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Educación en la Nueva Era – El Ángulo de Paternidad

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Educación en la Nueva Era - El Ángulo de Paternidad

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Reseña:


 

El Ángulo de Paternidad

 

El primer grupo del cual cualquier niño individual deviene normalmente consciente es el grupo familiar como una unidad en la comunidad. En esa relación grupal particular, a través de las épocas (tanto simbólicamente como ciertamente de hecho), se preservan y desarrollan los siguientes factores —subyacentes en la estructura misma de la mismísima existencia— y son mantenidos ante la raza como eso que es en última instancia ideal:

  1. El reconocimiento de estatus jerárquico, que es, en el último análisis, la relación de lo menor con lo mayor, de lo más débil con lo más fuerte y de lo más experimentado con lo menos experimentado. Así se desarrolla el sentido de protección, que es la elaboración de una forma del aspecto amor en el universo.
  2. El reconocimiento de responsabilidad, heredada, aplicada o asumida. Esta es la relación del mayor con el más joven, del sabio con el ignorante. Así se desarrolla la necesidad de proporcionar oportunidad para el desenvolvimiento del conocimiento.
  3. El reconocimiento de la facultad de perdón, que es, o más bien debería ser, la expresión de la relación entre unidad y unidad dentro del grupo mayor, o de grupo y grupo dentro de un todo aún mayor. El perdón es esencialmente el proceso por el cual cada uno da a cada uno en líneas síquicas, y es una de las expresiones rudimentarias de la cualidad de auto-sacrificio que, a su vez, es un aspecto de la naturaleza voluntad de la Deidad. No obstante hallarse relacionado con la vida monádica o vida voluntad, todavía es completamente mal comprendido y malinterpretado. Es en realidad el sentido de síntesis o de identificación y de “uno para todos y todos para cada uno”. Este sentido está siendo desarrollado hoy como nunca antes, pero todavía es tan embrionario que las palabras no ayudan a explicarlo. Esta facultad de perdón no es una forma de olvido magnánimo u omisión, ni es un gesto de superioridad por el cual se hace borrón y cuenta nueva. Es el aliento mismo de la mismísima vida —la dación de todos a todos y para todos.
  4. El reconocimiento de interacción grupal dentro de la relación mundial mayor —justa, armoniosa y rítmicamente. Es el sentido de rectas relaciones, conscientemente llevadas adelante y armónicamente desarrolladas.

 

En el período que está llegando, y bajo la influencia de la nueva educación, estos cuatro reconocimientos básicos serán inculcados y enseñados a todo niño en la escuela e instituto. De ese modo gobernarán y desarrollarán la nueva forma de unidad familiar que debe inevitablemente llegar a existir.

 

El grupo familiar (como todo lo demás en los asuntos humanos) ha participado de la general separatividad, egoísmo y exclusividad individual, aislada, basada en distinciones de clase, tradición heredada, actitudes raciales y costumbre nacional. Las familias (de cualquier rango y categoría) presentan ante el mundo un frente unido; los padres defienden a sus propios hijos y su posición y situación, con razón o sin ella; orgullo, tradición y pedigrí familiar se exageran, conduciendo a las diferentes barreras que hoy separan a un hombre de otro, una familia de otra y un grupo de otro. El aferramiento del pasado sobre las familias es un factor que en gran parte es responsable de la rebelión de la juventud moderna contra el control parental, aunque otros factores —tales como la rebeldía contra la religión impuesta por la fuerza y viejas y gastadas normas y filosofías— son igualmente responsables.

 

Sin embargo, bajo el orden mundial venidero, los educadores prepararán a los jóvenes en la escuela y la universidad para participar en una activa y conscientemente conciencializada vida grupal. Para esto se los preparará entrenándolos en el reconocimiento de los cuatro factores que he señalado como esenciales para el progreso humano en este momento. Cuando estos sean captados y practicados, producirán las necesarias correctas relaciones y finalmente un mundo armonioso.

Jerarquía, responsabilidad, interacción grupal y perdón o sacrificio —estas son las cuatro categorías de reconocimiento que permitirá a cada persona desempeñar su parte y participar en el tendido del puente entre persona y persona, entre grupo y grupo y entre nación y nación, estableciendo así ese nuevo mundo de reconocidas relaciones colectivas que eventualmente producirá la civilización de luz y amor que será característica de la Era Acuariana.

Estos cuatro conceptos son los que radican detrás de la Ciencia del Antakarana, de la Ciencia de Meditación y de la Ciencia de Servicio. Sus connotaciones no deben interpretarse en sentido sentimental alguno, ni como se expresan las ideas corrientes, sino siempre desde el ángulo de una inteligencia entrenada y de una conciencia espiritualmente desarrollada.

Aquí por supuesto me resulta imposible hacer más que indicar la base de la nueva educación que preparará a la juventud del mundo para las responsabilidades y deberes de paternidad. El problema entero está vinculado con el del sexo y también con el problema del estado y su control, mucho más de lo que generalmente es admitido. Esos son dos problemas que sólo están surgiendo ahora en su significación plena, y de ellos no puedo ocuparme aquí. Paternidad es el resultado, y el resultado ordenado, de la relación de dos cuerpos animales, y quisiera que reflexionaran —aunque ineficazmente— sobre las implicaciones grupales más amplias de esta afirmación. Paternidad es lo que hace posible un estado, una nación y un grupo, en lo que a manifestación concierne, y aquí nuevamente la vastedad del problema es abrumadora. Paternidad tiene también una estrecha relación simbólica con la Jerarquía, pues la unidad familiar es el símbolo sobre la tierra de la Jerarquía, y es a través de los dos hechos de relación sexual y nacimiento físico, que la vasta Jerarquía de Almas puede lograr manifestación física y obtener perfección espiritual en los tres mundos de evolución humana.

La idea de generación, nacimiento y subsiguiente manifestación corre como un hilo conductor a través de todo pensamiento esotérico. Los antiguos instructores de la raza, enviados por la Jerarquía de vez en cuando, emplearon siempre el simbolismo de proceso natural para ilustrar y aclarar la instrucción necesaria y sentar ese fundamento espiritual de la verdad que, en la era venidera, llevará a la raza hacia nuevos caminos y una nueva manera de pensamiento. Para el esoterista, está el proceso de nacimiento en la oscuridad de la encarnación física que —a su vez— es el proceso preparatorio preordinado que conduce al nacimiento en la luz, llevado adelante en la luz y produciendo la exteriorización del cuerpo de luz. Este proceso continuo (pues en todas las épocas este nacimiento en la luz ha estado avanzando) producirá ese futuro mundo de luz que los procesos naturales de evolución tienen como propósito revelar. Este es el “segundo nacimiento” mencionado en el Nuevo Testamento, en el cual un hombre “nace de nuevo” en el mundo de luz y amor.

 

 

 

Extraído de “Educación en la Nueva Era”. Alice Ann Bailey

 

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