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Impersonalidad

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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La impersonalidad es una cualidad peculiarmente difícil de alcanzar, especialmente por las personas que llegaron a una integración de alto grado. Existe una estrecha interrelación entre impersonalidad y desapego. Estudien esto. Muchas ideas muy estimadas, cualidades difícilmente adquiridas, virtudes cuidadosamente nutridas y creencias poderosamente formuladas, militan contra la impersonalidad. Es difícil para el discípulo, al principio de su entrenamiento, mantener firmes sus ideales, perseguir incansablemente su propia integración espiritual y orientarse impersonalmente hacia otras personas. Desea que sus luchas y realizaciones sean reconocidas; anhela que la luz que ha contribuido a intensificar produzca una reacción en otros; quiere ser conocido como discípulo; ansía demostrar el poder adquirido y su naturaleza amorosa muy desarrollada, para despertar admiración o por lo menos oposición. Pero nada de esto ocurre. No se lo considera mejor que sus hermanos, en consecuencia, la vida no le resulta satisfactoria.

Estas verdades surgen del autoanálisis, y pocas veces ustedes se las formulan y encaran; por lo tanto, debido a que trato de ayudarlos, las formulo y los enfrento con ellas. Le resulta difícil al hombre  o mujer inteligente ver a quienes están estrechamente asociados con ellos, ocuparse de la vida y sus problemas, desde un punto de vista propio y totalmente distinto al suyo —manejados (desde el punto de vista del discípulo) en forma débil y tonta y cometiendo aparentemente serios errores de juicio o técnicos. Sin embargo, hermanos míos, ¿por qué se sienten tan seguros de que están en lo cierto y que su punto de vista es necesariamente correcto? Posiblemente su perspectiva de la vida y su interpretación de la situación, necesitan reajustarse y sus móviles y actitudes elevarse y purificarse. Y aunque para ustedes fuera lo mejor y más elevado que pueden alcanzar en determinado momento, sigan su camino y dejen que su hermano siga el suyo. “Es mejor que el hombre cumpla su propio dharma y no el de otro”. Así expresa el Bhagavad Gita esta verdad, diciéndole al discípulo que se ocupe de sus propios asuntos.

Esta actitud de no intervenir y de abstenerse de criticar, de ninguna manera impide ayudarse mutuamente ni establecer relaciones grupales constructivas; tampoco niega la expresión del amor ni la feliz cooperación grupal. En toda relación grupal hay siempre muchas oportunidades para practicar la impersonalidad. Por lo común, en todo grupo, algún miembro (o quizás varios) constituye un problema para sí mismo y sus hermanos de grupo. Quizás lo sea usted mismo y no se da cuenta. Probablemente sepa quién, entre compañeros servidores, constituye una prueba para sus hermanos. O también vea con claridad cuál es la debilidad grupal y quién es el que impide que el grupo emprenda una actividad más sutil. Todo esto está bien y es bueno, siempre que cada miembro continúe amando, sirviendo y absteniéndose de criticar. Es una actitud errónea tratar de enderezar asiduamente los pasos del hermano, increpándolo y tratando de imponerle su voluntad u otro punto de vista, aunque siempre pueden exponerse ideas y hacer sugerencias. Los grupos de discípulos son grupos de almas libres e independientes, que sumergen sus intereses personales en el servicio y procuran establecer el vínculo interno que fusionará al grupo en un instrumento para servir a la humanidad y a la Jerarquía. Que cada uno continúe con su propia disciplina del alma y deje a sus hermanos continuar con la suya.

Impersonalidad espiritual parece una especie de distanciamiento que de ningún modo nutre los elementos pertenecientes a la naturaleza de la personalidad. Esa impersonalidad no está basada en la indiferencia o en la preocupación sino en la profunda comprensión, en el enfoque dinámico sobre el servicio mundial, en un sentido de proporción y en el desapego que hace posible prestar la verdadera ayuda. San Pablo expresó esta idea cuando dijo: “Olvidando las cosas que quedan atrás, sigue adelante hacia la recompensa de tu elevado llamamiento en Cristo”. Quisiera que observen la palabra  “llamamiento”.

Quizás se pregunten si existe un único modo o método, por el cual el discípulo puede acercarse a esta meta aparentemente imposible. Responderé: sí, por la práctica constante de la impersonalidad con su subsidiaria actitud de indiferencia, en lo que a deseos, contactos y metas personales se refiere. Tal impersonalidad es muy poco comprendida, y aunque la desarrollen los aspirantes bien intencionados tiene una base egoísta. Reflexionen sobre esto y procuren lograr la impersonalidad, olvidándose de sí mismos y apartando el foco de la conciencia de la personalidad (donde comúnmente está centrada) y llevándolo al alma viviente y amorosa.

El Maestro espera que el discípulo se esfuerce en ser impersonal en su relación con Él y sus condiscípulos. Impersonalidad es el primer paso en el camino hacia el amor espiritual y la comprensión. El esfuerzo de la mayoría de los discípulos sinceros, generalmente se concentra en amarse los unos a los otros, y al hacerlo (empleando un viejo símil) ponen “el carro delante del caballo”. El esfuerzo es lograr ante todo impersonalidad en su trato, porque, una vez lograda, desaparece la crítica y puede afluir el amor.

 

Extraído de Discipulado en la Nueva Era Tomo I y Los Rayos y las Iniciaciones.

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