0%

A cada cual su misión: Reintegración de la Sombra

Programa: Hemos estado ahí


Lista de tracks:


A cada cual su misión: Reintegración de la Sombra

Hemos estado ahi

Sumar a la lista de reproducción

Reseña:


(Escuchado/descargado 216 veces, 1 visitas hoy)

¿Una persona te pone de los nervios, te saca de tus casillas, te resulta molesta hasta obsesionarte? Con seguridad, estás proyectando sobre ella una parte de tu sombra.

Date tiempo abundante para identificar bien, en esa persona, la faceta de su personalidad que suscita en ti semejante antipatía. Para conseguirlo, observa de cerca el modo cómo te molesta e irrita esa característica suya. Por ejemplo, si aborreces la vulgaridad de una persona, es porque contraría tu gusto por la distinción y la discreción. Pregúntate entonces si no te sería ventajoso, para paliar tu excesiva sensibilidad y tu excesiva educación, aprender a ser más directo y más simple en la afirmación de ti mismo. No se trata de que tengas que caer en la vulgaridad, sino de ejercitarte en una mayor franqueza cuando tratas con la gente.

Conservando tu distinción y tu educación, tendrás que equilibrar los excesos de esas cualidades mediante una mayor confianza en ti mismo e incluso mayor aplomo. Entonces llegarás a ser una persona más completa que perfecta.

Reintegración de la sombra

Seguramente has llegado a reconocer en ti mismo varias facetas de tu sombra. Te propongo ahora que te hagas con algunos medios para reintégralas. Te animo a que dediques tiempo y a que, cada vez, centres el esfuerzo por la reintegración de uno solo de los aspectos de tu sombra, no lo hagas con varios a la vez.

* Una primera condición que se exige para realizar la reintegración de una faceta de la sombra es que puedas darle nombre. Cuando se lo hayas dado, te sorprenderás de que tienes mayor poder para hacerte con ella. Identificarla es ya un medio para aceptarla. Una sombra ignorada se convierte en malvada y agresiva; pero al contrario, si es reconocida y aceptada, se convertirá en valiosa aliada.

Lo que en tu sombra te parecía hasta entonces «demoníaco» y amenazador se convertirá en daimon, es decir, en un buen genio favorable para tu crecimiento y para tu plena realización. Para mí fue una buena baza encontrar en mí mi lado ignorante, el que todavía no lo sabía todo, pero que estaba ávido de saberlo. Pude así conciliar mi lado «omnisciente » con mi lado «ignorante». Ambos cesaron de hacerse la guerra y empezaron a contribuir, uno y otro, a mi crecimiento.

El segundo medio para lograr la reintegración de tu sombra consiste en imaginarte un diálogo con una persona que te resulta antipática o que te saca de tus casillas. Dirígete primero a ella y dile lo que no te gusta o lo que te asusta en ella. Luego, ponte en su lugar para replicar. Poco a poco, tendrás la impresión de establecer una relación de cooperación con ella. Sigue buscando incluso negociar un intercambio de cualidades o de rasgos de carácter con ella.

Por ejemplo, si la persona antipática es muy combativa, pídele que te dé un poco de su combatividad; por tu parte, ofrécele que tome algo de tu suavidad y de tu docilidad.

Una vez terminados estos intercambios, dale las gracias por haberte enseñado ciertos elementos capaces de enriquecer tu propia personalidad. Esta manera de obrar te enseñará no sólo a respetar a tu «enemigo», sino que te brindará además una ocasión para crecer.

Para Gregg Levoy, el trato frecuente con nuestra sombra es una ayuda preciosa en el descubrimiento de nuestra misión encerrada en nuestro misterio personal: «Dejarnos caer en caída libre en el mar de nuestra psique en busca de nuestros sueños y pasiones, descender a los pozos de nuestro inconsciente, intercambiar nuestra historia con la de las personas signo y haber pasado tiempo dialogando con nuestros diablos y nuestros daimones interiores, tiene como efecto hacernos menos miedosos de nuestra oscuridad interior.

La recuperación de las energías de nuestra sombra contribuye a darnos una visión más clara de nuestra misión y a hacernos más accesible su realización. Escribe el mismo autor: «Cada vez que hacemos caso a una llamada, aplacamos el miedo que hay oculto en nosotros…»

CAPÍTULO 7

La búsqueda de la propia identidad

El aguilucho que se creía gallina

Alguien que paseaba por la montaña descubrió un nido de águila abandonado en el que encontró un huevo. Lo recogió con delicadeza y se lo confió a un granjero, con la esperanza de que podría incubarlo una gallina. Poco después nació un aguilucho en medio de una camada de pollitos. La gallina lo cuidó y lo educó como al resto de sus polluelos. Un día, el aguilucho vio a un águila volando por los cielos. Y dijo en voz alta: «Cuando sea grande, volaré como ese pájaro». Los otros polluelos se pusieron a reírse de él, diciendo: «¡Tú eres un pollo como nosotros!». Lleno de vergüenza, el aguilucho siguió comportándose como un polluelo y picoteando granos. Al ver crecer al aguilucho, el granjero quiso hacerle volar. Tomándolo en sus manos, lo lanzó por los aires. Pero el aguilucho, convencido de que no podía volar, no abrió las alas. Aterrizó malamente sobre el suelo, provocando la risa en todo el corral. Unos días después, el granjero hizo una segunda tentativa. Esta vez se subió al tejado la granja con el aguilucho y lo lanzó al vacío diciéndole: «¡Vuela! ¡Tú eres un águila!». Tímidamente, el pájaro abrió sus alas y se puso a planear por encima de la granja, hasta que levantó solemne vuelo rumbo a la montaña.

La identidad y la misión van a la par. Toda ignorancia o desconocimiento de uno mismo es una traba para el descubrimiento de la misión propia. Recordemos que la palabra identidad viene del latín idem, que significa «el mismo». La identidad remite a lo que se mantiene lo mismo, a lo que es estable y permanente a través de los cambios y vicisitudes de la vida de una persona.

Como consecuencia del vacío que dejó el «soltar presa», emerge y se hace cada vez más acuciante la cuestión: «¿quién soy yo?». En el periodo de «compás de espera» o de «margen», vimos cómo asomaba una crisis de identidad: uno no puede definirse ya por sus relaciones, por su trabajo, por su función, por su status social, por sus riquezas, por su reputación, etc. Despojada de sus atributos exteriores, la persona se ve sola consigo misma para descubrir quién es.

Mediante el soltar presa del duelo y del perdón de las ofensas se ha iniciado ya un trabajo de poda de las falsas identidades. Por lo mismo, la persona se encuentra más en contacto con su verdadero Yo, su identidad profunda portadora de su misión.

Karl Jung veía en el «llegar a ser Sí-mismo la finalidad de todo proceso psicológico. Para él, el conocimiento de sí mismo pasaba por el diálogo del yo consciente con el yo inconsciente, con su centro espiritual. El Yo se deja captar, no ya directamente, sino por sus manifestaciones conscientes: sueños, ilusiones, proyectos, imágenes mentales, intuiciones, etc. La percepción del Yo exige, por tanto, un trabajo de reflexión sobre las pistas que él mismo proporciona; este trabajo permitirá discernir la presencia del Yo y entrever su orientación fundamental, es decir, su misión.

CAPÍTULO 8

Estrategias para descubrir la misión propia

Alicia se pasea por el país de las maravillas. Asombrada, disfruta de un descubrimiento tras otro. Pero he aquí que llega al cruce de dos caminos. Se detiene y se pregunta cuál tendrá que tomar. No sabe qué hacer. De pronto, ve una liebre. Corre a su encuentro y le dice: «He llegado al cruce de dos caminos; ¿podrías decirme qué camino debo tomar?». La liebre le pregunta entonces: «¿Adonde quieres ir?». Levantando los hombros, Alicia le responde: «¿No lo sé!». «Entonces, señorita, -le replica la liebre- puedes seguir cualquier de los dos».

(Inspirado en el cuento Alicia en el país de las maravillas)

El progreso realizado en el conocimiento del Yo nos permite ahora afrontar esta cuestión: ¿Qué quiero hacer de mi vida?

El discernimiento de la misión propia es un trabajo que requiere reflexión, estudio, paciencia e intuición. Se trata de descubrir los signos de esta misión y de destacar los puntos de convergencia existentes entre ellos. Es una tarea muy parecida a la composición de un mosaico. Mientras que el artista va uniendo unas a otras las pequeñas piezas de cerámica, el que lo observa en su trabajo no puede imaginarse el dibujo que saldrá. Pero a medida que el artista va juntando las piezas, el observador ve cómo surge poco a poco el motivo final.

Este capítulo y el siguiente sugieren ciertas estrategias orientadas a reconocer la misión propia. Puede suceder que baste con una sola. Pero habitualmente es preferible recurrir a varias estrategias. En efecto, de la convergencia de resultados surgirá una idea más precisa de la misión.

Pero no hay que engañarse. La misión propia no se inventa, hay que dejarla que sea ella misma la que se nos revele.

Las estrategias utilizadas para descubrirla no son más que medios para facilitar la reflexión y la meditación sobre las realidades interiores, como son las pasiones, las llamadas interiores, las visiones, las intuiciones, los entusiasmos, las fantasías, los sueños, los intereses, los deseos, los síntomas físicos, etc.

El descubrimiento de la misión propia no es, por tanto, fruto de una actividad puramente racional y no tiene ni su claridad ni su precisión. Nos lo recuerda Jack Kornfield: hemos de «entrar en diálogo con nuestro corazón» y plantearnos las verdaderas preguntas sobre cómo utilizamos nuestro tiempo, nuestras fuerzas, nuestra creatividad y nuestros amores. Trabajo de paciencia y de interioridad, en medio de dudas, de tiranteces, de alternancias de fervor y de miedo. Las estrategias orientadas a descubrir la misión propia no logran disipar todas las incertidumbres sobre el asunto ni nos eximen de asumir riesgos.

Tu historia es la matriz de tu porvenir

Tu vida en su conjunto

El pasado es anunciador del porvenir, y sus líneas directrices te ayudarán a descubrir tu misión. Recordando tu historia personal, te contarás el trabajo profundo de tu alma e irás tomando conciencia poco a poco de las llamadas interiores que con frecuencia quedan ignoradas u olvidadas. En inglés, «acordarse» se traduce por to remember y re-member significa «recolocar lo que había sido desmembrado o dispersado». Volver sobre tu historia te permite, por tanto, «recolocar» en un conjunto coherente los trozos del rompecabezas de tu vida: recuerdos dispersos, deseos insatisfechos, realizaciones y proyectos abandonados. Poco a poco empezaron a despuntar las inclinaciones de tu misión que, como ocurre con la costura de un vestido, aparece y desaparece a lo largo de tu historia.

Después de haber completado la reconstrucción de tu pasado, examinarás tus pasiones, tus tendencias, tus intereses persistentes, tus sueños realizados o abandonados. De esta forma podrás discernir mejor los impulsos y los esfuerzos de tu alma que intenta dar a luz su misión propia.

Los sueños de la adolescencia

Los sueños de juventud no realizados nos acosan continuamente.

(H. Jackson Brown)

La adolescencia es un periodo rico en intuiciones sobre el porvenir, como ha dicho el escritor Joseph Chilton Pearce en su obra Evolutions End: «Los adolescentes tienen la sensación de tener una grandeza única oculta dentro de ellos».

Es la edad de los héroes y heroínas. Por otra parte, tienen un miedo enorme a orientarse mal y a estropear su vida tan preciosa. A pesar de la fuerza de sus aspiraciones, se sienten con frecuencia incapaces de definir bien sus sueños de grandeza o se desaniman al no poder nunca realizarlos.

Decepcionados, algunos llegan hasta el suicidio. No es raro que sus sueños de juventud se evaporen bajo el peso de las preocupaciones cotidianas. Y es una pena, ya que disimulaban un presentimiento de su misión. Durante mi adolescencia, estaba claro que quería cuidar de los demás. ¿Qué tipo de cuidador? No lo sabía. Al terminar el preuniversitario -tenía entonces diecinueve años-, mis compañeros y yo decidimos revelar nuestras vocaciones escribiéndolas en la pizarra de nuestra clase. Yo escribí al principio médico; pero después de haber dado algunos pasos para regresar a mi sitio, me volví a la pizarra y añadí: médico de almas. En aquel momento estaba muy lejos de sospechar que ocuparía la mayor parte de mi vida en ser, como sacerdote y psicólogo, un médico de almas, en el plano de la salud a la vez física, emocional y espiritual.

Tu misión en la perspectiva de tu muerte

Las personas que han pasado por la experiencia de «volver a vivir después de una cierta muerte» cuentan casi siempre que revisionaron como en un relámpago toda su vida. Es el caso de un hombre que había sido declarado clínicamente muerto, pero reanimado, narró su experiencia: una luz celestial lo invadía de una inmensa felicidad; habría deseado de todo corazón seguir inmerso en ella, pero oyó una voz que le ordenaba volver a la tierra para terminar su misión de educador de niños. Una escritora, atea militante, vivió una aventura semejante; en el más allá donde tuvo la sensación de estar, se encontró con su padre que durante su vida había sido un creyente ejemplar y le pidió que volviera a la tierra para acabar su evolución espiritual.

(Escuchado/descargado 216 veces, 1 visitas hoy)
0
Descubrir más
Play Imagen Título
Programa