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Las Reglas del Camino / El Peregrino que Escucha

Programa: Las Reglas del Camino / El Peregrino que Escucha


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Las Reglas del Camino / El Peregrino que Escucha

Reflexión sobre los Libros Azules

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Breve y sucintamente, ¿qué son estas reglas del Camino? Permítanme darles seis de las reglas más simples, rogándoles recordar que no son impuestas autoritariamente por una arbitraria Junta de Directores, tal como un instructor o instructores de grupo (de los cuales, por supuesto, yo podría ser uno), sino que son el resultado de las  condiciones que se encuentran sobre el Sendero mismo. Llevan la garantía de la propia alma de un hombre y son el resultado de la experiencia de millones de viajeros sobre ese Sendero.

  1. El Camino es hollado a plena luz del día, arrojada sobre el Sendero por Aquellos que saben y guían. Nada entonces puede ser escondido, y en cada curva, un hombre debe enfrentarse a sí mismo.
  2. Sobre el Camino lo oculto queda revelado. Cada uno ve y conoce la villanía de cada uno. (No puedo encontrar ninguna otra palabra, hermano mío, para traducir la antigua palabra que designa la estupidez no revelada, la vileza y crasa ignorancia, y el propio interés, que son características distintivas del aspirante medio). Y sin embargo, con esa gran revelación, no hay vuelta atrás, ni desdeñarse uno al otro, y ninguna inestabilidad sobre el Camino. El Camino avanza hacia el día.
  3. Sobre ese Camino uno no deambula solo. No hay apuro alguno, ninguna prisa. Y sin embargo no hay tiempo que perder. Cada peregrino, sabiendo esto, apresura sus pasos y se encuentra rodeado por sus semejantes. Algunos se mueven adelante, él los sigue. Algunos se rezagan, él marca el paso. No viaja solo.
  4. Tres cosas debe evitar el Peregrino. Usar una capucha, el velo que oculta su rostro a otros; llevar un cántaro de agua que sólo contenga lo suficiente para sus propias necesidades; cargar un bordón sin cayado para contener.
  5. Cada Peregrino en el Camino debe llevar consigo lo que necesita; un brasero, para dar calor a sus semejantes; una lámpara, para arrojar sus rayos sobre su corazón y mostrar a sus semejantes la naturaleza de su vida oculta; un monedero de oro, que no esparce sobre el Camino sino lo comparte con otros; una vasija sellada, en la que lleva toda su aspiración para arrojarla ante los pies de Aquel que espera darle la bienvenida en la puerta —una vasija sellada.
  6. El Peregrino, a medida que recorre el Camino, debe tener el oído abierto, la mano dadivosa, la lengua silenciosa, el corazón casto, la voz áurea, el pie rápido y el ojo abierto que ve la luz. Él sabe que no viaja solo.

EL PEREGRINO QUE ESCUCHA

Escucha, oh Peregrino, la entonación de la Palabra por los grandes Señores Deva. Acalla toda vibración terrena, inmoviliza los inquietos esfuerzos de la mente inferior, y con intención atenta escucha los sonidos que se elevan hasta el trono del Logos. Sólo los puros de corazón pueden oír, sólo los gentiles pueden responder.

Los tormentosos sonidos de toda lucha terrena, la aguda vibración de la esfera acuosa, la estruendosa nota marcando el lugar del pensamiento, apagan el sonido y debilitan el tono. Aquel que está silente, tranquilo y calmo internamente, que todo lo ve por medio de la luz divina y no es guiado por la luz reflejada dentro de las triples esferas, es aquel que en breve oirá. Desde fuera del éter circundante, una nota percutirá en su oído, distinta de los tonos que se escuchan dentro del terrestre mundo.

Escucha, oh Peregrino, pues cuando ese sonido percute en vibración colorida sobre el sentido interno, sabe tú que ha sido alcanzado un punto marcando una gran transición.

Vigila entonces, oh Peregrino, la llegada de esa hora. Con esfuerzo purificado asciende más cerca de ese Sonido. Sabe tú que cuando su tono se filtra por el brumoso amanecer o en la rica luz del sol percute suave sobre el oído, pronto el oído interno se volverá sentimiento expandido y dará lugar a la vista y perfecta comprensión.

Sabe tú que cuando la música de las esferas llega a ti nota tras nota, en el brumoso amanecer o en el soleado mediodía, en la tranquilidad del crepúsculo o sonando a través de lo profundo de la noche, en su rítmico tono reside la secreta revelación.

Sigue tu camino, oh Peregrino, con firme perseverancia. No existe candil ni lámpara en la tierra alimentada con aceite. Acrecienta continuamente la irradiación hasta que el sendero termine en una llamarada de gloria, y el viajero de la noche se convierta en el hijo del sol y atraviese los portales de ese radiante orbe.

 

Extraído de Un Tratado sobre Magia Blanca, Glamur: Un Problema Mundial, y Los Rayos y las Iniciaciones. Citas contenidas en el libro de recopilación Reflexionen sobre Esto.

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