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Caracteristicas del alma: Serenidad y Calma Interna

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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Caracteristicas del alma: Serenidad y Calma Interna

Reflexión sobre los Libros Azules

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Anteriormente señalé cuán difícil es el proceso de absorber a un nuevo discípulo en un Ashrama, pues debe enseñársele a progresar gradualmente de la periferia de la conciencia grupal al centro. Cada paso adelante debe ser observado cuidadosamente por el Maestro, a fin de proteger al Ashrama de toda actividad desintegradora. Sólo cuando el discípulo obtiene “serenidad oculta” puede enfocarse permanentemente dentro del aura grupal, y ello ocurre cuando es consciente de la vibración específica y peculiar del aura del Maestro. Como se verá, esto requiere serenidad.

Quiero señalar aquí que serenidad y paz no son idénticas. La paz debe ser siempre temporaria y refiere al mundo de sentimiento y a condiciones susceptibles de perturbación. Es un acontecimiento inevitable y esencial para el progreso, que cada paso adelante esté señalado por perturbaciones, por puntos de crisis y caos, posteriormente reemplazados (cuando son manejados con éxito) por períodos de paz. Pero esta paz no es serenidad y a un discípulo sólo se le permite morar dentro del aura del Maestro cuando la serenidad ha sustituido a la paz. Serenidad significa esa calma profunda, desprovista de perturbación emocional, que caracteriza al discípulo que está enfocado en una “mente mantenida firme en la luz”. La superficie de su vida puede estar (desde el ángulo mundano) en un estado de cambio violento. Todo lo que estima y aprecia en los tres mundos puede estar derrumbándose a su alrededor. Pero a pesar de todo, él se mantiene firme, equilibrado en la conciencia del alma, y las profundidades de su vida permanecen imperturbables. Esto no es insensibilidad ni una forzada autosugestión, tampoco es una capacidad de exteriorizar la conciencia de tal modo que los sucesos y acontecimientos individuales son ignorados. Es la intensidad del sentimiento trasmutado en comprensión enfocada. Cuando esto se ha logrado, el discípulo tiene el derecho a vivir dentro del aura del Maestro. Nada hay en él ahora que requiera que el Maestro desvíe Su atención de los esfuerzos vitales hacia la insignificante tarea de ayudar a un discípulo.

Al discípulo nada le ocurre sino lo que está en el Plan, y donde el móvil y la única aspiración del corazón es llevar a cabo la voluntad del Maestro y servir a la raza, lleva en sí la simiente de la próxima empresa y también produce el clima necesario para el siguiente paso. Esto aclara muchas cosas, y se hallará aquello de lo cual el discípulo puede depender cuando se nubla la visión, y el grado de vibración es inferior a lo que debe ser, ofuscándose el razonamiento por los miasmas surgidos de las circunstancias del plano físico. Para muchos, gran parte de lo que aparece en el cuerpo astral está basado en antigua vibración y no tiene fundamento en realidad, y el campo de batalla es controlar tanto la situación astral, que de nuestras ansiedades y preocupaciones presentes surjan la confianza y la paz, y de la acción e interacción violentas provenga la tranquilidad.

Es posible alcanzar un punto donde nada de lo que ocurre altera la calma interna, donde se reconoce y experimenta la paz que trasciende toda comprensión, porque la conciencia está centrada en el ego, que es la paz misma, y constituye el círculo de la vida búdica; donde se conoce y siente el aplomo y reina el equilibrio, porque el centro de vida reside en el Ego, quien es —en esencia— equilibrio; donde prevalece la serena e inconmovible calma y el divino Conocedor empuña las riendas del gobierno y no permite las perturbaciones del yo inferior; donde se alcanza la beatitud, que no está basada en las circunstancias de los tres mundos sino en la comprensión interna de la existencia aparte del no-yo, una existencia que persiste cuando ya no existen el tiempo y el espacio y todo cuanto contienen; esto se conoce cuando se experimentan, trascienden y trasmutan las ilusiones de los planos inferiores; aquello que perdura cuando el pequeño mundo del esfuerzo humano se ha disipado y desaparecido y se lo considera inexistente, estando basado en el conocimiento del YO SOY ESO.

Tal actitud y experiencia pueden ser llevadas a cabo por quienes persisten en su elevado esfuerzo, y a nada dan valor con tal de alcanzar la meta, perseverando a través de las circunstancias, con los ojos fijos en la visión futura y los oídos atentos a la Voz del Dios interno, que resuena en el silencio del corazón; los pies firmemente asentados en el sendero que conduce al Portal de la Iniciación; las manos extendidas para ayudar al mundo, y toda la vida subordinada al llamado del servicio. Entonces, todo cuanto llega es para bien —enfermedad, oportunidad, éxito y desengaños, burlas y maquinaciones de los enemigos, incomprensión de los que amamos—, todo está sólo para ser utilizado, y todo existe sólo para ser trasmutado. Como se verá, lo más importante es la continuidad de visión, la aspiración y el contacto internos. Lo que debe lograrse es esa continuidad, no por las circunstancias sino a pesar de ellas.

A medida que el aspirante progresa, no sólo equilibra los pares de opuestos sino que le es revelado el secreto del corazón de su hermano. Se lo reconoce como una fuerza en el mundo, se lo aprecia como individuo y en él se confía que pueda prestar servicio. Los hombres recurren a él para ser ayudados pues reconocen la actividad que desempeña, entonces emite su nota para ser oída en las filas dévicas y humanas. Lo logra en esta etapa mediante la pluma, la literatura, la palabra hablada, conferencias y enseñanzas, y también la música, la pintura y el arte. Llega así al corazón de los hombres por cualesquiera de estos caminos, y se convierte en auxiliar y servidor de su raza.

Perfecto Equilibrio indica total control del cuerpo astral, de manera que son superados los desórdenes emocionales, o por lo menos quedan reducidos al mínimo en la vida del discípulo. Indica también, en una vuelta superior de la espiral, la capacidad para funcionar libremente en los niveles búdicos, debido a la total liberación (y al consiguiente equilibrio) de todas las influencias e impulsos motivados en los tres mundos. Este tipo o cualidad de equilibrio significa —si reflexionan profundamente— un abstracto estado mental, pues nada de lo que se considera imperfección puede causar alteración. Seguramente se darán cuenta de que si estuvieran enteramente libres de toda reacción emocional, verían acrecentarse enormemente la lucidez mental y la capacidad de pensar con claridad y todo lo que ello involucra.

Naturalmente, el perfecto equilibrio de un discípulo-iniciado y del Maestro-Iniciado son diferentes, porque uno concierne al efecto que produce o no en los tres mundos, el otro concierne a la adaptabilidad al ritmo de la Tríada espiritual; sin embargo, el primer tipo de equilibrio debe preceder a la realización posterior, y por ello me ocupo del tema. Este perfecto equilibrio (que es un logro posible para ustedes que leen) se alcanza rechazando los tirones, los apremios, impulsos y atracciones de la naturaleza astral o emocional, y también practicando lo que previamente mencioné: Indiferencia Divina.

 

Compilado “El Alma, la cualidad de la Vida”; de los libros azules, los libros de Alice Bailey.

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