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La Reaparición del Cristo: El Mundo Hoy en Día

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Reseña:


LA REAPARICIÓN DEL CRISTO:

EL MUNDO HOY EN DÍA

 

La expectativa de [la] venida [del Cristo] no es nada nuevo; en ella nada hay de único o diferente. A quienes aún sostienen esta idea se los mira con tolerancia y condescendencia y hasta son objeto de burla. Un estudio de los tiempos y las temporadas, de las significaciones, de la intención divina o la voluntad de Dios, más la consideración de la situación mundial, puede conducirnos, sin embargo, a creer que este tiempo presente es único en más de un sentido, y que el Cristo Se enfrenta con una ocasión única.

 

Esta oportunidad única que Se le obsequia es ocasionada por ciertas condiciones mundiales que en sí mismas son únicas; hay factores presentes hoy en el mundo, y en el siglo pasado han tenido lugar acontecimientos que nunca habían ocurrido; nos beneficiaría considerar estos asuntos y así obtener una mejor perspectiva. El mundo al que vendrá Cristo es un mundo nuevo, aunque no mejor; nuevas ideas ocupan la mente de la gente y nuevos problemas aguardan solución. Consideremos esta singularidad y adquiramos algún conocimiento de la situación a la que se precipitará el Cristo. Seamos realistas en nuestro acercamiento y evitemos los pensamientos místicos y vagos. Si es verdad que Él planea reaparecer, si será un hecho que traerá consigo a sus discípulos, los Maestros de Sabiduría, y si esta venida es inminente, ¿cuáles son algunos de los factores que Él y ellos deben tener en cuenta?

 

Ante todo, vendrá a un mundo que es esencialmente un solo mundo. Su reaparición y Su trabajo consiguiente no pueden estar confinados a una pequeña localidad o territorio desconocido para la gran mayoría, como sucedió cuando estuvo aquí antes. La radio, la prensa y la difusión de noticias harán que Su venida sea diferente de la de cualquier Mensajero anterior; los rápidos medios de trasporte Lo pondrán a disposición de incontables millones, y en barco, tren y avión puedan llegar a Él; a través de la televisión, Su rostro puede hacerse familiar para todos y en verdad “todo ojo Lo verá”. Aunque no haya ningún reconocimiento general de Su estatus espiritual y Su mensaje, necesariamente debe haber un interés universal, puesto que hoy hasta los muchos falsos Cristos y Mensajeros están hallando esta curiosidad universal y no puede ser escondida. Esto crea una condición única en la cual trabajar, y una que ningún salvador, energizante Hijo de Dios jamás haya tenido que enfrentar antes.

 

La sensitividad de la gente del mundo hacia lo que es nuevo o necesario es también singularmente diferente; el hombre ha progresado mucho en su reacción tanto hacia el bien como hacia el mal, y posee un mecanismo de respuesta mucho más sensitivo que el que poseía la humanidad en esos tiempos primitivos. Si hubo una veloz respuesta al Mensajero cuando vino antes, hoy será más general y más veloz, tanto en rechazo como en aceptación. Los hombres son más inquisitivos, están mejor educados, son más intuitivos y esperan lo inusual y lo único mucho más que en cualquier otro momento en la historia. Su percepción intelectual es más penetrante, su sentido de los valores más agudo, su capacidad para discriminar y elegir se está desarrollando aprisa, y penetran más velozmente en significaciones. Estos hechos condicionarán la reaparición del Cristo y tenderán a una más rápida divulgación de la noticia de Su venida y los contenidos de Su mensaje.

 

… Espacio de Silencio…

 

Hoy, cuando venga, encontrará un mundo singularmente libre del dominio y aferramiento del clericalismo; cuando vino antes, Palestina estaba sujeta a la despiadada férula de los líderes religiosos judíos, y los fariseos y los saduceos eran para el pueblo de esa tierra lo que los potentados de la iglesia son para el pueblo en el mundo hoy día. Pero hubo un saludable y útil alejamiento del iglesianismo y de la religión ortodoxa durante el siglo pasado, y esto presentará una oportunidad única para la restauración de verdadera religión y la presentación de un simple retorno a las maneras de vivir espiritual. Los sacerdotes, los levitas, los fariseos y los saduceos no fueron quienes Lo reconocieron cuando Él vino antes. Le temían. Y es altamente improbable que los eclesiásticos reaccionarios sean quienes Lo reconozcan hoy. Puede que él reaparezca de una manera totalmente inesperada; ¿quién puede decir si vendrá como un político, un economista, un líder de la gente (surgiendo de en medio de ellos), un científico o un artista?

 

Es una falacia creer, como algunos lo hacen, que la principal tendencia del trabajo de Cristo será por medio de las iglesias o las religiones mundiales. Necesariamente trabajará a través de ellas cuando las condiciones lo permitan y haya un núcleo viviente de verdadera espiritualidad dentro de las mismas, o cuando su llamamiento invocativo sea lo suficientemente potente para llegar hasta Él. Él usará todos los canales posibles mediante los cuales pueda ser ampliada la conciencia del hombre y ocasionarse la correcta orientación. Sin embargo, es más verídico decir que trabajará consistentemente como Instructor del Mundo, y que las iglesias son sólo una de las avenidas de enseñanza que empleará. Todo lo que esclarezca la mente de los hombres, toda propaganda que tienda a ocasionar rectas relaciones humanas, todos los modos de adquirir conocimiento real, todos los métodos de trasmutar conocimiento en sabiduría y comprensión, todo lo que expanda la conciencia de la humanidad y de todos los estados subhumanos de concienciación y sensitividad, todo lo que desvanezca el glamur y la ilusión y que interrumpa la cristalización y altere condiciones estáticas, estará comprendido en las actividades realistas de la Jerarquía que Él supervisa. El Cristo estará restringido por la cualidad y el calibre del llamamiento invocativo de la humanidad y eso, a su vez, está condicionado por el punto de evolución alcanzado.

 

El desarrollo del reconocimiento espiritual es la gran necesidad hoy en preparación para Su reaparición; ninguno sabe en qué nación vendrá; puede aparecer como un inglés, un ruso, un negro, un latino, un turco, un hindú, o cualquier otra nacionalidad. ¿Quién puede decir cuál? Puede ser un cristiano o un hindú por fe, un budista o de ninguna fe particular en absoluto; no vendrá como el restaurador de alguna de las antiguas religiones, cristianismo incluido, sino que vendrá a restaurar la fe del hombre en el Amor del Padre, en el hecho de la vivencia del Cristo y en la cercana, subjetiva e inquebrantable relación de todos los hombres en todas partes. Las facilidades del entero mundo de contacto y relación estarán a Su disposición; eso será parte de la singularidad de Su oportunidad y —para esto Él también debe prepararse.

 

 

Extraído de: “La Reaparición del Cristo”  (edición en revisión), Alice Ann Bailey.

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