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Consideraciones Finales

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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Consideraciones Finales

Reflexión sobre los Libros Azules

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Reseña:


 

Cercana a nuestra tierra, y en camino hacia el renacimiento, hay una gran Vida que está en proceso de tomar forma etérica. Por estar en el arco evolutivo y no constituir la vida de un cascarón en descomposición, el efecto real de esta vida en la inauguración de la nueva era es doble: mediante las emanaciones del cuerpo astral de esta gran Vida se efectúa el derrumbamiento de la muralla separatista del individualismo, que se demuestra en el hombre como egoísmo y en las naciones como nacionalismo. A través de este cuerpo etérico, que se va integrando rápidamente, dicha Vida conduce al cuerpo etérico de nuestro planeta a un estado de acrecentada y rápida vibración. En el Tratado sobre Fuego Cósmico se encontrará referencia a un avatar procedente de Sirio, que viene para producir ciertos efectos planetarios. Esta Vida no es este avatar, sino algo así como un precursor —un San Juan Bautista, que “bautiza con agua (emanaciones astrales) y con el Espíritu Santo”. No es posible dar mayor información a este respecto, pero lo menciono pues hay que tener presente las energías provenientes de ambos factores.

 

Hoy estamos observando el desvanecimiento de la energía de sexto rayo y el creciente poder y actividad del séptimo rayo. La energía que se está retirando de nuestro planeta en una de las crisis cíclicas durante siglos se ha expresado a través del plexo solar planetario y también, como podría inferirse, a través del centro plexo solar del aspirante medio. Esto ha conducido a muchas de las dificultades digestivas, además de los problemas emocionales (¿y no están estrechamente relacionados?) que la mayoría de la gente ha sufrido en esta era y generación. La actitud de intensa centralización, el estado mental fanático, el sacrificio de la vida personal por un ideal presentido, todos han ocasionado una condición peligrosa en esos órganos del cuerpo que están debajo del diafragma. Esto debería recordarse.

 

El séptimo rayo, obrando como lo hace a través del centro en la base de la columna vertebral, en tiempo tendrá un efecto peculiar sobre el entero sistema circulatorio, ya que este centro básico está conectado con la fuerza-de-vida y, como saben, la “sangre es la vida”. Obra con el centro más elevado en el cuerpo y por lo tanto está relacionado con el entero problema de las polaridades. En consecuencia es uno de los factores que aumentará las dificultades conectadas con los varios “clivajes” sicológicos que hemos tratado anteriormente. Concierne a la triplicidad humana de espíritu-alma-cuerpo, a la dualidad de alma y personalidad y a los aspectos mayores de Deidad, espíritu y materia, así como a los muchos agrupamientos de los pares de opuestos de los que tan constantemente se preocupa el místico y a los que él tiene finalmente que resolver en una unidad. El reconocimiento de esto dejará en claro cuán complejos son los problemas y las posibilidades que surgen de la estimulación que se sentirá a medida que la “voluntad de circular, la voluntad de relacionar y la voluntad de expresar” haga sentir su presencia con la manifestación del séptimo rayo. Esta fuerza, en lo que concierne al individuo, aprovechará el centro en la base de la columna vertebral, despertándolo a una actividad hasta ahora desconocida. Por fortuna para la humanidad, estos aspectos de la vida de la voluntad están lejos de pleno desarrollo, pero gran parte de la confusión mundial presente y la oscilación entre los extremos expresados han de atribuirse a la actuación de estas nuevas fuerzas. Mucho de la inoportuna y excesivamente enfatizada expresión del aspecto Voluntad de ciertas naciones e individuos está conectado con la entrada en manifestación de este séptimo rayo y el desvanecimiento de lo viejo. El problema es grandemente aumentado por el hecho de que hay en apariencia una pronunciada afinidad entre la voluntad fanática idealista del sexto rayo —énfasis cristalizado, dirigido, firme y emocional— y la fuerza de voluntad del trabajador mágico no entrenado que está influido por energía de séptimo rayo, obrando a través del centro en la base de la columna vertebral.

 

 

 

Si tienen presente que el trabajo en conexión con el cuerpo etérico (como un instrumento de vitalidad) es hoy tan poco conocido como la ciencia de la medicina moderna lo fue en el año 1200 d.C., podrán trabajar sin desaliento y sin esa indebida expectativa que hoy obstaculiza al neófito. Asuman conscientemente la posición de que realmente nada se conoce acerca de los centros, las zonas de energía en el cuerpo y dirección de pensamiento; dense cuenta también de que están tomando parte en un gran proyecto de investigación. Nada, literalmente nada, se ha hecho en relación con la medicina y la ciencia de los centros de alguna manera práctica, aunque ciertos libros sobre la relación de los centros con investigación y equipo sicológico y el sistema glandular o endocrino hayan barajado tentativamente el tema. El campo de investigación que les propongo es uno enteramente nuevo. Aquellos de ustedes que entren en él quizás no vean los resultados de lo que están tratando de hacer. Vuestra impaciencia y vuestras ansias de ayudar quizás los obstaculicen; vuestra ignorancia quizás los haga cometer errores. Pero sigan adelante, perseveren, mantengan cuidadosos registros y preserven toda la correspondencia. Entonces los resultados serán seguros.

 

Los niveles etéricos son también el campo de expresión para el alma… Me pregunto si alguno de ustedes tiene la más remota idea de lo que le sucederá a la humanidad cuando la realidad subjetiva interna, funcionando a través del cuerpo etérico y derramando sus fuerzas libremente a través de los centros en ese cuerpo, haya hecho su mayor integración controladora con el mecanismo físico denso, reduciéndolo a completa sumisión como resultado de la integración superior, consumada entre alma y personalidad.

 

Nos encontramos, en consecuencia, en un período de lo más interesante y crucial en la historia racial y planetaria —un período distinto de cualquier otro precedente y por la razón de que el proceso evolutivo ha sido definitivamente exitoso a pesar de todos los fracasos, errores y demoras; de estas últimas ha habido muchas debido a la negativa (curiosa y difícil de entender a ojos de ustedes) de las Energías, concentradas en Shamballa, de imponer la fuerza de la voluntad sobre la materia y sobre la forma hasta el momento cuando pueda hacerse con la cooperación de la familia humana. Esto nunca ha sido posible hasta ahora, debido a la falta de preparación del hombre para la tarea y su ignorancia respecto al Plan. El Señor de Shamballa y Sus Ayudantes tuvieron que esperar hasta que por lo menos los tenues delineamientos del Plan hubieran penetrado en la conciencia de la raza; esto está comenzando a suceder con creciente frecuencia, y día a día más y más hombres y mujeres inteligentes están entrando (o están siendo puestos) en contacto con las emergentes ideas de la Jerarquía. Por lo tanto, podemos esperar por la constante aparición, gradual y cautelosamente aplicada, de la energía de voluntad del centro más elevado (Shamballa) que se encuentra en nuestro planeta.

 

Estamos entrando a una era científica, pero será una ciencia que sale del impasse que ahora ha alcanzado y que —habiendo penetrado como lo ha hecho en el reino de lo intangible— comenzará a trabajar mucho más subjetivamente que hasta ahora… En el momento en que se pruebe que el subjetivo mundo de causas existe (y esto llegará mediante la irrefutable evidencia de los sentidos ampliados del hombre), la ciencia entrará en una nueva era; su foco de atención cambiará; las posibilidades de descubrimiento serán inmensas y el materialismo (como ahora se comprende esa palabra) desaparecerá. Hasta la palabra “materialismo” se volverá obsoleta y a los hombres en el futuro les divertirá la limitada visión de nuestro mundo moderno y se preguntarán por qué pensábamos y sentíamos como lo hicimos.

 

 

Extraído de Un Tratado sobre Magia Blanca, Destino de las Naciones, Astrología Esotérica y Curación Esotérica, Alice Ann Bailey

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