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Reseña:
La mente que ha llegado a ese punto no dice: «¿Cómo voy a morir al pasado, cómo voy a morir a los recuerdos que he tenido, a mi deseo de satisfacción personal, con sus placeres, frustraciones y su dolor?». No pregunta por un método, ve la necesidad de ser nueva; y tiene que afrontarlo, tiene que habérselas con ello.
Para rechazar un placer sin la motivación de un placer mayor, para morir por completo a ese placer, hace falta un darse cuenta que es inteligencia. Esa inteligencia sobreviene cuando se comprende que debe ser una mañana nueva, y no la tarde de ayer trasladada a esta mañana. Cuando eso está absolutamente claro, lo demás fluye con facilidad. Uno puede tener experiencias sin que dejen huella, siempre que haya rechazado toda forma de placer y, por lo tanto, de dolor y de sufrimiento, ya que ese rechazo es un darse cuenta de la estructura íntegra del placer y el dolor. De ese darse cuenta nace una energía que es inteligencia.
Una motivación tiene cierta energía, pero su calidad no es la misma que la de la inteligencia, porque únicamente el darse cuenta plenamente y sin elección del placer y del dolor trae orden y esa energía que es la inteligencia. La inteligencia siempre está vacía, y por eso la energía, que es inteligencia, es en esencia sencilla. La sencillez se ha convertido en una palabra tan tendenciosa que ha perdido totalmente su significado. Santos, monjes e instructores han limitado la sencillez a cuestiones tan vu Igares como las relacionadas con el dinero, el vestido y los alimentos. Para ellos, la sencillez consiste en tener poca ropa y tomar una comida al día, salpicado todo ello de algunos milagros. Los milagros son la cosa más fácil de hacer. Si es usted muy sencillo y enfoca esa sencillez en cierta dirección, podrá hacer milagros. Ya se ha hecho. Este halo sorprendente se da inútilmente. Pero la verdadera sencillez es algo enteramente distinto. Tiene uno que ser extraordinariamente sencillo; y no sólo con respecto a la vestimenta, el alimento y el albergue.
Donde hay inteligencia y, consiguientemente, energía, y el individuo vive en un estado de completo vacío o soledad, esa inteligencia funciona siempre con los hechos y, por lo tanto, es sencilla. No tiene opiniones ni dogmas sobre el hecho. Sólo existe el hecho, lo que es. El espacio entre el hecho y la imagen, la fórmula, las opiniones que tenemos sobre el hecho, son un derroche de energía. Éste es el último diálogo, de modo que profundice usted en él, empápese de él para que su mente, toda su energía se vuelva asombrosamente vital e inteligente, y, en consecuencia, extraordinariamente sencilla. Esa sencillez es el estado en el que no hay espacio entre el observador y el hecho. Sólo existe el hecho, lo que es, ya sea doloroso o placentero; ¡
Vemos todo eso, y uno pregunta a continuación: «¿Es posible entonces vivir en este mundo, ir al trabajo, tener una familia, salir de vacaciones, hacer todo lo que uno hace…, es posible vivir y, sin embargo, tener esta inteligencia funcionando todo el tiempo?». Pero ésta es una pregunta equivocada; no es una pregunta sencilla , sino que está basada en el deseo de placer. Si preguntase usted en cambio: «¿Puedo afrontar cada día el hecho, lo que es, sin que haya un intervalo entre el hecho y yo?», entonces eso tendría sentido. Si usted pregunta: «¿Puedo mantener este sentido de inteligencia todo el tiempo?», está usted haciendo la pregunta errónea.
A lo que ha llegado usted ahora es al hecho real, a lo que es, a la experiencia. Está exigiendo a la mente a mirarla como es, y no a través de sus opiniones e ideas, pues sus opiniones e ideas producen la experiencia con respecto al hecho. Pero cuando ve el hecho como tal, como lo que es, no hay experiencia. Si estoy encolerizado, estoy encolerizado. Es un hecho. Es así. Pero en el momento que digo: «No debo sentir esto, es una barbaridad; no es bueno para mi salud, para mi hígado, para mi corazón ni para mi vida espiritual», entonces estoy empezando a experimentar dentro del campo que no pertenece para nada a los hechos. ¡Qué extraordinario es que una mente pueda mirar un hecho, lo que es, sin ningún sentido de experiencia! Es decir, si yo soy un mentiroso, mirar el hecho sin ninguna explicación, justificación, sin ninguna condena. La mente que se entrega a la explicación, la justificación, la condena -todas las cuales se basan en el pasado, en el placer, el dolor y el recuerdo-, ésa es la mente que experimenta, no la que afronta el hecho de que se está engañando.
¿Qué muestra el hecho de que estoy diciendo una mentira? ¿Encierra esto algún enigma? Digo una mentira porque estoy atemorizado. Manténgalo en un nivel muy sencillo. El hecho es el temor, y no el mentir; es el miedo lo que me ha hecho decir una mentira. El hecho, lo que es, es el miedo, y me digo que debo liberarme de él, porque no me agrada, causa trastorno, vuelve a la mente obtusa, pesada y astuta. Por tanto, trato de desecharlo, lo cual es un esfuerzo inútil, mientras que el hecho es el temor. Cualquier acción, cualquier movimiento, en cualquier dirección, con relación al temor es un derroche de energía; el intervalo, el espacio entre el observador que dice: «Tengo miedo», y el miedo es también un desperdicio de energía. ¿Puede la mente, sin ningún movimiento, permanecer con el miedo? Temo a la muerte o una docena de cosas distintas, ¿Puede la mente estar con ese temor sin moverse? ¿Puede darse cuenta de toda la estructura del temor sin tratar de condenarlo, de traducirlo o justificarlo? ¿Puede darse plena cuenta de él, de modo que no haya movimiento y, por lo tanto, haya una energía que es inteligencia? Si existe esta completa percepción no hay temor.
No se trata de mantener un estado mental exento de miedo. Quizá tenga miedo mañana, o en el instante próximo; pero si afronto ese temor ahora, de modo total, dándome cuenta de manera completa, pasiva, sin elección, hay una energía que es inteligencia, y por tanto no hay temor.
¡No trate usted de aprender la treta! No es un truco. Si trata usted de aprender el ardid y lo aplica para liberarse del temor, ¡adiós!, nunca lo conseguirá. Pero si lo ve en su totalidad, no habrá miedo. No se puede practicar el darse cuenta ni exigir su continuidad. Uno no puede reclamar ni practicar, porque la mente sólo es inteligente mediante la percepción.
La siguiente pregunta es: ¿puede una mente encontrarse en un estado en el que no tengan sentido las experiencias: las visiones, lo que la gente dice, lo que no dice, tanto si está hablando como si no lo está, tanto si escribe como si no escribe, si es famoso como si no lo es? Si uno no ha comprendido por §ompleto la primera pregunta -la necesidad de tener una mente fresca, limpia- si no ha penetrado en ella a fondo, no podrá responder a la siguiente; porque la segunda, la de si es posible vivir en el mundo sin experiencias que dejen una señal, surge naturalmente de la primera.
Creemos que el darse cuenta es algo que ha de mantenerse, pero cualquier cosa que tenga continuidad deja de ser nueva. De lo que hablamos es de una mente que sea nueva, altamente inteligente; inteligente porque comprende, y porque la comprensión es la energía que crea esa inteligencia. Cuando uno haya vivido de esa manera, la atención, el darse cuenta pueden echarse a dormir, pueden permanecer en calma; y, cuando sea necesario, uno actuará desde ese estado de inteligencia.
En cambio, si dice usted: «Tengo que mantener esto de manera constante», habrá retrocedido a donde estaba; nunca habrá mía mente nueva. La mente nueva no es una idea; es un hecho, pero sólo cuando hemos comprendido la estructura y la naturaleza del placer, que es el criadero del dolor. Tiene uno, pues, que empezar muy cerca. El primer paso, que está realmente cerca, es el dolor y el placer en las pequeñas cosas, no en vastas, enormes ideas. Avanzando desde ahí, descubrirá por sí mismo si una mente puede vivir en este mundo, funcionar, ir al trabajo y hacer todo lo demás, y estar tan enormemente despierta que no necesite experiencia alguna. Sólo una mente así es inocente. La inocencia es la más elevada forma de sencillez. Ln esa mente que es inteligente por completo y en la que hay una energía que está en silencio porque la energía que no sea silenciosa nunca puede ser inteligente hay un movimiento del todo distinto. Pero eso se vuelve especulativo y, por tanto, inútil, si uno no ha pasado primero por esto y tiene una mente tan viva que no necesite ninguna experiencia.
J.Krishnamurti
Del Libro : El Arte de Aprender Juntos .
Saanen, 10 de agosto de 1965




