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Reseña:
Diciembre 1946
El Reino de Dios inaugurará un mundo en el cual se comprenderá que —políticamente hablando— la humanidad, como un todo, es de mucha mayor importancia que cualquier nación; será un nuevo orden mundial, construido sobre principios diferentes que en el pasado, y en el cual los hombres llevarán la visión espiritual a sus gobiernos nacionales, a su planeamiento económico y a todas las medidas tomadas para ocasionar seguridad y rectas relaciones humanas. Nuevamente, repetiré: espiritualidad es esencialmente el establecimiento de rectas relaciones humanas...
El mundo hoy está lleno de voces beligerantes; en todas partes hay protesta en contra de las condiciones mundiales; todo está siendo arrastrado a la luz del día; los abusos se están gritando desde los tejados, como el Cristo profetizó que lo serían. … Las masas de hombres en todos los países están comenzando a darse cuenta de que son en gran parte responsables de lo que está mal, y de que su inercia y falta de correcta acción y correcto pensamiento, ha conducido al desdichado estado actual de los asuntos mundiales. Lo que tengo que decir, por lo tanto, constituye un desafío y ningún desafío es siempre totalmente bienvenido.
Este despertar de las masas y la determinación de las fuerzas reaccionarias y de los intereses capitalistas de preservar lo viejo y luchar contra lo nuevo son en gran parte responsables de la presente crisis mundial. La batalla entre las viejas fuerzas atrincheradas y el nuevo idealismo emergente constituye el problema hoy en día; otros factores —aunque importantes, individual o nacionalmente— son insignificantes desde el punto de vista verdadero y espiritual.
La unidad, la paz y la seguridad de las naciones, grandes y pequeñas, no se lograrán siguiendo la guía del capitalista codicioso o del ambicioso en cualquier nación, y no obstante, en muchas situaciones, esa guía está siendo aceptada; no se obtendrán siguiendo ciegamente una determinada ideología, no importa cuán buena pueda parecerles a quienes están condicionados por ella; no obstante hay quienes están procurando imponer al mundo su ideología particular —y no me refiero solamente a Rusia…
Unidad, paz y seguridad vendrán mediante el reconocimiento —inteligentemente evaluado— de los males que han conducido a la presente situación mundial, y luego mediante dar esos pasos inteligentes, compasivos y comprensivos que conducirán a establecer rectas relaciones humanas, a sustituir el actual sistema competitivo por el de cooperación, y educar a las masas en todos los países respecto a la naturaleza de la verdadera buena voluntad y su potencia hasta ahora no utilizada. Esto significará desviar incalculables millones de dinero hacia sistemas correctos de educación, en lugar de su utilización por las fuerzas bélicas y convertirlos en ejércitos, armadas y armamentos.
Esto es lo espiritual; esto es lo importante y esto es para lo que deben luchar todos los hombres. La Jerarquía espiritual del planeta está principalmente interesada en descubrir a los hombres que trabajarán a lo largo de estas líneas; está principalmente interesada en la humanidad, en la comprensión de que los pasos dados por la humanidad durante los próximos cincuenta años condicionarán la nueva era y determinarán el destino del hombre. ¿Será un destino de aniquilación, de una guerra planetaria, de hambruna y peste en todo el mundo, de una nación levantándose en contra de otra y del completo colapso de todo cuanto hace la vida digna de ser vivida? Todo esto bien puede suceder a menos que se hagan cambios fundamentales y que se hagan con buena voluntad y comprensión amorosa.
Desunión Mundial
¿Qué es lo que en este momento parece impedir la unidad mundial y evita que las Naciones Unidas lleguen a esos acuerdos necesarios que el hombre de la calle está esperando tan ansiosamente? No es difícil hallar la respuesta, e involucra a todas las naciones: nacionalismo, capitalismo, competencia, codicia ciega y estúpida. Un intenso nacionalismo emocional es lo que convierte a la nación polaca en un miembro tan difícil de la familia de naciones; es el materialismo y el temor, además de una falta de interés espiritual, los que convierten a Francia en una obstruccionista tan constante y la llevan a trabajar en contra de todo acuerdo de la cuestión alemana; fanática adhesión a una ideología e inmadurez nacional es lo que impulsa tantas actividades de Rusia en una reunión; un capitalismo desenfrenado es lo que hace de Estados Unidos una de las naciones más temidas, además de sus demostraciones de potencia armada; el imperialismo que está desapareciendo rápidamente es lo que hoy obstaculiza a Gran Bretaña, y un aferrarse a responsabilidades y territorios que se está dando cuenta de que bien podrían ser entregados a las Naciones Unidas; la esperanza de Gran Bretaña reside en sus tendencias socialistas que le permiten tomar el “camino medio” entre el comunismo de Rusia y el capitalismo de los Estados Unidos. La avaricia petulante de las naciones que escaparon a la guerra es lo que está dificultando el progreso; la lucha por la posesión del petróleo del mundo por parte de las tres Grandes Potencias es lo que está bloqueando la paz mundial; las acciones arteras de los judíos y el odio que cultivan son los que también tienden a socavar la esperanza de paz; el caos en India y China es lo que está complicando el trabajo de los bienintencionados; el tratamiento anticristiano y antidemocrático dado a los pueblos negros en los Estados Unidos y África es lo que está contribuyendo al fermento; la inercia ciega y la falta de interés de las masas del pueblo son las que permiten que los hombres equivocados estén en el poder; el temor al resto del mundo es lo que hace que los dirigentes rusos mantengan a sus pueblos en total ignorancia de la actitud de otras naciones sobre los asuntos mundiales; el mal uso del dinero es lo que colora la prensa y la radio en Gran Bretaña y aún más en los Estados Unidos, ocultando de este modo gran parte de la verdad al pueblo; el levantamiento de los trabajadores en todas partes es lo que fomenta la agitación e impone innecesario sufrimiento al público; la poderosa desconfianza política e internacional, la falsa propaganda y la apatía de las iglesias, es lo que complica aún más el problema. Es, sobre todo lo demás, la negativa de ese público a enfrentar la vida como es y a reconocer los hechos por lo que son. La masa de hombres necesita despertar para ver que el bien llega a todos los hombres por igual y no sólo a unos pocos grupos privilegiados, y aprender también que “el odio no cesa por el odio sino que el odio cesa por el amor”. Este amor no es un sentimiento, sino buena voluntad práctica, expresándose a través de individuos, en comunidades y entre naciones.
Tal es el triste y lamentable cuadro que el mundo presenta hoy, y sólo los ciegos y los poco compasivos lo negarán. Sólo una aguda comprensión de la situación y de las fuentes de la dificultad servirán para impulsar al género humano a iniciar la acción necesaria. Pero hay otro lado del cuadro y allí está aquello que compensará el mal, aunque, todavía, no lo compensará ni lo contrarrestará completamente.
Extraído de “Los Problemas de la Humanidad”, edición original completa, 1947
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Reflexión sobre los Libros Azules
Etiqueta: Reflexión sobre los Libros Azules
Fecha: 25-04-2024


