Podcast:
Agregar a lista de reproducción
Reseña:
Enero 1945
No deseo comenzar este artículo provocando en ninguno de mis lectores un sentido de pesimismo; sin embargo, el trabajo a realizar es tan intensamente necesario, y los peligros de su no cumplimiento son tan espantosos, que me resulta necesario indicar ciertas principales líneas de peligro y ciertas aptitudes nacionales que llevan una amenaza para la paz del mundo. Estos problemas se dividen naturalmente en dos categorías:
- Los problemas internos, sicológicos, de las naciones individuales.
- Los principales problemas mundiales, tales como la relación entre las naciones y el comercio y las fuerzas del trabajo.
Esta guerra se precipitó por medio de una nación en el occidente y una en el oriente. Esto se hizo posible por la negatividad débil del pueblo alemán que los llevó durante varias generaciones a someterse al dominante control de un grupo nacional, el partido militar. La misma condición se hizo posible en el Este debido a la igualmente negativa actitud del pueblo japonés que aceptó la idea de su origen divino y el completo control de un emperador de nacimiento-divino. Japón mantenía de este modo ante los pueblos de Asia el concepto de su Esfera de Co-prosperidad, considerándola como misión ordenada por la divinidad, mientras que los alemanes estentóreamente afirmaban el hecho de que ellos eran la súper raza y por consiguiente debían determinar los destinos de las naciones en el occidente. Una casta militar dominante se aprovechó de estas ideas y explotó a las masas irreflexivas.
Inmediatamente, tienen una pronunciada situación sicológica haciéndose sentir; si tal actitud se evidenciara en un individuo, en una familia o en una comunidad, y fuera acompañada por la acción violenta que pusiera en peligro la seguridad de otros, tal persona sería encarcelada a fin de proteger a quienes la rodean. La situación no es tan sencilla cuando una nación entera, abarcando a millones de individuos, actúa y piensa de esta manera.
El próximo punto importante que quisiera decir es que la ocasión que tuvieron estas dos naciones para desorganizar la seguridad mundial y hundir a la humanidad en el horror y la agonía de la guerra mundial (1914-1945), se debe también a las debilidades sicológicas y al innato egoísmo e indiferencia de las otras naciones y también a las diversas fallas de las cuales ninguna nación está libre. Es información histórica corriente que cinco veces, durante los últimos ciento cincuenta años, Alemania hizo la guerra a otras naciones sin provocación alguna de parte de ellas. Alrededor de 1860 atacó a Dinamarca; después atacó a Austria y, más tarde, a Francia; luego sumergió a toda Europa en la guerra de 1914-1918. Con la ayuda de Japón e Italia, Alemania ahora ha involucrado a todo el planeta en el conflicto y esto sin razón auténtica alguna que justifique o excuse su accionar.
Sin embargo, la fuerza combinada de las naciones del mundo hubiera podido detenerla en cualquier momento si hubiese habido unidad de intención, y si sus propias debilidades sicológicas y sus defectos nacionales inherentes no les hubieran impedido ver con claridad las cuestiones implicadas. No estaban dispuestas a salvar a la humanidad a costa de sí mismas, y estaban tan ciegas que no dieron los pasos necesarios para impedir que esas dos naciones agresivas se lanzaran a su intento de acérrima conquista. Por lo tanto, antes de que el mundo pueda ser un lugar más seguro, más agradable, más sano y más bello, todas las naciones deben dar no sólo los pasos necesarios para controlar al pueblo alemán de forma tal que se imposibilite más agresión, sino que también deben hacer un balance de sí mismas y comenzar a encargarse de sus propias debilidades y complejos sicológicos. El problema que enfrentamos es triple:
- Cada nación debe procurar un buen estado de salud mental y esforzarse por implementar objetivos sicológicos, sanos.
- Debe lograrse la unidad internacional y debe estar basada no sólo en la confianza mutua sino también en correctos objetivos mundiales y en verdadera comprensión sicológica.
- Medidas correctivas de necesaria naturaleza disciplinaria y preventiva deben tomarse inmediatamente ahora que Alemania y Japón se han rendido. Estas medidas deben tener como objetivo curar sus tendencias insanas (pues eso es lo que son); estas dos naciones deben ser educadas y entrenadas para que finalmente puedan llegar a ser miembros útiles y dignos de la gran familia de naciones.
No es mi intención abordar las dificultades sicológicas de las diferentes naciones desde el ángulo histórico. Mucho se ha escrito desde este ángulo; las naciones gustan de estar versadas en las debilidades y faltas de otras naciones mientras que ignoran las suyas propias. El estudiante interesado puede encontrar muchos libros que le darán la profunda percepción histórica necesaria y que le aclararán las causas de la guerra actual. Alemania y Japón indudablemente precipitaron la guerra; son responsables, como naciones, de los horrores del presente; sin embargo, las debilidades, las fallas y las torpezas de todas las demás naciones han hecho posible la maldad de Alemania. Sólo intento indicar lo que debería hacerse en sentido de reforma sicológica, si las generaciones venideras han de vivir en paz; si han de tener la oportunidad de vivir con felicidad y funcionar creativamente en una atmósfera de seguridad. Se ha escrito mucho sobre las fallas de Alemania y Japón y hay muchos planes de posguerra para ponerles freno. Procuro que esto vaya paralelo a las sugerencias de un necesario freno a las fallas de las Naciones Unidas, lo cual debe ser llevado adelante simultáneamente a la drástica disciplina del pueblo alemán y del pueblo japonés.
A medida que consideramos las fallas de las Naciones Aliadas, quisiera prevenirme señalando que cuando se emplean grandes generalidades (y yo las emplearé, en bien de la claridad y el énfasis), no se puede presentar con justicia el caso del individuo; no obstante se puede evaluar correcta y exactamente la verdad concerniente al grupo o a la nación en que el individuo encuentra su lugar.
Por lo tanto, no todos los alemanes son malos; no todos se rindieron al nazismo; no todos idealizaron a Hitler y lo colocaron en el lugar de Dios; no todos desearon dominar el mundo. No obstante (y esta es la tragedia del pueblo alemán) la inmensa mayoría aceptó dócil y sumisamente la doctrina nazi, y el efecto —el efecto amplio y general— es el de una nación enloquecida, un pueblo desenfrenado y una nación dispuesta a perpetrar crueldades indecibles porque así se lo ordenan sus dirigentes aceptados. A esto se los condujo bajo la convicción de su propia superioridad que les da derecho a regir al mundo y apropiarse de lo mejor que todas las otras naciones tienen para ofrecer, sin tener en cuenta los derechos ni las reivindicaciones de esas naciones. Esto ilustra lo que quiero significar cuando digo que las generalizaciones referentes al todo pueden ser verdaderas, mientras que son engañosas en lo que respecta a la minoría o al individuo. Quisiera que recuerden que he dicho esto y lo tengan en cuenta al leer el resto de este artículo.
Extraído de “Los Problemas de la Humanidad”, edición original completa, 1947
Detalles:
Programa:
Reflexión sobre los Libros Azules
Etiqueta: Reflexión sobre los Libros Azules
Fecha: 25-03-2024



