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Los Problemas de la Humanidad – Las Iglesias – Párrafos Silenciados

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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Los Problemas de la Humanidad - Las Iglesias - Párrafos Silenciados

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Reseña:


Abril 1947

 

El Problema de las Iglesias

 

Les llamaría la atención sobre el título de este artículo. No se llama el problema de la religión sino simplemente el problema de aquellas personas y organizaciones que intentan enseñar religión, que aseguran representar la vida espiritual, dirigir el acercamiento espiritual del alma humana a Dios y de establecer las reglas para la vida espiritual. Menciono esto porque soy plenamente consciente de que —al escribir sobre este tema— estoy pisando terreno peligroso. Por lo tanto, desde el principio, quiero dejar meridianamente clara mi postura al respecto. No quiero que haya ningún posible malentendido respecto a mi actitud espiritual pronunciada.

Nada tengo en contra del espíritu religioso; creo y sé que existe y que es esencial para una vida plena y verdadera en la tierra. Reconozco la intemporalidad de la fe y el testimonio del Espíritu, por incontables edades, al hecho de Dios. Sé —más allá de toda controversia o de cualquier temor a la refutación o al desencanto— que Cristo vive y guía al pueblo del mundo y que Lo hace no desde un vago o distante centro llamado la “diestra de Dios” (una frase simbólica), sino desde aquí a mano y cerca de la humanidad a quien Él ama eternamente. Creo que cuando dijo: “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, aun hasta el fin del mundo”, quiso significar exactamente lo que dijo. Sé que el acercamiento del Espíritu humano a su Fuente, a ese Centro espiritual donde la divinidad reina, y a Quienes guían y dirigen ese acercamiento, continuará inevitablemente; sé que el camino está eternamente abierto a los peregrinos y creo que todos estos peregrinos, todas las almas, finalmente encontrarán su camino al Hogar del Padre. Creo en la obra de Cristo según se nos esboza en los Evangelios y también creo en los episodios que retratan la vida de Jesús. Por encima de todo lo demás, creo que Cristo hoy vive y porque Él vive nosotros viviremos también, pues, “como Él es, así somos nosotros en este mundo”; sé también que algún día seremos como Él, porque Lo veremos como Él es. Cuando esto tenga lugar, entonces las “obras más grandes” que nos predijo que haríamos, las haremos. Esto será posible porque Él abrió un Camino para nosotros hacia el interior del Centro más recóndito, siendo el “primogénito entre muchos hermanos” y el Hermano Mayor de todos nosotros.

El hecho de Dios, el hecho de Cristo, el hecho del acercamiento espiritual de los hombres a la divinidad, el hecho de la inmortalidad del Espíritu, el hecho de la oportunidad espiritual y el hecho de la relación del hombre con Dios y con sus semejantes —sobre estos me apoyo. Acentuaría también la presentación evolutiva de la verdad y su constante adaptación a la necesidad humana en cualquier período dado en la historia.

Procuro demostrar muy categóricamente que las iglesias no sólo no han logrado conducir a los hombres hacia Dios en cualquier escala amplia o evitar la guerra mundial (1914-1945) sino que (salvo una muy pequeña minoría) muestran toda intención de volver a los viejos malos caminos, a las antiguas teologías y doctrinas gastadas y a los métodos materialistas, autoritarios, que han significado fracaso para las iglesias.

No tengo interés en atacar al Cristianismo. El cristianismo no puede ser atacado; es una expresión —en esencia, si todavía no de hecho— del amor de Dios, inmanente en Su universo creado. El iglesianismo, sin embargo, se abrió a sí mismo de par en par al ataque, y la masa de gente reflexiva lo sabe; lamentablemente, esta gente reflexiva es una pequeña minoría (aunque una minoría que crece rápidamente), y es esta minoría reflexiva la cual —cuando sea una mayoría— significará la perdición de las iglesias y respaldará la difusión del verdadero cristianismo.

Veamos el cuadro con toda la amplitud que podamos. ¿Puedo pedirles paciencia mientras desarrollo el tema? ¿Retendrán la opinión hasta que hayan leído lo que tengo que decir? ¿Aquietarán el alboroto de sus prejuicios y las actividades de sus tendencias defensivas hasta que hayan abarcado el tema conmigo? Eso es todo lo que pido. En bien de la claridad y a efectos de que el delineamiento de los hechos y de las potencialidades puedan surgir con claridad en sus mentes, voy a dividir este tema en las siguientes secciones, comenzando por la más desagradable y controvertida y concluyendo en una nota de esperanza, de propósito y de visión.

En este artículo volveré a referirme brevemente a los mismos puntos que he tratado en un artículo anterior, titulado La Nueva Religión Mundial. Pero hoy la guerra mundial ha terminado; la situación ha cambiado; la necesidad inmediata del género humano está emergiendo con claridad, y los pasos que las iglesias se proponen dar para satisfacer esa necesidad —organizarse para influir políticamente a las naciones como es el caso de un grupo en Génova, reconstruir las iglesias, hacer campañas de afiliación y re-afirmar la fe en los mismos viejos términos— también se están aclarando. Parece esencial, por lo tanto, que encaremos la situación exactamente como es y que aislemos esas verdades que son esenciales para el progreso e iluminación del hombre y eliminemos esas verdades que son controvertidas e insignificantes…

Los eclesiásticos necesitan recordar que el espíritu humano es más grande que todas las iglesias y más grande que la enseñanza de ellos. A la larga, ese espíritu humano los derrotará y avanzará triunfalmente en el Reino de Dios, dejándolos muy atrás a menos que entren como una humilde parte de la masa de hombres. Los pomposos prelados y los ejecutivos eclesiásticos no tienen parte alguna en ese reino. Cristo no necesita prelados ni ejecutivos; necesita humildes instructores de la verdad y ejemplos de vida espiritual.

Recordemos: Cristo no ha fracasado. El elemento humano es el que ha fracasado y el que Lo ha derrotado, frustrado Sus intenciones y prostituido la verdad que Él presentó.

¿Hay alguna chance de que las iglesias y los eclesiásticos presten atención a lo que tengo que decir y que retorne una renovación de la fe como estuvo en Cristo? ¿Hay suficientes hombres de visión en las iglesias, para salvar la situación —una visión de satisfacer la necesidad del hombre y no una visión del crecimiento y engrandecimiento de las iglesias? Tales hombres existen en cada organización religiosa, pero son penosa y deplorablemente pocos. Sin embargo, escribo para esos pocos, porque la minoría que lucha (en este caso los pocos de mente espiritual) es la que generalmente custodia la verdadera visión y finalmente la trae a la existencia; son los que caminan las calles tórridas, desdichadas, con la hambrienta humanidad agonizante y quienes, por lo tanto, reconocen en un agudo sentido la necesidad de regenerar las iglesias.

En todas partes los hombres demandan luz. ¿Quién ha de dárselas? ¿Aquellos mismos que caminan en la más densa oscuridad? ¡De nuevo, el ciego guiando al ciego!

Extraído de “Los Problemas de la Humanidad”, edición original completa, 1947

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