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Educación en la Nueva Era – Sistema Mundial  

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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Educación en la Nueva Era - Sistema Mundial  

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Reseña:


 

Sistema Mundial

 

Un sistema internacional de educación, desarrollado en conferencia conjunta por educadores dotados de amplitud mental y autoridades educativas en todos los países, constituye hoy una apremiante necesidad y proporcionaría un recurso principal para preservar la paz mundial. Ya se están dando pasos en esa dirección y hoy grupos de educadores están reuniéndose y discutiendo la formación de un sistema mejor que garantice que a los niños de las diferentes naciones (empezando por los millones de niños que ahora demandan educación) se les enseñará la verdad, sin parcialidad ni prejuicio. La democracia mundial tomará forma cuando los hombres en todas partes sean considerados en realidad como iguales; cuando se enseñe a niños y niñas que no tiene importancia si un hombre es asiático, americano, europeo, británico, judío o gentil, sino que cada uno tiene un trasfondo histórico y una historia que le permite contribuir con algo al bien de la totalidad, y que el requisito mayor es una actitud de buena voluntad y un constante esfuerzo para fomentar rectas relaciones humanas. Unidad Mundial será un hecho cuando se enseñe a los niños del mundo que diferencias religiosas son mayormente una cuestión de nacimiento… Aprenderá que la mayoría de las diferencias religiosas son mayormente el resultado de polémicas provocadas por el hombre acerca de interpretaciones humanas de la verdad. De este modo, gradualmente, nuestras polémicas y diferencias serán contrarrestadas y suplantadas por la idea de la Humanidad Una.

Habrá que poner mucho mayor cuidado en la selección y entrenamiento de los educadores del futuro. Sus logros mentales y su conocimiento de su tema particular será de importancia, pero más importante todavía será la necesidad de que estén libres de prejuicio y ver a todos los hombres como miembros de una gran familia. El educador del futuro deberá tener un mayor entrenamiento sicológico que el educador actual. Además de impartir conocimiento académico, se percatará de que su tarea principal es evocar de sus estudiantes un sentido real de responsabilidad; no importa lo que tenga que enseñar —historia, geografía, matemáticas, idiomas, ciencia en sus diversas ramas o filosofía—, todo lo relacionará con la Ciencia de Rectas Relaciones Humanas y tratará de dar una perspectiva más verdadera que en el pasado a la organización social.

Cuando la juventud del futuro —aquellos que se están educando con los principios propuestos— sea civilizada, culta y con capacidad de respuesta a la ciudadana mundial, tendremos un mundo de hombres despiertos, creadores y poseedores de un verdadero sentido de los valores, con una mirada sólida y constructiva sobre los asuntos mundiales. Ocasionar esto llevará mucho tiempo pero no es imposible, como la historia misma lo ha probado.

Sólo será sentido común, sin embargo, darse cuenta de que esta integración no es posible para todo estudiante que pasa por las manos de nuestros educadores. Todos, sin embargo, no importa cuál sea su capacidad inicial, pueden ser entrenados en la Ciencia de Rectas Relaciones Humanas y de este modo responder al objetivo mayor de los sistemas de educación venideros. Indicios de esto pueden ser vistos en todas partes pero hasta ahora el énfasis no está puesto en ello cuando se entrena a maestros o se influencia a padres. Mucho, muchísimo, han hecho los esclarecidos grupos de hombres en todos los países, y lo han hecho a medida que estudiaban los requisitos de la ciudadanía, mientras emprendían trabajo de investigación conectado con las correctas relaciones sociales (comunales, nacionales e internacionales) y mediante las numerosas organizaciones que están tratando de aportar a la masa de seres humanos un sentido de responsabilidad por la felicidad humana y el bienestar humano. Sin embargo, el trabajo real en estas líneas debería comenzarse en infancia para que la conciencia del niño (tan fácilmente dirigida) pueda, desde sus primerísimos días, asumir una actitud altruista hacia sus asociados. Esto puede comenzarse sencillamente si los padres así lo desean; puede llevarse adelante progresivamente si padres y maestros demuestran en sus propias vidas lo que enseñan.

 

Finalmente llegará el momento en que, bajo estas condiciones, en las postrimerías de la adolescencia, una crisis necesaria y planeada se precipitará en la vida del joven; entonces se estabilizará en la manera particular en que el destino ordena que él debe cumplir su tarea de recta relación por medio de servicio vocacional.

Lo que debe hacerse ahora es trabajo puente —puenteo entre lo que hoy es y lo que puede ser en el futuro. Si  durante los próximos 150 años desarrollamos esta técnica de puentear los muchos clivajes que se encuentran en la familia humana, y contrarrestar los odios raciales y las actitudes separativas de naciones y personas, habremos logrado implementar un mundo donde será imposible la guerra y la  humanidad se estará realizando como una sola familia humana y no como un beligerante conglomerado de muchas naciones y personas, competitivamente involucradas en obtener lo mejor de cada una de las otras fomentando exitosamente prejuicios y odio. Como hemos visto, tal es la historia del pasado. Al hombre se lo ha desarrollado, desde un animal aislado, impulsado sólo por los instintos de auto-preservación, alimentación y procreación, a través de las etapas de vida familiar, vida tribual y vida nacional, hasta el punto en que hoy capta un ideal aún más amplio —unidad internacional o el buen funcionamiento de la Humanidad Una. Este creciente idealismo se está abriendo camino hacia el primer plano de la conciencia humana pese a todas las enemistades separativas. Ello en gran parte es responsable del caos actual y de la asociación de las Naciones Unidas. Ha producido las ideologías en conflicto que están buscando expresión mundial; ha producido el dramático surgimiento de (así llamados) salvadores nacionales, profetas mundiales y trabajadores mundiales, idealistas, oportunistas, dictadores, investigadores y humanitarios. Estos idealismos en conflicto son un signo saludable, estemos de acuerdo con ellos o no. Definitivamente están explotando la demanda humana —urgente y justa— por mejores condiciones, por más luz y comprensión, por mayor cooperación, por seguridad, paz y abundancia en lugar de terror, temor y hambre.

Es difícil para el hombre moderno concebir un tiempo en que no haya presente en el pensamiento humano ninguna conciencia racial, nacional o religiosa separativa. Fue igualmente difícil para el hombre prehistórico concebir un tiempo en que hubiera pensamiento nacional y esto es bueno que lo tengamos en mente. El tiempo en que la humanidad sea capaz de pensar en términos universales todavía está muy por delante, pero el hecho de que podamos hablar de ello, desearlo y planearlo, seguramente es la garantía de que no es imposible. La humanidad siempre ha progresado de una etapa de esclarecimiento a otra y de gloria en gloria. Actualmente nos encaminamos hacia una civilización mucho mejor que la que el mundo ha conocido, y hacia condiciones que asegurarán una humanidad mucho más feliz y que verá el fin de las diferencias nacionales y distinciones de clase (basadas en un estatus hereditario o económico) y que asegurarán una vida más plena y más rica para todos.

 

 

 

Extraído de “Educación en la Nueva Era”. Alice Ann Bailey  

 

 

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