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La Reaparición del Cristo: Tres Fases Distintivas

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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La Reaparición del Cristo: Tres Fases Distintivas

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Reseña:


LA REAPARICIÓN DEL CRISTO:
TRES FASES DISTINTIVAS

 

Hace muchos años, indiqué que el Cristo vendría de tres maneras, o más bien, que el hecho de Su Presencia podría ser probado en tres fases distintivas.

Se señaló entonces que el primer movimiento que haría el Cristo sería estimular la conciencia espiritual en el hombre, evocar en amplia escala las demandas espirituales de la humanidad y fomentar —en escala mundial— la conciencia de Cristo en el corazón humano. Esto ya se ha hecho y con resultados muy efectivos. Las clamorosas demandas de hombres de buena voluntad, de trabajadores en el campo de la beneficencia y de aquellos prometidos a la colaboración internacional, al alivio de la angustia del mundo y al establecimiento de rectas relaciones humanas, son la expresión innegable de la naturaleza fáctica de este proceso. Esa fase del trabajo preparatorio que indica Su advenimiento ahora ha llegado a una etapa donde nada puede detener su progreso o disminuir su ímpetu. A pesar de las apariencias, este levantamiento de la conciencia de Cristo ha sido exitoso y lo que puede parecer como actividad inversa a la larga no tiene importancia alguna, sino que es sólo de naturaleza temporaria.

El segundo movimiento indicado de la Jerarquía sería la impresión de las mentes de hombres esclarecidos en todas partes por ideas espirituales corporizando las nuevas verdades, por el “descenso” (si así puedo denominarlo) de los nuevos conceptos que gobernarán el vivir humano y por el sobreumbrado de todos los discípulos mundiales y del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo por del Cristo Mismo. Este planeado movimiento de la Jerarquía está progresando bien; hombres y mujeres en todas partes y en cada departamento de vida están enunciando esas nuevas verdades que en el futuro deberían guiar el vivir humano; ellos están construyendo esas nuevas organizaciones, movimientos y grupos —grandes o pequeños— que familiarizarán a las masas de hombres con la realidad de la necesidad y el modo de satisfacerla. Lo están haciendo porque son llevados a eso por la calidez de sus corazones y por su amorosa respuesta a la angustia humana; sin formulárselo de este modo ellos están, sin embargo, trabajando para visibilizar el Reino de Dios en la Tierra. No es posible negar estos hechos, en vista de la multiplicidad de organizaciones, libros y conferencias.

En tercer término se nos dice que Cristo podría venir en Persona y caminar entre los hombres como lo hizo anteriormente. Esto aún no ha tenido lugar pero se están haciendo planes que Le permitirán hacerlo. Esos planes no involucran el nacimiento de algún hermoso niño en un algún hermoso hogar en la Tierra; no producirán afirmaciones disparatadas ni el crédulo reconocimiento de los bienintencionados y los ignorantes, como sucede tan frecuentemente hoy, ni aparecerá alguno y dirá: “Este es el Cristo. Está aquí o está allí”. Les señalaría, no obstante, que la generalizada aparición de tales relatos y afirmaciones, aunque indeseables, engañosos y erróneos, demuestran sin embargo la expectativa humana de la inminencia de Su advenimiento. La creencia en Su advenimiento es básica en la conciencia humana. Cómo vendrá y de qué manera todavía no se ha establecido. El momento exacto todavía no ha llegado ni ha sido determinado el método de Su aparición. La naturaleza fáctica de los dos movimientos anteriores y preparatorios, ya hechos por la Jerarquía bajo Su dirección, son la garantía de que Él vendrá y de que cuando lo haga, el género humano estará listo.
Resumamos ciertos aspectos de la obra que Él puso en marcha hace dos mil años, porque poseen la clave de Su obra futura.

• Por primera vez en la historia humana, el amor de Dios estuvo corporizado en un hombre y Cristo inauguró la era de amor. Esa expresión de amor divino todavía está en ciernes; [i50] el mundo aún no está lleno de amor y hay pocos que comprenden el verdadero significado de la palabra. Pero —hablando simbólicamente— cuando las Naciones Unidas se conviertan en poder fáctico y real, el bienestar del mundo entonces estará asegurado. ¿Qué es ese bienestar sino amor en acción? ¿Qué es la cooperación internacional sino amor en una escala mundial? Estas son las cosas que el amor de Dios en Cristo expresó y estas son las cosas que estamos trabajando aquí hoy para traer a la existencia. Estamos intentando hacerlo en una vasta escala y esto a pesar de la oposición —una oposición que sólo puede triunfar temporariamente, tal es la potencia del despierto espíritu del hombre. Estas son las cosas a las cuales la Jerarquía, en sus ya exitosos procedimientos, está ayudando y continuará ayudando.

• ¡El Reino de Dios no es algo que descenderá a la Tierra cuando el hombre sea suficientemente bueno! Es algo que está funcionando eficientemente hoy y demandando reconocimiento. Es un cuerpo organizado que ya está evocando reconocimiento por parte de esas personas que de verdad buscan primero el Reino de Dios, y descubren por ese medio que el Reino que buscan ya está aquí. Cristo y Sus discípulos son conocidos por muchos como físicamente presentes en la Tierra, y el Reino que Ellos rigen, con sus leyes y modos de actividad, es familiar para muchos y lo ha sido a lo largo de los siglos.

• En la Trasfiguración, Cristo reveló la gloria que es innata en todos los hombres. La triple naturaleza inferior —física, emocional y mental— se muestra allí como postrada ante la gloria que fue revelada. En ese momento, en el que Cristo Inmanente estaba en encarnación, en el que la humanidad estaba representada por los tres apóstoles, una voz vino desde el Hogar del Padre en reconocimiento de la divinidad revelada y la Filiación del Cristo Trasfigurado. En esta divinidad innata, sobre esta reconocida Filiación, está basada la hermandad de todos los hombres —una sola vida, una sola gloria que será revelada y una sola relación divina.

• Finalmente, en el triunfo de la Crucifixión o (como se la denomina con más exactitud en Oriente) la Gran Renunciación, Cristo, por primera vez, ancló en la Tierra un tenue hilo de la divina Voluntad a medida que emanaba desde el Hogar del Padre (Shamballa), pasaba a la comprensiva custodia del reino de Dios y, por intermedio del Cristo, era llevada a la atención del género humano. Mediante la instrumentalidad de ciertos grandes Hijos de Dios, los tres divinos aspectos o características de la divina Trinidad —voluntad, amor e inteligencia— han devenido una parte del pensamiento y aspiración humanos.

Olvidemos distancia, lejanía y vaguedad y démonos cuenta de que estamos hablando de acontecimientos exactos y literales en nuestro planeta. Estamos tratando con reconocimientos y ocurrencias y con eventos fácticos que son la consciente posesión de muchos. El Cristo de la historia y el Cristo en el corazón humano son hechos planetarios.
Extraído de: “La Reaparición del Cristo” (edición en revisión), Alice Ann Bailey.

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