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El Hombre Espiritual

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El Hombre Espiritual

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El hombre en la actualidad está dedicado a muchas actividades y, por fuerza de las circunstancias, polarizado totalmente en el yo inferior, ya sea en el cuerpo emocional o en el mental. Ha llegado así a un punto donde el éxito, la popularidad y los diversos dones son suyos, sin embargo no extrae de ellos ninguna satisfacción, persistiendo siempre el anhelo interno hasta que el dolor es tan agudo, que el deseo de exteriorizarse y elevarse, para verificar algo y alguien más allá, vence todos los obstáculos. El hombre comienza a dirigirse internamente y a buscar la fuente de donde vino. Entonces empieza a meditar, a reflexionar e intensificar la vibración hasta que en el proceso del tiempo recoge los frutos de la meditación.

La meditación implica vivir una vida enfocada cada día y siempre. Este proceso de meditación ordenada, cuando se lleva a cabo durante un período de años, complementado por la vida meditativa y un servicio concentrado, despertará exitosamente todo el sistema y pondrá al hombre inferior bajo la influencia y el control del hombre espiritual.

La iniciación es un proceso por el cual el hombre espiritual que mora en la personalidad, llega a ser consciente de sí mismo como alma, con los poderes, relaciones y propósitos del alma. Cuando un hombre comprende esto aún en pequeña medida, llega a ser consciente del grupo.

Hombre espiritual es aquel que, habiendo sido a la vez hombre mundano y estudiante ocultista, ha llegado a la conclusión de que detrás de todas esas causas de las que se ha ocupado hasta ahora, existe una causa; esta unidad causal se convierte entonces en la meta de su investigación. Tal es el misterio que reside en todos los misterios; tal es el secreto velado por todo lo que hasta ahora se conoce y concibe; tal es el corazón de lo Desconocido que mantiene oculto el propósito y la clave de todo lo que existe, y que sólo es puesto en manos de esos excelsos Seres que —habiéndose abierto camino a través de la múltiple trama de la vida— Se reconocen, en realidad, como Atma o Espíritu mismo, y como verdaderas chispas de la gran Llama.

El cuerpo físico es el mecanismo de respuesta del hombre espiritual interno y sirve para poner a esa entidad espiritual en relación armónica con el mecanismo de respuesta del Logos planetario, la Vida en la cual vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.

Debe recordarse que —excepto en encarnación físico densa y por lo tanto condicionado por el cerebro y sus limitaciones especiales— el hombre espiritual no es consciente del tiempo, una vez que Él está separado del cuerpo físico. El tiempo es el registro secuencial, por el cerebro, de estados de percepción y de contactos progresivos con los fenómenos. En los planos internos no hay tal cosa como tiempo, como lo comprende la humanidad. Hay solamente ciclos de actividad o deno-actividad.

El hombre espiritual siempre considera como máximo bien la liberación de la triple forma, siempre que de acuerdo a la ley, le llegue como resultado de su destino espiritual y decisión kármica; no debe venir como un acto arbitrario, o una escapatoria de la vida y sus consecuencias en el plano físico, o como autoimpuesto.

La conciencia de la humanidad va despertando en todas partes; las razas menos desarrolladas están en proceso de obtener educación, lo cual implica necesariamente el descubrimiento de la mente; la buena voluntad es reconocida como algo necesario para el desenvolvimiento del mundo, y los hombres descubren que “ningún hombre vive para sí mismo” ni tampoco una nación, y captan el hecho de que es cuestión de sentido común y sabiduría mejorar las condiciones de los hombres en todas partes. Esta es una nueva actitud y un acercamiento reciente y más pleno de esperanza. Los hombres van aprendiendo a conocerse y comprenderse; las naciones están llegando a establecer contactos más estrechos; los estadistas de todas las naciones lidian juntos, y en cónclave conjunto, con el problema del mejoramiento de las condiciones de vida humanas; en todas partes se piensa, valora y lucha por la libertad y los verdaderos valores. ¿Qué es todo esto sino el esfuerzo del alma de la humanidad por eliminar la enfermedad, devolver la salud a las zonas afectadas y eliminar los puntos de fricción? ¿No es acaso lo que el hombre espiritual trata de lograr en su propio cuerpo cuando está enfermo, mientras el curador intenta ayudarlo?

En todo fenómeno subjetivo reside esencialmente un incentivo espiritual. Este incentivo, causa espiritual latente, es objeto de atención del hombre espiritual. Lo importante es la conciencia en desarrollo, la respuesta del hombre espiritual interno a la vida, circunstancias, acontecimientos y medio ambiente.

 

Extraído de Cartas sobre Meditación Ocultista, Un Tratado sobre Fuego Cósmico, La Exteriorización de la Jerarquía, Curación Esotérica y Los Rayos y las Iniciaciones.

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