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La Reaparición del Cristo: Nuevo Capítulo en el Gran Libro del Vivir Espiritual

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La Reaparición del Cristo: Nuevo Capítulo en el Gran Libro del Vivir Espiritual

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Reseña:


LA REAPARICIÓN DEL CRISTO:

NUEVO CAPITULO EN EL GRAN LIBRO DEL VIVIR ESPIRITUAL

 

Es esencial que hoy haya una medida de conocimiento más pleno respecto al “centro donde la voluntad de Dios es conocida”. El público debería poseer cierta comprensión de este centro espiritual, el más elevado, al cual —si creemos en el relato del Evangelio— Cristo mismo siempre le prestó atención. Frecuentemente leemos en El Nuevo Testamento que “el Padre Le habló” o que “Él oyó una Voz”, no oída por otros, o que se oyeron las palabras “este es mi Hijo amado”. Varias veces, leemos, Le fue dado el sello de afirmación (como se lo llama espiritualmente). Sólo el Padre, el Logos planetario, el “Uno en quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser”, el Señor del Mundo, el Anciano de Días, puede pronunciar esta palabra afirmativa final. Como bien sabemos, hay cinco crisis o iniciaciones que conciernen al Maestro Jesús —el Nacimiento en Belén, el Bautismo, la Trasfiguración, la Crucifixión y la Resurrección— pero detrás de esta enseñanza obvia y práctica radica un trasfondo o pensamiento de algo mucho más elevado y de mayor importancia: la afirmativa Voz del Padre, reconociendo eso que el Cristo ha hecho.

 

Cuando Cristo complete el trabajo durante los próximos 2.000 años que Él inauguró hace 2.000 años, esa Voz afirmativa seguramente de nuevo será oída y reconocimiento divino de Su advenimiento será concedido. Entonces el Cristo tomará esa estupenda iniciación de la cual nada sabemos excepto que dos aspectos divinos se combinarán y fusionarán en Él (amor-sabiduría en plena manifestación, motivados por divina voluntad o poder). Entonces el Buda y el Cristo comparecerán juntos ante el Padre, el Señor del Mundo, juntos verán la Gloria del Señor y finalmente pasarán a un más elevado servicio de una naturaleza y un calibre desconocidos para nosotros.

 

Aquí no escribo con espíritu fanático o adventista alguno; no hablo como un teólogo especulativo o un exponente de una fase de pensamiento anhelante, religioso. Hablo porque muchos saben que el tiempo está maduro y que el llamamiento de los corazones simples, fieles, ha penetrado hasta la más elevada esfera espiritual y ha puesto en movimiento energías y fuerzas que ahora no pueden ser detenidas. El grito invocativo de la humanidad angustiada es hoy de tal volumen y sonido que —unido a la sabiduría y al conocimiento de la Jerarquía Espiritual— ha dado lugar a ciertas actividades en el Hogar del Padre. Estas resultarán en la gloria de Dios, en la trasformación de la divina voluntad-al-bien en buena voluntad humana, y resultante paz en la Tierra.

 

Un nuevo capítulo en el gran libro del vivir espiritual está a punto de ser escrito; una nueva expansión de conciencia es un acontecimiento inminente; un nuevo reconocimiento de atención divina es ahora posible para la humanidad y una expectativa reveladora probará la exactitud de la afirmación bíblica, “todo ojo Lo verá”. La vivencia religiosa o historia espiritual del género humano puede ser resumida para nosotros por una serie de reconocimientos —reconocimiento de Quienes, a través de las edades, han constituido la Sucesión Apostólica, culminando para nosotros en los grandes líderes religiosos que han surgido entre nosotros desde el año 700 a.C. y fundado las grandes fes mundiales modernas, y —por encima de todo lo demás— en el Cristo Mismo, Quien personificó la perfección de Dios Inmanente, más la concienciación de Dios Trascendente; reconocimiento de esos conceptos espirituales mayores, conceptos de amor, vida y relación que han rondado siempre en el fondo del pensamiento del hombre y que ahora están al borde de correcta expresión; reconocimiento de la verdadera hermandad del hombre, basada en la divina vida una, obrando a través del alma una y expresándose a través de la humanidad una; reconocimiento, por lo tanto, de relación tanto con la vida divina en todo el mundo como con el género humano mismo. Esta actitud espiritual en desarrollo es la que conducirá a correctas relaciones humanas y final paz mundial.

 

Hoy, otro reconocimiento está deviniendo posible. Es el reconocimiento en todas partes del inminente retorno de Cristo (¡si tal frase aplicara a Quien nunca nos ha dejado!) y de las nuevas oportunidades espirituales que este evento posibilitará.

 

La base para este reconocimiento radica en la profunda convicción, innata en la conciencia humana, de que algún gran Instructor, algún Salvador, Revelador, Legislador o Representante divino debe manifestarse desde el mundo de realidades espirituales, debido a la necesidad humana y demanda humana. Siempre a través de los siglos, en la hora de necesidad suprema del hombre y en respuesta a su demanda voceada, un divino Hijo de Dios se ha manifestado bajo muchos nombres diferentes. Entonces el Cristo vino y aparentemente nos dejó, con Su trabajo inconcluso y Su visión para el género humano sin consumar todavía. Durante dos mil años ha parecido como si todo Su trabajo hubiera sido bloqueado, frustrado, e infructuoso, pues el crecimiento de las iglesias durante los siglos no es garantía alguna del triunfo espiritual que Él pretendía. Demostrar que Su misión mundial era llevada adelante con éxito requería algo más que interpretaciones teológicas y el crecimiento numérico de las religiones mundiales (incluyendo el cristianismo y el budismo). Todo parecía imposible, requiriendo tres condiciones; bajo estas podía intentarse poner a prueba Su trabajo; hoy estas tres condiciones son hechos probados. Primero, como hemos visto, una condición planetaria general que desafortunadamente (debido al egoísmo del hombre) se demostró de índole tan catastrófica que la humanidad ha sido forzada a reconocer la causa y fuente del desastre; en segundo lugar, un despertar espiritual que tendría su impulso en las más recónditas profundidades de la conciencia del hombre, y esto sucede hoy como un resultado de la Guerra Mundial (1914-1945); en tercer lugar, un grito, plegaria o demanda invocativa constantemente en ascenso, dirigida hacia elevadas fuentes espirituales, cualquiera sea el nombre con el que se las denomine.

 

Hoy estas tres condiciones han sido cumplidas y la humanidad enfrenta renovada oportunidad. El desastre que ha tomado por sorpresa al género humano es universal y generalizado; nadie ha escapado y todos los hombres están involucrados de alguna manera u otra —física, económica o socialmente. El despertar espiritual de los hombres en todas partes (dentro o fuera de las fes mundiales, y mayormente aparte de ellas) es general y completo y un viraje hacia Dios ha de verse por doquier. Finalmente estas dos causas han suscitado —como nunca antes— el grito invocativo de la humanidad; es más claro, más puro y más altruista que en cualquier otro momento en la historia humana, porque está basado en un más claro pensar y una angustia común. Verdadera religión está surgiendo nuevamente en los corazones de los hombres en todas las tierras; puede que este reconocimiento de una divina esperanza y circunstancia posiblemente lleve a la gente de vuelta a la iglesia y a las fes mundiales, pero muy ciertamente la llevará de vuelta a Dios.

 

 

Extraído de: “La Reaparición del Cristo”  (edición en revisión), Alice Ann Bailey.


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