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El acercamiento de Luna Llena – Virgo

Programa: La voz del silencio


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El acercamiento de Luna Llena - Virgo

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El momento de la luna llena es el período en que las energías espirituales están singularmente disponibles y facilitan un contacto más íntimo entre la humanidad y la Jerarquía. Cada mes las energías que afluyen traen las cualidades específicas de la constelación que influye al mes particular; estas energías, actuando secuencialmente sobre la humanidad, establecen los “atributos divinos” en la conciencia del hombre.

Como aspirantes y discípulos, nosotros buscamos canalizar el influjo espiritual dentro de la mente y el corazón de los hombres, y así fortalecer la unión entre el reino humano y el reino de Dios.

La entrada al Sendero de Acercamiento es posible para los individuos, los grupos y la humanidad como un todo. Las energías usual o normalmente no conectadas, pueden ser aprehendidas y utilizadas en el momento de estos Acercamientos, siempre que se haga grupalmente. De esta manera el individuo, el grupo y la humanidad son enriquecidos y vitalizados.

El espíritu en el hombre es imperecedero; perdura, progresando de un punto a otro y de una etapa a otra en el Sendero de Evolución, desarrollando constante y secuencialmente los atributos y aspectos divinos. Esta verdad necesariamente involucra el reconocimiento de dos grandes leyes naturales: la Ley de Renacimiento y la Ley de Causa y Efecto. Las iglesias en Occidente rehusaron oficialmente reconocer la Ley de Renacimiento y de este modo de desviaron hacia un impasse teológico y hacia un callejón del cual no hay salida posible. Las iglesias en Oriente han recalcado excesivamente estas leyes, de manera que una actitud negativa e inactiva hacia la vida y sus procesos, basada en la oportunidad constantemente renovada, controla a la gente. El cristianismo ha recalcado la inmortalidad pero hizo que la felicidad eterna dependa de la aceptación de un dogma teológico: Profesa la verdadera fe cristiana y vive eternamente en un fastuoso cielo; rehúsa aceptar la fe cristiana (o sea, ser un cristiano profesional negativo) y ve a un infierno imposible —un infierno surgido de la teología del Antiguo Testamento y su presentación de un Dios lleno de odio y envidia. Ambos conceptos son hoy repudiados por toda la gente sana, sincera, reflexiva. Nadie con cualquier verdadero poder de razonamiento o con cualquier verdadera creencia en un Dios de amor acepta el cielo de los eclesiásticos ni tiene deseo alguno de ir allí. Aceptan todavía menos el “lago que arde con fuego y azufre” o la eterna tortura a la cual un Dios de amor se supone que condena a todos los que no creen en las interpretaciones teológicas de la Edad Media, de los fundamentalistas modernos o de los eclesiásticos irrazonables que procuran —mediante doctrina, temor y amenaza— mantener al pueblo en línea con la vieja enseñanza obsoleta. La verdad esencial reside en otra parte. “Lo que el hombre siembre, eso cosechará”, es la verdad que necesita re-acentuarse. En estas palabras, San Pablo nos expresa la antigua y verdadera enseñanza de la Ley de Causa y Efecto, denominada en Oriente la Ley del Karma. A esto agrega en otro lugar el mandamiento “labra tu propia salvación” y —como eso contradice la enseñanza teológica y sobre todo no es posible hacerlo en una sola vida— implícitamente respalda la Ley de Renacimiento y hace de la escuela de la vida una experiencia constantemente recurrente hasta que el hombre ha cumplido el mandato del Cristo (y esto se refiere a todos los hombres): “Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre en el Cielo es perfecto”. Por el reconocimiento de los resultados de la acción —buenos o malos— y por el constante revivir en la tierra, el hombre alcanza finalmente “la medida de la estatura de la plenitud del Cristo”.

Luego no necesita ni cielo ni infierno. Él ha alcanzado la vida eterna y el derecho de no retornar jamás a la experiencia de la vida en la tierra. Él ahora es miembro pleno y consciente de esa Jerarquía espiritual a la que el creyente cristiano ha dado el nombre de “Cristo y Su Iglesia”, pero que todas las religiones del mundo conocen bajo varios nombres diferentes. Esta inmortalidad, esta persistencia eterna y esta posibilidad de una perfección última está garantizada por la divinidad del hombre, por su inherente relación con Dios trascendente porque ha llegado al conocimiento de Dios inmanente (“Cristo en él la esperanza de gloria”) y por el hecho también de que Cristo, como hombre, llegó a una plena expresión de esa divinidad. Esta doctrina de la innata divinidad del hombre —no de una divinidad impuesta en virtud de la muerte de Cristo en la cruz ni de una divinidad aceptada como un don gratuito porque el creyente ha aceptado cierta doctrina teológica— es la esperanza de las iglesias; en este reconocimiento se encuentra la regeneración de su enseñanza.

El hecho de esta divinidad innata explica el impulso en el corazón de todo hombre por mejorar, por adquirir experiencia, por progresar, por una realización creciente y por su constante marcha hacia la lejana cumbre que ha visualizado. No hay otra explicación a la capacidad del espíritu humano para surgir de la oscuridad, del mal y de la muerte, y entrar en la vida y el bien. Este surgimiento ha sido la historia infalible del hombre. Algo siempre está ocurriéndole al alma humana que proyecta al hombre más cerca de la fuente de todo bien, y nada puede detener este progreso en el acercamiento a Dios. La tónica de la nueva religión mundial, según trataré de mostrar, es el texto: “Acércate a Dios y Él se acercará a ti”. Este acercamiento desde ambas partes en la gran Relación, seguramente será parte de la revelación venidera, porque sus implicaciones son fundamentales y resumen todo lo que es de vital importancia para el espíritu humano.

Los “acercamientos” que tienen lugar entre el alma y la personalidad son los procesos de relación en los períodos de transición. En lo que respecta a la raza, se denominan los Grandes Acercamientos de la Jerarquía y representan el alma de la humanidad dentro de la forma racial. El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo es ese organismo de hombres y mujeres que han respondido a uno de estos acercamientos mayores. Realizado esto, se convierten en un grupo puente o conector entre la Jerarquía y la raza, facilitando así la tarea de la Jerarquía planetaria.

Recién ahora es posible revelar estos Acercamientos mientras se están realizando.

Hoy, a medida que el séptimo rayo venga a la manifestación, veremos facilitado los acercamientos entre los dos reinos superiores, de los hombres y de las almas, a medida que el trabajo mágico de producir y establecer relación comience a progresar como se desea. La tarea del Rayo de Orden Mágico será desarrollar la sensibilidad hacia uno de esos Acercamientos mayores que actualmente se intenta realizar. Sólo a medida que trascurra la historia y cuando conozcamos más adelante la asombrosa naturaleza de la época por la que la raza está pasando, la humanidad podrá apreciar el significado de la tarea actual de la Jerarquía y la magnitud del éxito alcanzado desde 1925, como resultado del impulso iniciado e instituido en 1875.

Todo es cuestión de dónde se halla el centro de la atención.

[Bibliografía: Los Problemas de la Humanidad (edición Completa del original 1947-2014), y Sicología Esotérica II (de Alice Bailey libros azules de Fundación Lucis, Buenos Aires, Argentina)]
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