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La muerte fisica y el Alma

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La muerte fisica y el Alma

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Llega inevitablemente el momento, para todos los seres encarnados, en que el alma demanda liberarse del cuerpo y de la vida de la forma, y la naturaleza tiene sus propios y sabios métodos para hacerlo. Enfermedad y muerte deben ser reconocidas como factores liberadores, cuando se producen como resultado del exacto momento elegido por el alma. Los estudiantes deberán comprender que la forma física es un conglomerado de átomos erigidos en organismos y finalmente en un cuerpo coherente, el cual se mantiene unido por la voluntad del alma… La enfermedad es esencialmente un aspecto de la muerte. Es el proceso por el cual la naturaleza material y forma sustancial se preparan para separarse del alma.

En el caso de seres humanos altamente desarrollados, a menudo encontramos un sentido de previsión respecto al período de la muerte; esto es incidental al contacto egoico y a la concienciación de los deseos del ego. A veces implica un conocimiento del día exacto de la muerte, juntamente con la conservación de la autodeterminación hasta el momento final del retiro. En el caso de los iniciados hay mucho más que esto. Hay una inteligente comprensión de las leyes de abstracción, lo cual capacita al que efectúa la transición para retirarse conscientemente y en plena concienciación despierta del cuerpo físico y entonces funcionar en el plano astral. Esto implica la conservación de la continuidad de conciencia, de manera que no hay interrupción de continuidad entre el sentido de concienciación en el plano físico y el del estado posterior a la muerte. El hombre se considera tal como era antes, aunque sin un mecanismo con el cual hacer contacto en el plano físico. Permanece consciente de los estados de sentimiento y de los pensamientos de aquellos que ama, aunque no puede percibir o contactar con el vehículo físico denso. Puede comunicarse con ellos en el plano astral o telepáticamente a través de la mente si todos están en rapport, pero la comunicación que involucra el uso de los cinco sentidos de percepción está necesariamente fuera de su alcance.

Los hombres están destinados a morir, como todo hombre ha de morir, a requerimiento de su propia alma.

Cuando el hombre haya alcanzado una etapa superior en la evolución, deliberada y definidamente elegirá el momento en que conscientemente se retirará de su cuerpo físico. Este quedará en silencio y vacío de alma; desprovisto de luz, sin embargo, sólido y entero; entonces se desintegrará, de acuerdo con el proceso natural, y los átomos que lo constituyen retornarán al “fondo común de los entes que esperan”, hasta que sean nuevamente requeridos para uso de las almas encarnantes.

Nuevamente, en el aspecto subjetivo de la vida, el proceso se repite, pero muchos ya han aprendido a retirarse del cuerpo astral sin ser sometidos a ese “impacto en la niebla”, que es la forma simbólica de describir la muerte de un hombre en el plano astral. Luego se retira al nivel mental, y deja su carcasa astral para aumentar la niebla y acrecentar su densidad.

Todos los procesos de encarnación, de vida en la forma y de restitución (por la actividad del principio muerte), de materia a materia y de alma a alma, son llevados adelante bajo la gran Ley Universal de Atracción.

El lapso de vida finalmente será acortado o prolongado a voluntad por las almas que conscientemente sirven, y emplean el mecanismo del cuerpo como el instrumento por cuyo medio sirven al Plan. Hoy frecuentemente las vidas se mantienen en la forma —tanto en la vejez como en la infancia— a la que bien podría permitírsele liberación. No sirven ningún propósito útil y causan mucho dolor y sufrimiento a formas que la naturaleza (librada a sí misma) no utilizaría más, y las extinguiría. Observen esta última palabra.

Debido al excesivo énfasis puesto sobre el valor dado a la vida de la forma, al temor universal que se tiene a la muerte —esta gran transición que todos debemos enfrentar— y a nuestra incertidumbre acerca de la realidad de la inmortalidad y debido a nuestro profundo apego a la forma, detenemos el proceso natural y nos aferramos a la vida, la cual lucha por liberarse, confinada en cuerpos muy inadaptados a los propósitos del alma.

No me interpreten mal. No tengo la intención de decir nada que pueda constituir un aliciente para el suicidio. Pero sí digo, y lo hago con énfasis, que la Ley del Karma frecuentemente queda en suspenso cuando son mantenidas en expresión coherente las formas que debían haber sido descartadas pues no sirven a ningún propósito útil. En la mayoría de los casos esta preservación es impuesta por el grupo a que pertenece el sujeto y no por el sujeto mismo, siendo con frecuencia un inválido consciente, una persona de edad cuyos mecanismos de contacto y respuesta son imperfectos, o un niño anormal. Tales casos constituyen ejemplos definidos de la neutralización de la Ley del Karma.
La vida puede prolongarse y a menudo se prolonga después de que la voluntad del alma es dirigida al retiro de la vida del alma; la vida de los átomos de los señores lunares puede ser nutrida durante largo tiempo, y esto angustia grandemente al hombre espiritual que es consciente del proceso y la intención de su alma. Lo que se mantiene vivo es el cuerpo físico, pero el verdadero hombre ya no enfoca allí su interés.
¿Pueden imaginarse una época en que el proceso de la muerte, claramente reconocido y bienvenido por el hombre, sea descrito con la sencilla frase: “Ha llegado el momento en que la fuerza atractiva de mi alma requiere que abandone y restituya mi cuerpo al lugar de donde vino”? Imagínense el cambio a producirse en la conciencia humana cuando la muerte sea considerada como un acto de simple y consciente renuncia a la forma…

La muerte es ahora el resultado de la voluntad del alma. Finalmente debe ser el resultado de la voluntad unida del alma y la personalidad y cuando eso suceda no habrá temor alguno a la muerte. Reflexione también sobre esto.

Finalmente llega el momento en que el discípulo muere con deliberación y con plena conciencia, y con real conocimiento renuncia a sus distintos vehículos. Constantemente el alma va controlando, y entonces el discípulo produce la muerte por un acto de voluntad del alma, sabiendo exactamente lo que está haciendo.

 

Compilado “El Alma, la cualidad de la Vida”; de los libros azules, los libros de Alice Bailey.

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