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Los Problemas de la Humanidad – Los Niños – Párrafos Silenciados – La Necesidad Inmediata de los Niños

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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Los Problemas de la Humanidad - Los Niños - Párrafos Silenciados - La Necesidad Inmediata de los Niños

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Reseña:


Marzo 1945

La Necesidad Inmediata de los Niños

Hemos tratado de adquirir cierta comprensión respecto a la condición actual de los niños en los países que fueron devastados por la guerra, tanto al otro lado del Atlántico como en China y las Islas del Pacífico. Hemos visto cuán extremadamente difícil es la tarea que tenemos por delante, pero de cuán grande y vital importancia. La magnitud de los problemas a enfrentar puede dejarnos perplejos y sin palabras para responder a los numerosos interrogantes que inmediatamente surgen en nuestras mentes. ¿Qué es lo primero que debe hacerse? ¿Cuáles deberían ser nuestros pasos iniciales y nuestra actividad de apertura? ¿Qué errores deben evitarse? ¿Cómo podemos sentar las bases para un programa de largo alcance, programa de reconstrucción, de educación y desarrollo, en cuanto afecta a la juventud del mundo y así garantizar un mundo nuevo y mejor? ¿Qué es lo que obviamente no debe hacerse? ¿Qué planes fundamentales deben establecerse, que sean apropiados para tantas razas y nacionalidades diferentes? ¿Cómo comenzar frente a los odios comprensibles y los prejuicios profundamente arraigados? ¿Cómo hacer un comienzo sensato?

Ningún planeamiento general ni altamente desarrollado puede, en este momento, satisfacer la necesidad. La gente de los diferentes países no ha estado inactiva ni está simplemente esperando que los de afuera hagan todo el trabajo de salvación y re-construcción. Algunas naciones han sufrido más que otras; algunas, como Alemania, sólo ahora han comenzado a sentir de lleno el peso de la guerra que ella precipitó, sin embargo la grave situación sicológica de sus jóvenes es probablemente peor que aquella en cualquier otro país y su trasfondo educativo es profundamente maligno. Algunos países quizás necesiten menos ayuda que lo que se previó; otros quizás necesiten más.

Pero los procesos de la victoria y de la liberación están bien bajo control. Milla a milla, ciudad por ciudad y país por país, las tierras invadidas por Alemania y Japón han sido puestas en libertad y las hordas de invasores malignos tomados prisioneros o masacrados. Tanto Alemania como Japón hoy están sintiendo la ira de las Naciones Unidas en sus propias tierras; ahora Alemania ha sido conquistada, como ella conquistó a otros. En esto hay esperanza para ese desdichado país. En la última guerra ella se salvó de la invasión, y aunque sufrió la pérdida de hombres y sus ciudadanos fueron sometidos a privación, nunca experimentó aquello a lo cual sometió a otros. En la última guerra, hubo enfrentamiento de fuerzas armadas pero los civiles, en general, se salvaron. Hemos experimentado la guerra total —desde el aire, en la tierra y en los mares. Hombres, mujeres y niños inocentes han sido sumergidos en el mal que Alemania desató. Ahora que el mal se ha desatado a sí mismo sobre las naciones agresoras, sin embargo se les ahorrará la matanza deliberada, el asesinato y la tortura que ellas tan libremente emplearon porque las Naciones Aliadas no luchan de esa manera. Debido a que Alemania está derrotada, los niños de Europa serán libres, incluidos los niños alemanes; ahora el problema inmediato es el de la rehabilitación física y el restablecimiento del sentido de seguridad y condiciones de vida saludables y decentes.

Quizás se halle que las condiciones sicológicas son aun peores. Miles de niños y jóvenes han visto el horror por demasiado tiempo; han perdido toda esperanza; en absoluto se hallan en condición de llevar vidas normales; son víctimas de la conmoción; muchos de ellos están locos o en la frontera de la insania; están sacudidos por el temor y sólo pueden anticipar más y aún más horror. No han conocido ninguna otra cosa.

Los valores éticos y morales entre los niños, particularmente entre los chicos y chicas adolescentes, también se han deteriorado, y necesitan despertarse los valores espirituales. Sin embargo, hay evidencia directa de que este despertar espiritual ya está arrasando Europa y que quizás de ese desdichado continente pueda venir la nueva corriente espiritual que dirigirá al mundo entero hacia cosas mejores y que asegurará que nuestra civilización materialista se ha ido, para no volver más. Un renacimiento espiritual es inevitable y en ninguna parte es tan necesario como en esos países que han escapado a los peores aspectos de la guerra. Debemos buscar este renacimiento y prepararnos para él.

Llegará el momento en que se habrá eliminado lo peor de los resultados físicos de la guerra; aldeas, pueblos y ciudades serán reconstruidos; las familias volverán a estar unidas bajo sus propios techos; las naciones nuevamente estarán funcionando de manera más normal y los niños estarán alimentados, vestidos y seguros. Todo esto ya está planeado y algo se está haciendo. El siguiente problema urgente es sin duda el de la rehabilitación sicológica de la juventud de estas naciones. Resta saber si los niños de Europa, de China, de Gran Bretaña y Japón alguna vez se recuperarán completamente de los efectos de la guerra. Los primeros y formativos años de sus vidas fueron pasados bajo condiciones de guerra y —resilientes como son los niños— es seguro que han quedado ciertos rastros de lo que han visto, oído y sufrido. Por supuesto, estoy generalizando. Habrá excepciones, particularmente en Gran Bretaña y partes de Francia. Sólo el tiempo indicará la extensión del daño causado. Sin embargo, mucho puede ser neutralizado y hasta eliminado por la sabia acción de padres, médicos, enfermeras y educadores durante los próximos años. Es triste reportar que los sicólogos y neurólogos han planeado poco a lo largo de esta necesaria línea de salvamento; sin embargo su trabajo especializado será tan extremadamente necesario y una demanda tan urgente como aquella de alimento y vestimenta.

En todo nuestro planeamiento y con todas nuestras buenas intenciones, es de valor recordarnos a nosotros mismos que las diversas naciones, implicadas en la guerra mundial y cuyos países han sentido todo el peso de la ocupación, también están elaborando sus propios planes; ellas saben lo que quieren; están decididas, hasta donde sea posible, a cuidar de su propia gente, a salvar a sus propios niños, a recuperar sus propias culturas especiales y sus tierras. … Cada nación debe encarar el problema de su restauración a su propia manera.

Esta necesidad no significa de ningún modo desunión; debería significar un mundo más rico y más colorido. No tiene por qué significar separación o erigir barreras o retirarse tras los muros del prejuicio y el sesgo racial. Hay dos principales relaciones vinculantes que deberían y deben cultivarse y que producirán una más íntima comprensión en el mundo de los hombres. Estas son religión y educación. Más tarde consideraremos el vínculo religioso; en este artículo estamos considerando el factor de la educación que en el pasado fracasó tan enormemente (como lo ha probado la guerra), pero que en el futuro puede controlar tan sabiamente.

 

Extraído de “Los Problemas de la Humanidad”, edición original completa, 1947

 

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