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Los Problemas de la Humanidad – Las Iglesias – Párrafos Silenciados (4)

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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Los Problemas de la Humanidad - Las Iglesias - Párrafos Silenciados (4)

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Reseña:


Abril 1947

Los grandes movimientos hacia la reorganización de las iglesias que ahora continúan por todo el mundo devastado, permanecen todavía en las manos de dignatarios, sínodos y cónclaves eclesiásticos. Los planes que internacionalmente se están formando en este momento indicarían que la autoridad todavía se confiere a la gente equivocada; por cada pensador progresista, de clara visión, que se encuentra en estos grupos nacionales e internacionales, hay cuatro o cinco que pertenecen al viejo orden. Esta mayoría de gente reaccionaria procura que las iglesias sean lo que fueron antes de la guerra y que conserven las viejas presentaciones teológicas. Inutilizan y dejan en la impotencia a la minoría, el nuevo tipo de clérigo con su visión de la nueva era y de la nueva y fresca interpretación de la verdad; se halla obstaculizado por la falta de recursos económicos; el lastre de la jerarquía eclesiástica y del teólogo y fundamentalista reaccionario invalida todos sus esfuerzos. El interrogante que enfrenta el hombre verdaderamente espiritual es: ¿Debo permanecer en la iglesia donde el destino me ha colocado y hacer todo lo que puedo, o debo dejar la iglesia y trabajar afuera?

No hay indicio alguno en gran escala, dentro de las iglesias protestantes, de un cambio básico de actitud hacia la enseñanza teológica o el gobierno de la iglesia. Todo indica que la Iglesia de Roma nada aprendió espiritualmente; no hay indicio alguno de que las grandes religiones orientales estén a la vanguardia en la producción de un mundo nuevo y mejor. Esencialmente no hay signo alguno de que el espíritu de Cristo, la sencillez del verdadero conocimiento y la claridad del pensamiento espiritual estén por condicionar a las organizaciones religiosas de posguerra. Y la humanidad aún espera. La humanidad quiere, por sobre todo, la seguridad de que Dios Es y que hay un Plan divino —un Plan que encaja en el esquema de las cosas y que contiene esperanza y fortaleza. Los hombres quieren la convicción de que Cristo vive; que Aquel que viene —a Quien todos los hombres esperan— vendrá y no será cristiano, hindú o budista sino que pertenecerá a todos los hombres en todas partes. Los hombres quieren estar seguros de que ha llegado la hora de una gran revelación espiritual y no puede ser detenida, y que ante ellos hay un futuro espiritual así como material. Esta es la demanda y la oportunidad que enfrentan las iglesias.

… Espacio de Silencio…

La verdad se presenta eternamente en un nuevo aspecto, y si los eclesiásticos construyen sobre los viejos símbolos, están condenados al fracaso. La humanidad no querrá saber nada de eso. La iglesia enfrenta el problema de averiguar lo que Cristo ha planeado para este nuevo mundo emergente, cuáles son las verdades que recompensan un período o ciclo de sufrimiento y crisis.

Hay ciertas notas clave —personificando el futuro de la religión— que en este momento deberían gobernar el pensamiento de los eclesiásticos iluminados de todos los credos. Son adecuadas tanto para Oriente como para Occidente. Son: Religión Mundial. Revelación. Reconocimiento. Estas no serán reconocidas por el cristiano, o creyente de cualquier credo, de mente estrecha.

Hemos visto que el pecado fundamental de las iglesias es la separatividad —una separatividad que diferencia a cada iglesia de todas las demás iglesias, que la lleva a considerarse a sí misma y a su presentación de la verdad como única y correcta, y que la incita a presentar un rico materialismo en competencia con todas las demás iglesias de mentalidad material. Es una separatividad que diferencia a la iglesia de la masa de hombres, como una organización superior, como una directora de hombres y como absorbente de recursos financieros; es una separatividad que clasifica a alguna gente como cristiana y a alguna como pagana, alguna gente como buena y alguna como mala y a otros como puramente seculares en su acercamiento a la vida mientras que aún otros son “hombres de iglesia”.

En [las] tres actitudes de

  1. Unidad de todos los Credos,
  2. Expectativa de Revelación,
  3. Reconocimiento Espiritual,

hay ciertas verdades básicas que las iglesias deben presentar a los hombres en todas partes —verdades que son uniformes en todas las religiones del mundo. Consideremos por un momento estas esenciales o fundamentales verdades universales:

El Hecho de Dios, inmanente y trascendente

Hoy, deberíamos tener a las iglesias presentando una síntesis de estas dos ideas que han sido resumidas para nosotros en la declaración de Shri Krishna en El Bhagavad Gita: “Habiendo compenetrado el entero universo con un fragmento de Mí Mismo, Yo permanezco”. Dios, más grande que el todo creado, sin embargo Dios presente también en la parte; Dios trascendente garantiza el plan para nuestro mundo y es el Propósito, condicionando todas las vidas desde el más diminuto átomo, y a través de todos los reinos de la naturaleza, hasta el hombre.

El Hecho de la Inmortalidad y la Persistencia Eterna

… El cristianismo ha recalcado la inmortalidad pero hizo que la felicidad eterna dependa de la aceptación de un dogma teológico: Profesa la verdadera fe cristiana y vive eternamente en un fastuoso cielo; rehúsa aceptar la fe cristiana (o sea, ser un cristiano profesional negativo) y ve a un infierno imposible —un infierno surgido de la teología del Antiguo Testamento y su presentación de un Dios lleno de odio y envidia. Ambos conceptos son hoy repudiados por toda la gente sana, sincera, reflexiva. Nadie con cualquier verdadero poder de razonamiento o con cualquier verdadera creencia en un Dios de amor acepta el cielo de los eclesiásticos ni tiene deseo alguno de ir allí. Aceptan todavía menos el “lago que arde con fuego y azufre” o la eterna tortura a la cual un Dios de amor se supone que condena a todos los que no creen en las interpretaciones teológicas de la Edad Media, de los fundamentalistas modernos o de los eclesiásticos irrazonables que procuran —mediante doctrina, temor y amenaza— mantener al pueblo en línea con la vieja enseñanza obsoleta. La verdad esencial reside en otra parte. “Lo que el hombre siembre, eso cosechará”, es la verdad que necesita re-acentuarse… Luego no necesita ni cielo ni infierno. Él ha alcanzado la vida eterna y el derecho de no retornar jamás a la experiencia de la vida en la tierra. Él ahora es miembro pleno y consciente de esa Jerarquía espiritual a la que el creyente cristiano ha dado el nombre de “Cristo y Su Iglesia”, pero que todas las religiones del mundo conocen bajo varios nombres diferentes. Esta inmortalidad, esta persistencia eterna y esta posibilidad de una perfección última está garantizada por la divinidad del hombre, por su inherente relación con Dios trascendente porque ha llegado al conocimiento de Dios inmanente (“Cristo en él la esperanza de gloria”) y por el hecho también de que Cristo, como hombre, llegó a una plena expresión de esa divinidad. Extraído de “Los Problemas de la Humanidad”, edición original completa, 1947

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