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Hollando el sendero del filo de la navaja y aprendiendo de la experiencia

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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Hollando el sendero del filo de la navaja y aprendiendo de la experiencia

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Lo primero que descubre el aspirante es la dualidad. El hombre poco evolucionado percibe la síntesis, pero es la de su naturaleza material. El hombre altamente espiritual también percibe la síntesis pero es la de su alma, cuya conciencia es unidad. Pero entre ambas está el desdichado aspirante, consciente sobre todo de la dualidad y llevado de un lado a otro por ambas. Su primer paso tiene como objetivo hacerse consciente de los pares de opuestos y de la necesidad de elegir entre ellos. Por medio de la luz, que ha descubierto en sí mismo, se hace consciente de la oscuridad. A través del bien que lo atrae, ve el mal que para él es la línea de menor resistencia. Mediante la actuación del dolor puede visualizar y ser consciente del placer, y el cielo y el infierno llegan a ser para él realidades. Mediante la actuación de la vida atractiva de su alma, se da cuenta de la atracción de la materia y de la forma, y se ve obligado a reconocer el impulso y la atracción de ambos. Aprende a sentirse como “pendiendo entre las dos grandes fuerzas”, y una vez comprendidas las dualidades, va conociendo paulatinamente y con certeza que el factor decisivo en la lucha es su voluntad divina, en contraposición a su voluntad egoísta. Así las fuerzas duales desempeñan su parte hasta que son percibidas como dos grandes corrientes de energía divina que van en dirección opuesta, entonces se da cuenta de los dos senderos mencionados en nuestra regla. Uno conduce de regreso al triste mundo del renacimiento, el otro a través del portal dorado, a la ciudad de las almas libres. Uno es involutivo y lo envuelve en la más densa materia; el otro lo conduce fuera de la naturaleza corporal, y con el tiempo lo hace consciente de su cuerpo espiritual, mediante el cual puede actuar en el reino del alma. Posteriormente (cuando sea un verdadero y consagrado chela) reconocerá que uno es el sendero de la izquierda, y el otro el de la correcta actividad. En un sendero llegará a ser experto en magia negra, que no es más que el desarrollo de los poderes de la personalidad, subordinados a los propósitos egoístas del hombre, movilizados por el propio interés y las ambiciones mundanas. Estos lo confinan a los tres mundos, cerrando la puerta que da a la vida. En el otro sendero subordina su personalidad y ejerce la magia de la Hermandad Blanca, trabajando siempre en la luz del alma, con el alma de todas las formas y sin acentuar las ambiciones del yo personal. La clara discriminación de estos dos senderos revela lo que se denomina en algunos libros esotéricos, el estrecho “Sendero del filo de la navaja” que se encuentra entre ambos. Es el “Noble Sendero Medio” de Buda, que traza la fina línea demarcatoria entre los pares de opuestos y entre las dos corrientes que ha aprendido a reconocer —una asciende a los portales del cielo y la otra desciende al infierno más profundo.

Toma largo tiempo para establecer una vibración estable y un tiempo igualmente largo para desintegrarla e imponer un ritmo más elevado. El crecimiento es un largo período de construir para destruir, de crear para desorganizar después, de desarrollar ciertos procesos rítmicos para interrumpirlos después, y para obligar al viejo ritmo a dar lugar al nuevo. Lo que la Personalidad ha tardado muchos miles de vidas en establecer, no será fácilmente alterado cuando el Ego —actuando en la conciencia inferior— trate de efectuar un cambio. La trasferencia de polarización del emocional al mental, de éste al causal y más tarde al triple Espíritu, necesariamente implica un período de gran dificultad, de violento conflicto, tanto interno como con el medio ambiente, de sufrimiento intenso y de aparente oscuridad y desintegración; todo esto caracteriza la vida del aspirante o del discípulo.

Bajo la ley oculta, el hacer precede siempre al conocimiento, porque el conocimiento se obtiene mediante experimento y experiencia. El discípulo o aspirante trabaja siempre en la oscuridad, particularmente en las primeras etapas del desarrollo, siguiendo un profundo y oculto instinto hacia la correcta actividad. Primero, por ese arduo y persistente cumplimiento del deber, por la presión de la conciencia, por el impulso de su alma que va despertando y por la influencia del Maestro, avanza de la oscuridad a la luz y descubre que la obediencia a sus instintos espirituales lo conduce inevitablemente al reino del conocimiento, que —una vez adquirido— se trasforma finalmente en sabiduría. Entonces se convierte en un Maestro y ya no camina en la oscuridad.

Por lo general los aspirantes se molestan amargamente por los muchos ciclos de oscuridad que aparentemente atraviesan; se quejan de la dificultad de trabajar en la oscuridad y de no ver luz alguna en parte alguna; olvidan que la capacidad de trabajar en la oscuridad o en la luz es una sola capacidad inherente. La razón de esto es que el alma nada conoce sino ser, y luz y oscuridad son —para el alma— una y la misma cosa. Sobre todo lo demás, el conocimiento viene por experimento consciente, y donde no hay actividad experimental alguna, ninguna experiencia puede ser obtenida. Conocimiento es la recompensa de ambos factores —un conocimiento que no es teórico sino probado, fáctico, y el inteligente resultado de arduo trabajo; es además el resultado de frecuente angustia (correctamente manejada) y de anticipación espiritual.

Lo antedicho atañe a la vida y trabajo del aspirante individual cuando encara el problema de su propia naturaleza inferior y se prepara para la etapa de llegar a ser una personalidad alma-infusa; atañe también al discípulo activo, buscando conocimiento y sabiduría a medida que elabora el Plan jerárquico lo mejor que puede. Forzosamente debe experimentar y obtener experiencia práctica; debe aprender el significado tanto del éxito como del fracaso, y el conocimiento que pueda obtenerse por medio de ello. El conocimiento llega al principio mediante la lucha por avanzar hacia una luz mayor y más clara; después llega cuando el aspirante (buscando expresión del alma) aprende a olvidarse de sí mismo en la necesidad de otros al demandar cualesquiera luz y conocimiento que él pueda poseer; la sabiduría ocupa el lugar del conocimiento cuando, en los trasmutadores fuegos de lucha, dolor y arduo trabajo, el aspirante se trasforma en el discípulo operativo y es gradualmente absorbido en las filas de la Jerarquía.

Se encarece a los estudiantes tratar drástica y potentemente su naturaleza emocional, recordando que la victoria viene de arriba y no puede empezar de abajo. El alma debe regir, y su arma en la lucha es la mente consagrada.

 

Compilado “El Alma, la cualidad de la Vida”; de los libros azules, los libros de Alice Bailey.

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