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Reseña:
Octubre 1945
Permítaseme comenzar con ciertas declaraciones fundamentales:
Ante todo, debe reconocerse que la causa de toda inquietud mundial, de las guerras mundiales que han arruinado a la humanidad y de la generalizada miseria sobre nuestro planeta puede atribuirse en gran parte a un grupo egoísta con propósitos materialistas que durante siglos ha explotado a las masas y usado el trabajo del género humano para sus fines egoístas.
La responsabilidad de la generalizada miseria que hoy día se encuentra en todos los países del mundo reside predominantemente en la puerta de ciertos principales grupos interrelacionados de hombres de negocios, banqueros, ejecutivos de cárteles internacionales, monopolios, trusts y organizaciones, y directores de enormes corporaciones que trabajan en beneficio de la corporación o en beneficio propio. No les interesa beneficiar al público excepto en la medida en que la demanda pública por mejores condiciones de vida les permita a ellos —bajo la Ley de Oferta y Demanda— proveer los productos, el trasporte, luz y fuerza que a la larga redundarán en mayores beneficios financieros. Las características de sus métodos son: la explotación de la mano de obra, la manipulación de los principales recursos planetarios y la promoción de la guerra para beneficio privado o empresarial. La masa del pueblo sabe esto; hay una indignación constantemente creciente contra este grupo de capitalistas; la amable clase media teme a estos hombres pero tiene miedo de tomar medidas; los hombres ricos decentes (y hay muchos) y los bienintencionados ejecutivos de negocios que también son humanitarios (y ellos también son numerosos) tampoco se atreven a hacer nada por temor a las represalias y a la ruina —una ruina que no sólo los involucraría a ellos mismos sino también a sus familias y accionistas.
Hombres y organizaciones tales —responsables del sistema capitalista— se encuentran en todas las naciones. Antes de la guerra, las ramificaciones de sus negocios y su dominio financiero sobre la humanidad estaban activos en todos los países, y aunque se escondieron durante la guerra que está por finalizar, ellos aún existen. Forman un grupo internacional, estrechamente inter-relacionado, trabajando en completa unidad de idea e intención y conociéndose y comprendiéndose unos a otros. Estos hombres pertenecen a las Naciones Unidas y a las Potencias del Eje; han trabajado juntos antes y durante todo el período de la guerra por medio de juntas directivas entrelazadas, bajo nombres falsos y a través de organizaciones engañosas, ayudados por neutrales de su propia manera de pensar. Hoy, a pesar del desastre que han provocado en el mundo, otra vez están organizando y renovando sus métodos; sus metas son las mismas; sus relaciones internacionales se mantienen intactas; ellos constituyen la mayor amenaza que el género humano enfrenta hoy; controlan la política; compran a hombres prominentes en todas las naciones; aseguran silencio mediante amenaza, dinero y temor; amasan riqueza y compran una popularidad espuria por medio de la iniciativa filantrópica; sus familias llevan vidas cómodas y fáciles y no conocen el significado del trabajo como Dios manda; se rodean de belleza, lujo y posesiones y cierran sus ojos a la pobreza, la cruda desdicha, la falta de abrigo y ropa decente, la inanición y la fealdad de las vidas de los millones que los rodean; contribuyen a organizaciones de beneficencia y a organismos de la iglesia como un bálsamo para sus conciencias o para evitar el impuesto a la renta; dan trabajo a incontables miles pero se encargan de que éstos reciban un salario tan exiguo que real confort, ocio, cultura y viajes son imposibles.
Lo anterior es una terrible acusación. Sin embargo, puede corroborársela miles de veces; está engendrando revolución y un creciente espíritu de agitación. Las masas populares de todos los países están excitadas y despertando, y está amaneciendo un nuevo día. Pero —ahora está comenzando una guerra entre los intereses monetarios egoístas y la masa de la humanidad que demanda juego limpio y una justa participación en la riqueza del mundo.
… aquellos que son lo suficientemente listos como para leer los signos de los tiempos se dan cuenta de que el sistema capitalista no puede continuar indefinidamente ante la creciente ira de la humanidad y el constante surgimiento de los valores espirituales.
Aquí sería de valor añadir que el pensar egoísta y la motivación separatista que distinguen al sistema capitalista se encuentran también en los pequeños e insignificantes hombres de negocios —en el almacenero, el plomero y el mercero que explota a sus empleados y engaña a sus clientes. Tenemos que vérnoslas con el universal espíritu de egoísmo y el amor al poder. La guerra actuó como una purga. Abrió los ojos de los hombres en todas partes a la causa subyacente de la guerra —malestar económico, basado en la explotación de los recursos del planeta por un grupo internacional de hombres egoístas y ambiciosos. Ahora está presente la oportunidad de cambiar las cosas. La dificultad es que los grupos capitalistas están listos para la acción inmediata en orden a restaurar los malos viejos tiempos, mientras las masas no están listas y apenas saben qué hacer.
Extraído de “Los Problemas de la Humanidad”, edición original completa, 1947
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Programa:
Reflexión sobre los Libros Azules
Etiqueta: Reflexión sobre los Libros Azules
Fecha: 07-04-2024



