Podcast:
Agregar a lista de reproducción
Reseña:
Febrero 1946
Al enfrentar hoy día el panorama mundial, debemos verlo tal como es en realidad y comprender que si se dieran los mejores pasos posibles, espirituales y materiales, para la más pequeña y menos importante de las minorías, ello crearía una situación que revertiría por completo la política mundial y marcaría el comienzo de una era cultural y civilizada totalmente nueva y más iluminada. Sin embargo, no es probable que esto ocurra; tan cerrados están los intereses egoístas entrelazados, que la utilización de un sistema de perfecta justicia y equidad en cualquier caso dado, afectaría muy importantes intereses materiales, infringiría presuntos derechos de naciones poderosas, vulnerarían límites establecidos e indignarían a grupos poderosos hasta en los países más lejanos.
En cada país el gran pecado de la separatividad de nuevo está alzando su horrible cabeza; las minorías abundan y son maltratadas; en todas partes hay divisiones; los partidos claman por atención y adherentes; los grupos religiosos esparcen disensión y procuran ganar miembros a expensas de otros grupos; los ricos se están organizando a fin de controlar nuevamente las finanzas del mundo; los pobres están luchando por sus derechos y por mejores condiciones de vida; la tiranía de la política egoísta impregna tanto el capital como el trabajo, y la dictadura de estos dos grupos está arruinando la vida cotidiana de personas en todos los países. Aunque la guerra (en el sentido estrictamente militar) puede haber terminado, el espíritu de la guerra parece estar simplemente pasando a otra etapa (cambiando de escena) e involucrar una arena todavía más extensa. Las naciones se están negando a limpiar sus propias casas pero hacen furibundos esfuerzos para instruir a sus vecinos en lo que ellas consideran la acción correcta; las minorías en todas las naciones están aprovechando la situación para obtener todo lo que pueden y mantener activa la agitación, como lo atestiguan las actividades de los grupos que hoy están intentando crear problemas entre los Estados Unidos y Gran Bretaña.
Será evidente para ustedes que no me es posible continuar con el relato de todas las minorías en el campo internacional y tratar por ejemplo la lucha de las pequeñas naciones por reconocimiento y por lo que ellas consideran (correcta o incorrectamente) sus justos derechos. La historia de las pequeñas naciones llevaría años para escribirse y años para leerse, y entonces sería sólo la historia de la humanidad, y como todas las otras historias. De estas no puedo ocuparme. Todo lo que podemos hacer es reconocer que tienen un caso a ser presentado y un problema a ser resuelto, pero que la justicia y el juego limpio, la plena oportunidad y la compartición equitativa de los recursos económicos del mundo sólo serán posibles cuando ciertos principios amplios y generales hayan sido impuestos por el peso de la opinión pública. De estos principios espero ocuparme al cierre de este artículo cuando consideremos la posibilidad de una solución al problema de las minorías.
Sin embargo, quisiera referirme brevemente al problema de tres minorías porque en este momento están atrayendo tanta atención pública y porque (si puede solucionárselos) se habrá dado un tremendo paso adelante hacia la comprensión mundial. Son:
- El Problema Judío. Los judíos constituyen una minoría internacional de gran acometividad, sumamente ruidosa, y también constituyen una minoría prácticamente en todas las naciones del mundo. Su problema es, por lo tanto, único.
- El Problema Negro. Este es otro problema único, con los negros constituyendo una mayoría en ese gran (y hasta ahora no desarrollado) continente de África, y al mismo tiempo constituyendo una minoría en los Estados Unidos de América y un problema que atrae gran atención. Este problema es único en el sentido de que es esencialmente el problema de la gente blanca y uno que ellos mismos deben resolver porque ellos lo produjeron y lo han perpetuado.
- El Problema de India. Este es esencialmente el problema de un pueblo conquistado, luchando por recuperar su tierra. La mayoría hindú (si uno puede emplear tal expresión acerca de tal diversidad de razas) es bloqueada en sus esfuerzos por sus conquistadores originales, la viril y poderosa minoría musulmana. El problema se complica por la presencia en el país de una minoría británica que tomó posesión de las tierras comercialmente en el siglo XVIII y ha controlado desde entonces. Pero el problema sigue siendo básicamente un problema hindú-musulmán.
Si podemos obtener alguna idea de la significación de estos tres problemas, material y espiritualmente, y adquirir una nueva percepción en las responsabilidades involucradas, quizás se consiga mucho de utilidad. En el caso de los judíos, el pecado de la separatividad es profundamente inherente a la raza misma, así como entre aquellos entre quienes viven, pero los judíos son en gran parte responsables de que la separación se perpetúe; en el caso del negro, el instinto separatista proviene de la gente blanca; el negro está luchando para ponerle fin y, por lo tanto, las fuerzas espirituales del mundo están del lado del negro. En el caso de India, tienen tres grupos principales ampliamente diferentes, con diferentes ideales, con diferentes tendencias raciales y con muchas formas de religión, intentando resolver un problema que tiene siglos de antigüedad y que antecede en muchos años a la ocupación británica. Pero el mismo gran tema de la separatividad corre a través de los tres grupos así como corre a través de las tres minorías de las que elegí ocuparme.
- El Problema Judío
Este problema es tan antiguo y tan bien conocido que es difícil decir algo acerca de él que no sea de la índole de un lugar común o que no indique un sesgo de algún tipo (desde el punto de vista del lector) y que no despierte en el lector judío sobre todo una indeseable reacción. Sin embargo, no estoy interesado en decir lo que sea aceptable o que esté de acuerdo con todos los puntos de vista o que sea una exposición de todo eso que ha sido dicho hasta ahora. Hay cosas que decir que no son tan familiares y que rara vez se han dicho, o fueron dichas en un espíritu de crítica o de antisemitismo en lugar de un espíritu de amor como es mi intento aquí.
En todos los países y a lo largo de las épocas, el judío ha recurrido al comercio y ha trabajado con dinero; son un pueblo estrictamente comercial y urbano y han mostrado poco interés en la agricultura, excepto últimamente bajo el Movimiento Sionista en Palestina. El setenta y ocho por ciento de los judíos palestinos viven en Tel Aviv. A sus tendencias extremadamente materialistas han añadido un gran sentido de lo bello y un concepto artístico que mucho aportó al mundo del arte; siempre fueron los patrocinadores de lo bello, y también han estado entre los grandes filántropos del mundo y esto a pesar de sus indeseables y dudosos métodos comerciales, que han hecho que en el mundo de los negocios se les tenga gran antipatía y desconfianza. Son y continúan siendo un pueblo esencialmente oriental —lo cual el occidental tiende a olvidar… Su historia, desde mucho antes de la era Cristiana, ha sido una historia de constante migración, y la palabra “éxodo” ha estado y está hoy asociada con ellos. Son los “judíos errantes”, simbólicamente y de hecho. Es esto lo que en gran parte es responsable de hacer de ellos lo que ellos son. Extraído de “Los Problemas de la Humanidad”, edición original completa, 1947
Detalles:
Programa:
Reflexión sobre los Libros Azules
Etiqueta: Reflexión sobre los Libros Azules
Fecha: 11-04-2024



