialmente valorada o disfrutada como niña (excepto por conseguir buenas notas) decía:

«Sabía que Harry y yo teníamos que acabar. No había forma de que dejara a su mujer e hijos. Y ese lunes, que era el aniversario de nuestro encuentro, me sentía tan poco apreciada que incluso le dije ‘Perdón’ a un camarero que vertió café sobre mí. Entonces, me fui a casa y había una carta de Harry que decía que, aunque no podíamos vivir juntos, siempre me amaría más que a nadie. Y, aunque no había cambiado nada, objetivamente, mis sentimientos sobre mí misma cambiaron inmediatamente. Me miré en el espejo y vi a una mujer muy hermosa».

Estos ejemplos ilustran que los sentimientos de autoestima y falta de valor son caras distintas de la misma moneda del Hambre de cariño e indican lo rápidamente que las opiniones sobre nosotros mismos pueden cambiar en función de la presencia o ausencia de esa conexión básica. Pero es importante darse cuenta de que las tres personas tenían capacidad en sí mismas de sentir que eran fantásticos y que el acercamiento a la otra persona sólo activaba su capacidad de sentirlo. El abogado llevaba consigo la capacidad de sentirse como Clarence Darrow, la mujer tenía la capacidad de ver su propia belleza y el hombre casado, evidentemente, siempre tuvo dentro de sí la capacidad de cargar los sacos de grava. Cuando se reconoce esta verdad, esto puede ser el inicio de cambios importantes.

Del libro «Como romper con su adicción a una persona» de Howard M. Halpern, capítulo 6, «Eres mi protección»


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