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Ciclos del Alma y Edad del Alma

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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Ciclos del Alma y Edad del Alma

Reflexión sobre los Libros Azules

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Procuro elaborar un tanto la experiencia cíclica de un alma en encarnación, indicando el aparente flujo y reflujo de su desenvolvimiento.

El ciclo destacado para cada alma es el de su salida a la encarnación y su retorno o regreso al centro de donde partió. Según el punto de vista, así será la comprensión de este flujo y reflujo. Esotéricamente se puede considerar que unas almas “buscan la luz de la experiencia”, por lo tanto van hacia la expresión física; otras “buscan la luz de la comprensión”, y por consiguiente vuelven del reino del esfuerzo humano para forjar su camino internamente hacia la conciencia del alma, y así llegar a ser “moradores en la luz eterna”. Sin apreciar la significación de los términos, los psicólogos han presentido estos ciclos, y a ciertos tipos los denominaron extrovertidos y a otros, introvertidos. Marcan el flujo y reflujo en la experiencia individual y son la analogía de la pequeña vida con los grandes ciclos del alma. Estas entradas y salidas de la trama de la existencia encarnada constituyen los ciclos mayores de cualquier alma individual.

A menudo se pasa por alto el hecho de que el sendero de encarnación no es un sendero rápido, sino que el Ego desciende muy lentamente y toma posesión gradual de sus vehículos; cuanto menos evolucionado es el hombre, más lento es el proceso. Consideramos aquí el período que trascurre después que el Ego ha dado el primer paso hacia el descenso y no el tiempo trascurrido entre dos encarnaciones. Esta tarea de pasar a un plano, con el propósito de encarnar, señala una crisis definida que se caracteriza por el sacrificio voluntario, la amorosa apropiación de la sustancia y la energización de esta para que entre en actividad.

La manifestación del cuerpo etérico en tiempo y espacio contiene en sí lo que ha sido esotéricamente llamado “dos momentos de brillo”. Son, primero, el momento previo a la encarnación física, cuando la luz descendente (portando vida) se enfoca con toda su intensidad alrededor del cuerpo físico y establece una relación con la innata luz de la materia misma, que se halla en cada átomo de sustancia. Esta luz enfocada se concentra en siete zonas de su círculo infranqueable, creando así siete centros mayores que controlarán su expresión y su existencia en el plano externo, esotéricamente hablando. Este es un momento de gran resplandor; es casi como si un punto de palpitante luz estallara en una llama, y como si dentro de esa llama siete puntos de luz intensificada tomaran forma. Este es un elevado punto en la experiencia de encarnar y tiene lugar poco antes del nacimiento físico. Es lo que determina la hora de nacimiento. La siguiente fase del proceso, tal como la ve el clarividente, es la etapa de interpenetración, durante la cual “los siete se convierten en los veintiuno y luego en los muchos”; la sustancia luz, el aspecto energía del alma, comienza a compenetrar el cuerpo físico, y se completa el trabajo creador del cuerpo etérico o vital. El primer reconocimiento de esto en el plano físico es el “sonido” proferido por el niño recién nacido, culminando el proceso. El acto de creación por el alma se ha completado; una nueva luz brilla en un lugar oscuro.

En todo el trabajo de construir formas suceden ciertas cosas muy importantes que conciernen al Ego más que a las envolturas, aunque la acción refleja entre el yo personal inferior y el superior es tan estrecha que casi son inseparables.

Se nos dice que a los siete años el Ego “arraiga”, y de nuevo en la adolescencia; a los veintiuno ese arraigo puede hacerse más firme todavía. Por otra parte, a medida que pasan las vidas, el Ego (en conexión con un ser humano) sujeta sus vehículos y así los convence a su propósito con más efecto y plenitud.

El término del ciclo de vida puede ser largo o corto, de acuerdo a los propósitos involucrados; puede abarcar sólo unos pocos años, o un siglo. Previo al séptimo año, la vitalidad del elemental físico es en gran parte el factor determinante. El alma está entonces enfocada en el cuerpo etérico, pero no está utilizando plenamente todos los centros; simplemente ejerce un suave control pulsante y una suave actividad impulsora —suficiente para preservar la conciencia, vitalizar los variados procesos físicos e iniciar la manifestación del carácter y de la disposición. Esto se acentúa crecientemente hasta el año vigésimo primero, cuando se estabilizan en lo que llamamos la personalidad. En el caso de discípulos, el control del alma sobre los centros etéricos será más poderoso desde el comienzo mismo de la existencia física. Alrededor del decimocuarto año se determinan la cualidad y la naturaleza del alma encarnada y su edad o experiencia aproximada, los elementales físico, astral y mental están bajo control, y el alma, el hombre espiritual que mora internamente, ya determina las tendencias y elecciones de vida.

Una de las primeras cosas que un discípulo tiene que aprender es correcto juicio respecto a la relativa edad del alma de sus asociados. Pronto descubre que estas varían. Entonces aprende a reconocer a esas cuya sabiduría y conocimiento sobrepasan a los suyos, a cooperar con las que están con él en el Sendero y a trabajar para esas a quienes él puede ayudar pero cuyo estatus evolutivo no está en igualdad con el suyo propio. Entonces el canon ordenado de su vida se va configurando definidamente, y puede empezar a trabajar con inteligencia.

El alma no tiene edad y puede utilizar su instrumento si este se trasforma a sí mismo en instrumento adecuado y disponible. ¿Están demasiado centralizados y preocupados consigo mismos como para lograr el desapego necesario para el servicio mundial? Eso a ustedes les corresponde descubrirlo y probárselo a ustedes mismos.

Las ciencias ocultas ponen el énfasis sobre la ley cíclica y… el creciente interés en la Ciencia de la Manifestación Cíclica. Frecuentemente, la muerte parece no tener ningún propósito; ello se debe a que no se conoce la intención del alma; el pasado desarrollo, a través del proceso de encarnación, aún es materia oculta; se ignoran antiguas herencias y medioambientes, y aún no se ha desarrollado en general el reconocimiento de la voz del alma. Estas cuestiones, no obstante, están al borde mismo del reconocimiento; la revelación está en camino, y para ello estoy sentando las bases. … Traten de obtener un nuevo ángulo del tema y procuren ver ley y propósito y la belleza de intención en lo que hasta ahora ha sido terror y un principal temor.

 

Compilado “El Alma, la cualidad de la Vida”; de los libros azules, los libros de Alice Bailey.

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