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El trabajo de Buena Voluntad

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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El trabajo de Buena Voluntad

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Escrito en Abril de 1940

Antes de Septiembre de 1939, los objetivos de nuestro trabajo mundial, durante un período de nueve años, fueron: difundir buena voluntad mundial, descubrir a los hombres y mujeres de buena voluntad en todo el mundo y esforzarnos por enseñar el significado de la voluntad-al-bien. Esta es la principal tarea del nuevo grupo de servidores del mundo. Nosotros inculcamos una actitud no separativa y la necesidad de rectas relaciones humanas. Tratamos de aclarar que formas de gobierno que difieren y sistemas ideológicos que varían eran correctos y posibles, siempre que los seres humanos vivieran unidos en buena voluntad y reconocieran su hermandad de sangre.

Entonces la humanidad decidió luchar y la guerra estalló: un grupo, los instigadores de la guerra, luchando por adquirir poder material, la gloria de una nación y la subyugación de los indefensos; y el otro, luchando por preservar su propia libertad de acción, la preservación de su integridad, el derecho de las pequeñas naciones y los valores espirituales. Inmediatamente, la cuestión fue sumamente clara en las mentes de quienes estaban en contacto con los asuntos humanos; inmediatamente ciertas naciones se pusieron en contra de las fuerzas de la agresión; inmediatamente, otras naciones, sesgadas por similares ideologías distorsionadas y propósitos igualmente egoístas, se pusieron de parte de la nación agresora; inmediatamente, el pánico arrastró a las naciones restantes, que se refugiaron en miope neutralidad y programas de defensa —una neutralidad y programas que probaron ser bastante inútiles para protegerlas.

¿Dónde, entonces, debía ubicarse el nuevo grupo de servidores del mundo? ¿Qué debían hacer los hombres y mujeres de buena voluntad? ¿Debían estar a favor de las potencias totalitarias porque así pondrían más rápidamente fin al conflicto, o debían estar de parte de las potencias neutrales, persiguiendo frenéticamente programas de paz ineficaces, políticas de apaciguamiento, y servírselo en bandeja a las potencias totalitarias?

Habiendo decidido la humanidad librar la batalla físicamente, nada quedaba por hacer excepto lanzar un desafío a los hombres y mujeres de buena voluntad a ponerse a favor de una acción tal que liberaría a la humanidad mediante la destrucción de las fuerzas del mal. Estas habían determinado demostrar que el poder tenía la razón. Por lo tanto, las fuerzas que luchaban por el progreso y la civilización tuvieron que enfrentarse a la fuerza con la fuerza.

El desafío fue aceptado por las democracias que representan derechos y libertad humanos. Debido a la decisión de luchar a favor del progreso espiritual, las fuerzas espirituales del planeta no tuvieron otra alternativa que alinearse a favor de las democracias aliadas y esforzarse por despertar a las naciones neutrales acerca de la cuestión. Se alinearon en contra de los líderes de las naciones agresoras, aunque no en contra de sus pobres pueblos engañados o subyugados. Ellos también deben ser liberados por las democracias aliadas.

Sobre la base de una activa voluntad-al-bien, los hombres y mujeres de buena voluntad, actuando bajo la inspiración del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo, no tuvieron otra alternativa que ponerse del lado de las fuerzas espirituales y unirse a la lucha por la liberación de la humanidad de las ambiciones totalitarias y las intenciones de un grupo de hombres malignos. Pero el espíritu de buena voluntad debe ser, firme e invariablemente, el impulso motivador. No debe permitirse que ingrese odio alguno. El mayor bien del mayor número radica hoy en la liberación de las naciones de la dominación de los poderes totalitarios.

La Posición Pacifista

El segundo punto que quisiera tocar son los argumentos expuestos por los pacifistas del mundo. Todas las personas leales y buenas son de mentalidad pacífica y todas odian la guerra. Este es un hecho que el idealista y pacifista académico olvida a menudo. Estas personas dicen que dos errores no hacen un acierto, y responder al asesinato con el asesinato (que es su definición de la guerra) es pecaminoso; que la guerra es mala (lo cual nadie niega) y que uno no debe tomar parte en ella. Sostienen que con pensamientos de paz y de amor se puede enderezar al mundo y finalizar la guerra. Tales personas, luchando contra el hecho existente de la guerra, generalmente hacen poco o nada concreto para corregir los errores que son responsables de la guerra, y permiten que su defensa —personal, municipal, nacional e internacional— sea emprendida por otros. La sinceridad de estas personas no puede ser cuestionada.

Debería recordarse, contrarrestando estas ideas y justificando el espíritu de lucha de las democracias cristianas, que motivo es lo que cuenta. La guerra puede ser y es un asesinato en masa, donde el motivo es erróneo. Puede ser sacrificio y correcta acción, donde el motivo es correcto. Matar a un hombre en el acto de asesinar a los indefensos, no se lo considera homicidio. El principio sigue siendo el mismo, ya se trate de asesinar a un individuo que comete homicidio, o luchar contra una nación que le hace la guerra a los indefensos. Los medios materiales, que el mal usa para fines egoístas, también pueden ser empleados para buenos propósitos. La muerte del cuerpo físico es un mal menor que el retroceso de la civilización, el desbaratamiento de los propósitos divinos del espíritu humano, la negación de toda enseñanza espiritual y el control de las mentes y libertades de los hombres. La guerra siempre es mal, pero puede ser el menor de dos males, como sucede hoy.

La guerra actual, si se la lleva adelante hasta una compleción exitosa por la derrota de las potencias totalitarias, constituye un mal mucho menor que la subyugación de muchas naciones a la codicia sin precedentes, los espantosos procesos educativos y las potencias del Eje desafiando a todos los valores espirituales reconocidos. Si las potencias totalitarias triunfaran, ello significaría años de desorden y revuelta; su victoria resultaría en indecible miseria.

Sin duda es una verdad espiritual innegable que recto pensamiento puede cambiar y salvar al mundo, pero también es verdad que no hay suficientes personas capaces de pensar para hacer este trabajo. Además, no hay tiempo suficiente en el cual hacerlo. Los pensamientos de paz están principalmente fundados en un idealismo obstinado que ama al ideal más que a la humanidad. También están basados en un temor a la guerra no reconocido y en una inercia individual que prefiere el mundo de ensueño quimérico antes que asumir la responsabilidad por la seguridad de la humanidad.

Así brevemente he tratado de aclarar la posición del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo al luchar por los derechos del hombre, por el futuro espiritual de la humanidad y por el nuevo orden mundial.

I. El mundo como existe hoy. La situación actual es resultado de tendencias pasadas, de presiones subyacentes y de decisiones humanas.

II. El nuevo orden mundial. Lo contrastaremos con el orden antiguo y con el así llamado “nuevo orden” de las potencias totalitarias.

III. Algunos problemas involucrados. Cuatro problemas mundiales mayores exigen discusión, y los debemos considerar.

IV. La tarea por delante. Luego nos ocuparemos del intervalo hasta que se logre paz además de algunas sugerencias para el venidero período de reconstrucción.

La Exteriorización de la Jerarquía, Alice A. Bailey, ediciones Fundación Lucis

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