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Los Problemas de la Humanidad – Unidad Internacional – Párrafos Silenciados

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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Los Problemas de la Humanidad - Unidad Internacional - Párrafos Silenciados

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Reseña:


Diciembre 1946

 

El Problema de Unidad Internacional

Originalmente tenía intención de discutir con ustedes ocho problemas y así los enumeré en mi primera comunicación; sin embargo, decidí aunar los dos problemas restantes, porque son mutuamente interdependientes. La distribución de los recursos del mundo y la estable unidad de los pueblos del mundo son en realidad una y la misma cosa, porque detrás de todas las guerras modernas reside un problema económico fundamental. Resuélvase eso, y las guerras cesarán en gran medida… Por lo tanto ahora me ocuparé de la unidad y de la paz del mundo primordialmente desde el ángulo del problema económico.

Sin embargo, antes de hacerlo, quisiera considerar el problema de los problemas mismos y mi propósito al escribir sobre estos temas. Se ha dicho que, de ser un instructor de buena voluntad y comprensión amorosa, últimamente he cambiado mi tema y actitud y ahora me dedico a la crítica mundial, por medio de estos artículos. También se afirma que, de ser un instructor espiritual y responsable de muchos libros de una cualidad profundamente espiritual, ahora estoy escribiendo en líneas políticas y tratando problemas mundiales en lugar de temas espirituales, místicos u ocultos.

Admito la validez de ambas afirmaciones y lo hago con gusto. Ahora estoy escribiendo sobre asuntos mundiales e indicando lo que debe ser destruido o cambiado antes de que verdaderamente pueda ingresar la nueva era con su nueva civilización, su nueva cultura, su nueva religión mundial y sus nuevas modalidades de educación. Mis libros se han ocupado constantemente de estas cosas nuevas, y también he emitido la nota clave de la nueva era: rectas relaciones humanas.

Durante veinte años, antes de la guerra recién concluida, divulgué la nueva enseñanza espiritual y esotérica y todavía lo estoy haciendo. Luego vinieron siete años de guerra, culminando la vieja civilización. Señalé que esta guerra fue el resultado de las estupideces, las políticas miopes, los errores y el egoísmo de la humanidad misma, además de siglos de relaciones humanas erróneas —individuales, comunales, nacionales e internacionales. Con el cese de la lucha vino la oportunidad de inaugurar el nuevo y mejor modo de vivir, y de establecer esa seguridad y paz que todos los hombres anhelan incesantemente. Tres grupos aparecieron inmediatamente en el mundo:

  1. Los grupos conservadores, reaccionarios y poderosos, deseosos de retener todo lo que sea posible del pasado, poseyendo gran poder y ninguna visión.
  2. Los idealistas fanáticos en cada país —comunista, democrático y fascista.
  3. Las masas inertes del pueblo en todas las tierras, ignorantes en su mayor parte, sólo deseando paz después de la tormenta y seguridad en lugar del desastre económico; son víctimas de sus gobernantes, de viejas condiciones establecidas y se las mantiene desinformadas respecto a la verdad de la situación mundial.

Todos estos grupos están haciendo sentir su presencia en este momento; los grupos reaccionarios, porque tienen el poder a través del dinero o la elevada posición en sus gobiernos; los ideologistas porque están enfrentando la necesidad de diferentes tipos de mente que ven la necesidad de cambio y buscan una ideología impuesta para provocarlo; y las masas amorfas, a través del impulso creciente de su necesidad reconocida y su gradual despertar a las cosas como son. Todos estos factores producen los desórdenes actuales y condicionan las deliberaciones de las Naciones Unidas. Aunque no hay guerra activa, no hay paz alguna, ni seguridad, ni esperanza inmediata de ninguna de las dos.

Es esencial para la felicidad y el progreso futuros de la humanidad que no haya retorno a las viejas malas formas, ya sean políticas, religiosas o económicas. Por lo tanto, en mi manejo de estos problemas procuré señalar las condiciones erróneas que han llevado a la humanidad a su presente estado de desastre casi cataclísmico. Estas condiciones fueron, declaré, el resultado de credos religiosos que no avanzaron en su pensamiento durante cientos de años; de sistemas económicos que ponen el énfasis sobre la acumulación de riquezas y posesiones materiales y que dejan todo el poder y la producción de la tierra en las manos de relativamente pocos hombres, mientras que el resto de la humanidad lucha por una mera subsistencia; y de regímenes políticos manejados por el corrupto, el de mente totalitaria, los timadores y aquellos que aman posición y poder más de lo que aman a sus semejantes.

Es esencial que haya una presentación de estas cosas en términos del bienestar espiritual para la humanidad y una interpretación más verdadera del significado de la palabra “espiritual”. Ha pasado mucho tiempo (o debería haber pasado) desde que se podía trazar una línea de demarcación entre el mundo religioso y el político o el económico. La razón de la política corrupta y el avaro planeamiento ambicioso de tantos hombres líderes del mundo, puede hallarse en el hecho de que hombres y mujeres espiritualmente orientados no han asumido —como su deber y responsabilidad espiritual— el liderato de la gente. Han dejado el poder en las manos equivocadas y han permitido que lidere el egoísta y el indeseable.

La palabra “espiritual” no pertenece a las iglesias ni a las religiones del mundo. La “religión pura e inmaculada” es caridad pura y seguir desinteresadamente al Cristo. Como señalé en el Problema VI, las iglesias mismas son grandes sistemas capitalistas, particularmente la Iglesia Católica Romana, y muestran poca evidencia de la mente que estuvo en Cristo. Las iglesias han tenido su oportunidad, pero poco hicieron para cambiar los corazones de los hombres o beneficiar a la gente. Ahora, de acuerdo a la ley cíclica, las ideologías políticas y el planeamiento nacional e internacional están ocupando la atención de la gente y en todas partes se están haciendo esfuerzos para dar lugar a mejores relaciones humanas. Esto, a los ojos de los de mente espiritual y del iluminado trabajador por la humanidad, es un signo de progreso y un sublime indicio de la innata divinidad en el hombre. Verdaderamente espiritual es lo que relaciona apropiadamente al hombre con el hombre y al hombre con Dios y lo que se demuestra en un mundo mejor y la expresión de las Cuatro Libertades en todo el planeta. Para estas debe trabajar el hombre espiritual.

No me interesa ayudar o enseñar a aquellos que separan los asuntos del mundo y de la humanidad de la enseñanza espiritual y del vivir abnegado. No me sirven los visionarios místicos ni los estudiantes esotéricos que aman vagar en las altas esferas del pensamiento abstracto y amontonar detalles de información oculta o mística, pero que rehúsan comprender que el cambio del viejo orden, el despertar de la humanidad a las nuevas posibilidades y la purificación de la arena política y económica hoy son los factores del más alto valor espiritual. Lo que tiene por móvil el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra es espiritual; eso no puede tener lugar hasta que mucho haya sido cambiado en los asuntos y el vivir humanos.

Extraído de “Los Problemas de la Humanidad”, edición original completa, 1947

 

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