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El Alma: meta de conciencia para el hombre

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El Alma: meta de conciencia para el hombre

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La Vida una, manifestándose a través de la materia, produce un tercer factor que es la conciencia. Esta conciencia, resultado de la unión de los dos polos, espíritu y materia, constituye el alma de todas las cosas; compenetra toda sustancia o energía objetiva; subyace en todas las formas, ya sea la de esa unidad de energía que llamamos átomo o la de un hombre, un planeta o un sistema solar.

El alma es aún una cuantidad desconocida. No ocupa un real lugar en las teorías de los investigadores académicos y científicos. No ha sido comprobada, y es considerada aún por los académicos más liberales como una posible hipótesis, pero indemostrable. No es aceptada como una realidad en la conciencia de la raza. Sólo dos grupos de personas la aceptan como tal; uno de ellos el crédulo, no evolucionado, infantil, educado en las enseñanzas de cualesquiera de las Escrituras mundiales, estando religiosamente inclinado, acepta sin indagar los postulados de la religión, tales como el alma, Dios y la inmortalidad. El otro es ese pequeño grupo de Conocedores de Dios y de la realidad, que se agranda constantemente, que sabe que el alma es un hecho por propia experiencia, pero no puede probar satisfactoriamente su existencia al hombre que acepta únicamente lo que la mente concreta puede captar, analizar, criticar y comprobar.

La meta de realización para el hombre es conciencia de la naturaleza del Alma, medio por el cual siempre actúa el aspecto Espíritu. Esto es lo máximo que puede hacer. Habiendo aprendido a actuar como Alma, desapegado de los tres mundos, el hombre entonces llega a ser parte activa integrante y consciente del Alma que compenetra y prevalece en todo lo que existe en manifestación. Sólo entonces la pura luz del Espíritu per se deviene visible para él mediante una justa apreciación de la Joya oculta en el corazón de su propio ser; sólo entonces llega a ser consciente de la grandiosa Joya oculta en el corazón de la manifestación solar. Aun entonces, en esa etapa avanzada, todo lo que puede percibir, contactar y visualizar es la luz que emana de la Joya y la radiación que vela la gloria interna.

El hombre mismo —una idea grande y específica— no conoce la naturaleza de aquello que intenta expresar.

El hombre es el producto más elevado de la existencia en los tres mundos. Quiero significar por hombre, el hombre espiritual, un hijo de Dios en encarnación. Las formas de todos los reinos de la naturaleza —humano, animal, vegetal y mineral— contribuyen a esa manifestación. La energía del tercer aspecto de la divinidad tiende a la revelación del alma o segundo aspecto, que a su vez revela el aspecto más elevado.

Debe recordarse que La Doctrina Secreta, de H. P. Blavatsky, expresa con exactitud esta idea en las siguientes palabras: “Consideramos la vida como la única forma de existencia, manifestándose en lo que llamamos materia, o que separándola incorrectamente, denominamos espíritu, alma y materia, en el hombre. Materia es el vehículo para la manifestación del alma en este plano de existencia, y el alma es el vehículo, en un plano más elevado, para la manifestación del espíritu; los tres son una trinidad sintetizada por la vida que los compenetra”.

Mediante el uso de la materia el alma se desenvuelve y halla su culminación en el alma del hombre.

En las personas más avanzadas del mundo hoy hallamos el cuerpo mental funcionando; esto sucede en gran escala en nuestra civilización occidental. La energía del rayo del cuerpo mental comienza a afluir, y lentamente se hace valer. A medida que esto ocurre, la naturaleza de deseo es puesta bajo control, y en consecuencia la naturaleza física puede llegar a ser más definidamente el instrumento de los impulsos mentales. La conciencia del cerebro comienza a organizarse y el foco de las energías comienza a trasferirse gradualmente desde los centros inferiores a los superiores. El género humano está alcanzando la madurez. … Más tarde, la personalidad se convierte en el instrumento del alma que mora internamente.

Detrás de la forma externa de un ser humano… está el alma, responsable de su creación, sostenimiento y utilización. Detrás de toda actividad para el progreso de la evolución humana, como también de otros procesos evolutivos, se encuentra la Jerarquía. Ambos representan centros de energía; ambos trabajan bajo la Ley creativamente; ambos pasan de la actividad subjetiva a la manifestación objetiva, y ambos son responsivos (en la gran serie de vidas graduadas) a la vitalización y estímulo de los centros más elevados de energía.

Todo lo que podemos hacer es captar el hecho de que existe aquello que aún no puede ser definido y comprender que prevalece una vida central que compenetra y anima al Alma y trata de utilizar la forma por la cual ella se expresa. Lo mismo puede decirse de todas las formas y de todas las almas, subhumanas, humanas, planetarias y solares.

 

Compilado “El Alma, la cualidad de la Vida”; de los libros azules, los libros de Alice Bailey.

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