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Reseña:
Resulta imposible dentro de los límites de este tratado, dilucidar más profundamente el tema del karma cuando produce los innumerables tipos de dolencias humanas, incluyendo la enfermedad, siendo ésta una de sus manifestaciones. El tema es demasiado vasto, extremadamente complicado y muy confuso en sus efectos. Todo lo que puedo hacer es afirmar el hecho de que las acciones y reacciones pasadas han establecido en vidas anteriores un ritmo kármico de tal naturaleza, que hoy están implicados todos los aspectos de la naturaleza inferior, y entre los efectos más comunes y corrientes tenemos aquel en que entra en vigencia la gran Ley de Retribución, la enfermedad. Los curadores y los seudometafísicos deberían considerar cuidadosamente este punto.
La perfección hace surgir la imperfección a la superficie. El bien expulsa maneja al mal siempre desde la forma del hombre en tiempo y espacio. El método usado por el Uno Perfecto y empleado por el Bien, es inofensividad. Esto no es negatividad sino perfecto equilibrio, un cabal punto de vista y divina comprensión.
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Habrán observado que lo dicho a este respecto lleva todo el tema de la enfermedad a un distante mundo de orígenes; un mundo donde el hombre es aún incapaz de penetrar. Por esta razón he dedicado tanto tiempo a la consideración de las causas de la enfermedad… Nunca he tenido la intención de ocuparme de la patología de las enfermedades o de los síntomas de las muchas formas de mala salud que arrasan a la humanidad. Procuro principalmente acentuar las razones subjetivas de la mayoría de los males que atacan la estructura humana.
El excesivo énfasis que la gente pone sobre la enfermedad resulta desconcertante para el alma, pues coloca a la transitoria y constantemente mutable naturaleza forma en una posición de indebida preeminencia, mientras que —desde el ángulo del alma— las vicisitudes del cuerpo sólo tienen importancia en la medida en que puedan contribuir a enriquecer la experiencia del alma.
Las causas iniciadas por el hombre, vida tras vida, constituyen el factor importante; estas resultan en la aparición de enfermedad, en el surgimiento de alguna consecuencia desastrosa en circunstancia y en acontecimiento, y en el condicionamiento general de alguna encarnación en particular. El hombre debe aprender a tratar estas causas, reconocerlas y descubrir cuál es la energía condicionante que produce el efecto correspondiente, ocupándose primeramente de la tarea de contrarrestar la causa oponiéndole una voluntad entrenada.
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El karma no es un acontecimiento inevitable, ineludible ni doloroso. Puede ser neutralizado, pero esta neutralización, en lo que concierne a la enfermedad, incluye cuatro líneas de actividad:
- Determinar la naturaleza de la causa y la zona de la conciencia donde se originó.
- Desarrollar esas cualidades que son el polo opuesto de la causa efectiva.
- Practicar la inofensividad a fin de detener la expresión de las causas y evitar cualquier brote de esa lamentable condición.
- Dar los pasos físicos necesarios que producirán las condiciones que el alma ansía.
Pero detrás de todo sensato pensamiento y sensata actividad, debe haber la aceptación de la existencia de ciertas condiciones generales que se exteriorizan como mala salud física durante este ciclo mundial, no sólo para el reino humano sino también para los tres reinos subhumanos.
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La Ley de Imperfección existe porque las Grandes Realidades (que se hallan en todo el mundo fenoménico) están análogamente en proceso de desarrollo y de desenvolvimiento evolutivo. Por lo tanto, hasta que Ellos, como Seres espirituales, no hayan desarrollado “sublime control” —como se lo llama— de la sustancia de Sus formas fenoménicas, éstas no llegarán a la divina perfección. La enfermedad es una forma de imperfección transitoria, y la muerte no es más que el método para reenfocar la energía, antes de iniciar una actividad progresiva que conduzca eterna y constantemente hacia el mejoramiento.
Les pediría que no interpreten mal el significado de la palabra “imperfección”, que he empleado constantemente en relación con los Grandes Seres Quienes expresan una divinidad inasequible para la humanidad en este particular planeta. Se debe tener presente que el actual sistema solar es el segundo y que en el primer sistema se destacó un materialismo inteligente; la meta de los iniciados más elevados consistía en obtener completo control sobre la materia, desarrollar el principio mental y evidenciar un definido materialismo. En esos distantes eones eso marcó la realización, mientras que en el actual sistema solar señala la derrota para la humanidad. Este sistema, incluyendo a todos los planetas y también a nuestra Tierra, tiene una meta diferente, y el segundo aspecto divino, el del amor, debe ser manifestado, y manifestado por medio de la materia impregnada de las cualidades desarrolladas en el primer sistema.
Lo que fue perfección en aquel entonces, no lo es ahora.
Por lo tanto los Grandes Seres, suma total de todo lo que existe, trabajan a través de la sustancia y en ella, la cual ya está matizada o contaminada por aquello que debe ser abandonado y que no se someterá a un mayor desenvolvimiento.
Estas son las imperfecciones que estamos considerando —los siete aspectos de la materialidad inteligente; es aquí que la enfermedad tiene su asiento y expresión. Se dice que el cuerpo físico no es un principio; en el último sistema solar lo fue. En el actual, los principios son diferentes, y en el choque entre lo que es y lo que será (lo que volunta-ser) tenemos, en el plano físico, las causas de la enfermedad y la muerte.
Reflexionen sobre estas cuestiones y tengan presente que deben ver el panorama en amplia escala, lo más amplia posible, si quieren obtener una verdadera comprensión de algunas de las causas de los males y enfermedades físicos.
Extraído de: Un Tratado sobre los Siete Rayos – Tomo IV “Curación Esotérica”, Alice A. Bailey.
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Programa:
Reflexión sobre los Libros Azules
Etiqueta: Reflexión sobre los Libros Azules
Fecha: 19-09-2022



