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Renunciación

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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Primero, el alma debe renunciar a la personalidad. Durante épocas, el alma se ha identificado con el yo personal inferior, y por medio de ese yo inferior ha obtenido experiencia y adquirido mucho conocimiento. Ha llegado el momento en que ese medio ya “no es querido” para el alma, y sus respectivas posiciones son revertidas. El alma ya no se identifica con la personalidad pero la personalidad llega a identificarse con el alma y pierde su cualidad y posición separatista. Todo lo que ha adquirido a través de largos siglos de lucha y contienda, a través del dolor y el placer, a través del desastre y el deseo satisfecho, y todo aquello que la rueda de la vida, girando incesantemente, ha puesto en posesión del alma —A Todo ha de renunciarse. La vida del discípulo se convierte entonces en una serie de procesos de desapego, hasta haber aprendido la lección del renunciamiento.

Segundo, el alma también tiene que renunciar no sólo a su atadura y adquisición a través del contacto con el yo personal, sino que más definitivamente tiene que renunciar a su atadura con otros yoes personales. Debe aprender a conocer y encontrarse con otras personas únicamente en el plano del alma. Aquí reside una dura lección para muchos discípulos. Pueden ocuparse poco de sí mismos y pueden haber aprendido mucho de desapego personal.  Pueden valorar poco el contacto con el yo personal inferior. Están aprendiendo a trascender todo eso, y pueden haberlo trascendido en gran medida, pero su amor por sus hijos, su familia, sus amigos e íntimos es para ellos de suprema importancia y ese amor los mantiene prisioneros en los mundos inferiores. No se han detenido a reconocer que ese amor es primordialmente amor por las personalidades, y sólo secundariamente amor por las almas. Contra esta roca, muchos discípulos se estrellan durante vidas, hasta que llega el momento en que por el dolor y el sufrimiento y la constante pérdida de aquello que tanto aprecian, su amor entra en una fase más nueva, una fase superior y más verdadera. Se elevan por encima de lo personal, y encuentran nuevamente —después de la pérdida y el sufrimiento sentidos— a quienes ahora ellos aman como almas. Entonces se dan cuenta de que hubo ganancia y no pérdida, y que ha desaparecido sólo lo ilusorio, efímero y falso. El Hombre real ha sido ganado y nunca se puede perder de nuevo.

Muy frecuentemente este es el problema de los padres que están en el Sendero del Discipulado, y es por medio de sus hijos que aprenden la lección que puede liberarlos para la iniciación. Retienen a sus hijos, y por ser esto contrario a la ley de la naturaleza, resulta en desastre. Es la cumbre del egoísmo. Y sin embargo, si sólo pudieran saber y ver correctamente, se darían cuenta de que para tener, uno debe desapegarse; y para mantener, uno tiene que soltar. Tal es la ley.

El alma debe también aprender a renunciar a los frutos o adquisiciones del servicio y aprender a servir sin apego a los resultados, a los medios, a las personas o al elogio.

En cuarto lugar, el alma tiene que renunciar también al sentido de responsabilidad por aquello que otros discípulos puedan hacer. La relación entre discípulos es egoica y no personal. El vínculo es del alma y no de la mente. Cada personalidad sigue su propio curso, debe hacerse cargo de sus propias responsabilidades, resolver su propio dharma y cumplir su propio karma, y así responder por sí misma a su Señor y Maestro, el Alma. Y habrá respuesta. ¿Esto en sí suena a separación y soledad? Sí, en lo que a las actividades externas concierne. Sólo mientras los servidores cooperan desde el punto de vista de una conexión interna subjetiva, puede llevarse adelante un trabajo unido.

Es magníficamente posible establecer un interno contacto y relación, basado en una realizada unicidad de propósito y amor del alma, y para esto todos los discípulos deben luchar y esforzarse. En el plano externo, debido a la mente separatista durante esta era y tiempo, no es posible un completo acuerdo sobre detalle, sobre método y sobre interpretación de principios. Pero —las relaciones y la cooperación internas Deben ser establecidas y desarrolladas, a pesar de las divergencias de opinión externas. Cuando la conexión interna se mantiene en amor, y cuando los discípulos renuncian al sentido de autoridad sobre el otro y de responsabilidad por las actividades de cada uno, y al mismo tiempo trabajan hombro a hombro en el Trabajo Uno, entonces las diferencias, las divergencias y los puntos de desacuerdo serán automáticamente superados.

Hay tres reglas de importancia para los discípulos en este momento:

Primero, no permitir que aparezca ninguna ruptura en la relación interna en la cual ustedes se apoyan recíprocamente. Debe preservarse intacta la integridad del grupo interno de servidores.

Segundo, llevar a cabo vuestro propio deber y tarea, cargar con vuestra propia responsabilidad y luego dejar que los condiscípulos hagan lo mismo, libres del impacto de vuestro pensamiento y crítica.

Tercero, mantener siempre en el trabajo la actitud de la mente que debe surgir de las dos reglas anteriores, seguidas fielmente. Bajo la Ley de Sacrificio estas tres reglas podrían interpretarse de la siguiente manera:

  • Renunciar a o sacrificar la antiquísima tendencia a criticar y a ajustar el trabajo de otro, y así conservar la integridad del grupo interno. La crítica hizo descarriar más planes para el servicio y obstaculizó a más trabajadores que cualquier otro factor importante.
  • Renunciar a o sacrificar el sentido de responsabilidad por las acciones de otros, y particularmente de los discípulos. Traten de que la propia actividad esté a la altura de la de ellos, y en la alegría de la lucha y en el camino de servicio las diferencias desaparecerán y se logrará el bien general.
  • Renunciar al orgullo de la mente que ve su camino e interpretaciones correctos y verdaderos, y falsos y erróneos los de los otros. Este es el camino de separación. Adherir al camino de integración que es el camino del alma y no de la mente.

Estas son palabras severas, pero son las reglas por las cuales los Instructores en el aspecto interno guían Sus acciones y Sus pensamientos al trabajar uno con otro y con Sus discípulos. La renuncia espontánea a los ideales largamente sustentados cuando se presenta uno mayor y más inclusivo es Su guía. El sacrificio del orgullo y el sacrificio de la personalidad cuando la vastedad del trabajo y la urgencia de la necesidad se comprenden, Los mueve a cooperar. Es esencial que los discípulos aprendan a sacrificar lo no esencial para que el trabajo pueda ir adelante. Cuando esta Ley de Sacrificio gobierne la mente, conducirá inevitablemente a todos los discípulos a renunciar a lo personal a favor de lo universal y del alma, que no conoce separación, ninguna diferencia.

 

Extraído de Psicología Esotérica Tomo II.

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